Opinión
Ver día anteriorMartes 14 de mayo de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Pinturas extrajóvenes de vieja raigambre
S

ergio Ricaño, auspiciador de Taller de Arte Contemporáneo (Taco), se aboca a crear conexiones entre personas jóvenes recién egresadas de sus escuelas de arte a quienes enfrenta con artistas de generaciones anteriores. Su más reciente proyecto con duración de seis semanas consistió en impartir un curso de pintura a cargo del reconocido maestro Francisco Castro Leñero, quien toca a la vez cuestiones teóricas.

Se reunieron por convocatoria y selección 12 personas de ambos sexos, la mayoría ya profesionales. A las sesiones se añadieron pláticas con pintores de amplia trayectoria, como Daniel Lezama, Franco Aceves, Mónica Castillo, Fabián Ugalde, quienes departieron con los alumnos a nivel de colegas.

Fui invitada a la sesión final con la finalidad de observar los trabajos realizados y escuchar los pareceres de estos jóvenes autores en el supuesto de que la mayoría de las obras no eran conclusivas e igualmente con la advertencia de que el proyecto no equivalía a un taller de producción, sino de investigación sobre las propias posibilidades y medios expresivos de los asistentes al taller.

Se planteó la incógnita de lo que es o puede ser la pintura contemporánea. Los promotores aceptan entonces que la pintura, como otros medios, establece una especie de frontera entre lo moderno y lo contemporáneo.

Ninguno de los integrantes de esta joven camada de artistas, 10 de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) y dos de La Esmeralda hubiera estado de acuerdo con una de las nociones de Fernand Léger (1900-1965), quien el mismo año de su muerte vio la publicación de un opúsculo suyo: Funciones de la pintura, traducido a varios idiomas en la colección titulada Cuadernos para el diálogo, que traigo a colación porque es un hecho que todos quieren dialogar, no sólo estos 12 apóstoles pictóricos sino lo mismo estudiantes y aspirantes a curadores y críticos.

Dijo Léger: Si la imitación del objeto en el terreno de la pintura tenía un valor en sí, cualquier cuadro, de cualquier aficionado que tuviera una cierta cualidad imitativa, tendría ya un valor pictórico.

En ese sentido casi todo lo que vi contradice tal noción, es pintura muy nueva, pero de vieja raigambre, que busca con frecuencia transmitir mensajes extra pictóricos.

Lo que observé en la Casa del Virrey de Tlalpan (con una sola excepción) tendía a representar algo y en muchos casos a contar historias. Así, Alma Santiago buscó depurar escenas paisajísticas con toque cinematográfico reduciendo el número de elementos con buen manejo de duotonos. Alma Estéfez mostró una carpeta tipo bitácora, con dibujos de extremidades de personas que viajan en el Metro, collages, construcciones a partir de cosas reales, con una cierta tendencia escenográfica concretada en un cuadro geométrico que marca zonas de distribución.

Óscar U. me comunicó que le interesaba la dinámica de los espectáculos y la posibilidad de convertirlos en testimonios pictóricos a modo de documentos. Se refiere al box, por ejemplo. También practica con pericia el retrato a partir de fotografías de prensa.

El tema que de momento interesa a Mónica Zamudio, quien trabaja sobre láminas de aluminio, consiste en las malformaciones congénitas. Le apasiona la idea del error en cualquier sistema. Afirma que esta gestación de error empezó desde la Tierra. La Tierra es un error en el universo. La relativa suavidad de sus incursiones en blanco y negro contrasta con una superficie tan dura como el acero y la disposición que dio a los pequeños recuadros integra un pequeño políptico de formato irregular.

Marcos González todavía es estudiante en la ENAP, dos de sus pintores predilectos son Tintoretto e Imendorff. Él se pregunta: ¿cuántas historias caben en un cuadro? Lo que mostró está referido a usos urbanos.

Como pinturas figurativas que recrean u homenajean a maestros del pasado, los cuatro óleos de César Córdova en pequeño formato implican a la vez transgresión en cuanto a las alteraciones temáticas (de carácter erótico) y evidente veneración a Vermeer, sobre todo en sus citas de ventanales y en la inclusión del cuadro dentro del cuadro.

También Benjamín Valdés procura figuraciones detalladísimas que tienen como tema la caída, una caída física que puede ser en la vida real un tanto grotesca, pero que aquí se presenta vinculada a otro tipo de caídas. Un trabajo toma como inspiración cierta conocida imagen del pintor barroco Morlete.

Alain Hernández Villavicencio es quien mayormente usa el color saturado y ofrece imágenes de mudanzas a partir del recuerdo. Sacó registros como puntos de partida para desarrollar el tema del desalojo y suele inspirarse en pelícuas de suspenso.

Verónica Baté está interesada en el fenómeno del vitiligo mismo del que ha extraído notas temáticas que aluden a cuestiones escondidas del ser humano. Los únicos trabajos abstractos son de Antonio Castellanos, seleccionado en la decimoquinta Bienal Tamayo. Lucía Vidales ha presentado una exposición titulada Días aciagos, sesgadamente inspirada en seres fantásticos o ultraterrestres con alguna evocación del Bosco.

Tales inquietudes en personas jóvenes buscan no sólo la realización, sino temas a representar. La pintura se alimenta de sí misma en ese y otros aspectos.