Opinión
Ver día anteriorDomingo 4 de agosto de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Las aporías del sector energético
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ermítaseme hoy retomar algunas ideas fundamentales de la Estrategia Nacional de Energía (ENE) presentada por el gobierno al Congreso y ratificada por el Senado de la República este difícil año 2013. Y es que me parece muy importante recordar algunos ejes articuladores de la ENE2013 –como se la identifica coloquialmente en el medio energético actual– para mostrar que la discusión sobre la reforma energética obligatoriamente debe tener un marco de referencia que trascienda –lo he tratado de decir en otro momentos– la visión reduccionista entre privatizar o no privatizar Pemex. Incluso CFE.

Un ejemplo claro de cómo ese reduccionismo no nos lleva a nada es el coro empresarial que asegura –lo escuchamos del mismísimo Candiani– que no debe privatizarse Pemex. ¿Pero qué más, diría yo? Nada, por lo pronto. Los empresarios no han podido decir nada. Y la propuesta de los azules presentada esta semana –incapaz de superar ese reduccionismo– no hace sino repetir lo mismo y lo mismo y lo mismo. Sin mostrar la coherencia lógica de su iniciativa. No sólo respecto del ideario del mismísimo PAN (¡Cómo no extrañar –por cierto y salvadas las diferencias– la altura de miras de Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Miguel Estrada Iturbide, Juan Landerreche, Rafael Preciado, incluso Luis Calderón, Adolfo Chriestleb, Efraín González Morfín, Carlos Castillo Peraza, entre otros), sino respecto del momento que vive el mundo en general y vive México en particular. Y es que –según asegura la ENE2013– nuestro hoy nos obliga a encauzar las fuerzas de la oferta y la demanda de energía de modo que se brinde viabilidad al crecimiento económico de México y se extienda el acceso a servicios energéticos de calidad a toda la población, a fin de que reciban los beneficios que derivan del consumo eficiente y responsable de la energía. Eficiente….Responsable… Es decir…

Entonces, ¿por qué hablar de apertura indiscriminada al capital privado en todas las fases de la industria petrolera y en la industria eléctrica, sin antes ofrecer un diagnóstico serio sobre el mayor o menor cumplimiento de esta misión de una u otra forma? ¿Por qué no evaluar la mayor o menor capacidad para cumplir los objetivos que –a decir de la misma ENE2013– deben ser, en primer lugar, brindar viabilidad al crecimiento económico de México y, en segundo, extender el acceso a servicios energéticos de calidad a toda la población, a fin de que reciban los beneficios que derivan del consumo eficiente y responsable de la energía? ¿Por qué? ¡Caramba, de nada le sirvió a Cordero su paso por la Secretaría de Energía! Sea lo que sea –lo digo en serio a sabiendas de mi persuasión profunda sobre la necesidad de empresas pública fuertes y sólidas, aunque limpias y eficiente, y mi convencimiento de los principios constitucionales del 25, 27 y 28 como están hoy –es urgente, muy urgente apostarle a la sustentabilidad, a la eficiencia y a la seguridad energéticas.

Concientes, por cierto, de lo mucho que podemos hacer. Pero también de lo poco que representamos en un mundo donde Estados Unidos, China y la India, por sólo mencionar a tres países con mayor responsabilidad en el asunto, con 44 por ciento del consumo mundial de energía primaria son responsables de la mitad de las emisiones de CO2 en el mundo de hoy. Y enfrentar con rigor las aporías que desencadenan estos tres principios normativos que orientan el ánimo de sustentar el desarrollo económico con –digámoslo en palabras gubernamentales de hoy– firme inclusión social.

Sí, hay dificultad en el paso para asegurar la disponibilidad de combustibles y electricidad, pero al menor costo y con una sólida participación de fuentes no fósiles, renovables primordialmente. Y también dificultad en el paso para certificar la mayor eficiencia y el menor costo de suministro de combustibles y electricidad, sin perder la seguridad de dicho suministro energético, ni la capacidad para respetar la naturaleza, el ambiente y mitigar al máximo los gases de efecto invernadero. Finalmente hay dificultad en el paso para impulsar las fuentes renovables de generación de electricidad también al máximo posible –incluso más– pero sin dilapidar recursos en ese esfuerzo virtuoso ni comprometer nuestra seguridad para un suministro continuo y de calidad de combustibles y electricidad.

Lamento mucho que el gobierno anterior no haya reflexionado con cuidado no sólo sobre las implicaciones de su normativa energética y ambiental, sino sobre las condiciones de posibilidad de sus mejores metas. En ristre –sí en ristre– aprobó leyes, reglamentos, estrategias, planes y programas, sin lograr un marco global coherente de todos ellos. Ni garantizar los instrumentos para su cumplimento. Menos aún el consenso social que las sustenta.

Este gobierno o cualquier otro deben reflexionar a fondo sobre estas aporías, estas dificultades, estas oposiciones en las que se encuentra el sector energético mexicano hoy. Y –como escribió Murner a principios del siglo XVI– no tirar el agua con el niño. Pemex y CFE son más que empresas, corporativas, presidencialista y vinculadas al o los partidos de Estado. Incluso para los ciegos amantes o amantes ciegos de la competencia, la existencia y el fortalecimiento de estas empresas es fundamental para evitar –diría Perogrullo– monopolios o duopolios u oligopolios como lo que acontece en telecomunicaciones. Hay mucha vida de obreros, técnicos, profesionistas y –¡qué duda cabe!– directivos que –viviendo al lado de la vergüenza de la corrupción que todos conocemos– nos enorgullecen profundamente. ¡A mí, sin duda! Con todo y todo. De veras.