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Desde Río de Janeiro llama a educar a los jóvenes en los valores de una vida común

Rechaza el Papa toda despenalización de las drogas
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Un confesionario público en Río de Janeiro, donde se desarrolla la Jornada Mundial de la JuventudFoto Reuters
 
Periódico La Jornada
Jueves 25 de julio de 2013, p. 24

Río de Janeiro, 24 de julio.

El papa Francisco rechazó esta noche aquí la liberalización del consumo de drogas como forma de lucha contra la plaga del narcotráfico, al inaugurar simbólicamente un centro de recuperación de farmacodependientes que empezará a funcionar en agosto en el hospital San Francisco de Asis.

No es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química, dijo el pontífice en Río de Janeiro, donde comandará hasta el domingo próximo la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), a la cual asistirán los presidentes Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina, y Evo Morales de Bolivia.

Es preciso afrontar los problemas que están a la base de su uso, promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando esperanza para el futuro, sostuvo.

Una propuesta de despenalizar el consumo de mariguana fue presentada a la Organización de Naciones Unidas por la Comisión Latinoamericana sobre las Drogas, conformada por tres ex presidentes de la región: Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, César Gaviria, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México, y el tema es objeto de estudio por la Organización de Estados Americanos.

El centro de atención para drogadictos, construido a un costo de alrededor de un millón de dólares financiados por contribuciones de entidades católicas, está considerado como el principal legado social de la JMJ para Río de Janeiro.

Por la mañana, Jorge Mario Bergoglio ofició una misa en la ciudad santuario de Aparecida, unos 270 kilómetros al norte de Río de Janeiro.

En el camino hacia el tempo a bordo del papamóvil sin blindaje que usa en sus desplazamientos, el Papa argentino fue acompañado por un cortejo de fieles e hizo detener el vehículo para besar a un niño que estaba en brazos de su madre.

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El papa Francisco, ayer desde un balcón de la basílica de Aparecida, luego de celebrar una misaFoto Reuters

Al oficiar la liturgia ante varias decenas de miles de fieles, que pasaron la noche bajo a la intemperie a pesar de la lluvia y el frío, el pontífice rogó a la Virgen María protección para el pueblo latinoamericano.

Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud, y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano, dijo el Papa en su homilía.

Bergoglio pidió a los fieles: Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos de nuestro corazón, y afirmó que el mal “existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte.

El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer.

Durante la homilía Francisco improvisó un discurso. Voy a hablar en español. Ahora voy a darme cuenta si me entienden. Les voy a hacer una pregunta: ¿Una madre se olvida de sus hijos?, preguntó.

Los fieles respondieron con un rotundo y unísono ¡No!, tras lo cual el Papa afirmó que por esa misma razón la Virgen María no se olvida de nosotros. Enseguida, tomó en sus manos una imagen de Nuestra Señora Aparecida, la santa patrona de Brasil, y con ella bendijo a la multitud eufórica.

Luego pidió a la virgen que rezara por todos, incluyéndolo a él y sorprendió con la promesa de volver en 2017, cuando se cumplen 300 años del hallazgo de la imagen.

Francisco ya había visitado el santuario para la V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe en 2007.

El Papa también visitó en Aparecida el Seminario do Bom Jesus, donde dio su bendición a la imagen de Frei Galvao, un religioso brasileño muerto en 1822 y que, en 2007, por decisión del papa Benedicto XVI, se convirtió en el primer santo nacido en Brasil.