Opinión
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Balance de la Jornada

De la Torre contagia el nerviosismo a sus pupilos

Se acaba el mito del Azteca

L

os nervios de José Manuel de la Torre son altamente contagiosos: esa es la nueva teoría con que se justifica la improductiva racha del Tri que los más optimistas celebran porque marcha invicto o porque ha estado más cerca de ganar que de perder. Lo triste es que el otrora gigante de la zona se desinfla y no ha ganado en el hexagonal final de la Concacaf.

Todavía nada que ponga en peligro la excursión a Brasil y que dé pie al sobado tema del quinto partido. Sin embargo, sí resulta un suceso que abolla el orgullo, pega en la autoestima y hace añicos el mito del bastión, del Coloso de Santa Úrsula, últimamente convertido en el coso de los bostezos, las silbatinas y señas ofensivas, sin excluir el grito rabioso de “¡fuera Chepo!”

En estos momentos difíciles, el técnico se ubicó en un torbellino, no sólo por los resultados, sino también por su explosivo carácter. Nadie quiere en el banquillo a un insensible cara de palo, pero mucho menos a un histrión de mirada desorbitada, enfurecido contra los árbitros, y que se preocupa más por alejar a las cámaras que captan sus desfiguros que por el esquema táctico.

Si su estado de tensión descontrolada se expande como epidemia entre sus pupilos cada vez más presionados, erráticos y desangelados, es tan sólo uno de los muchos diagnósticos que se ciernen sobre el desteñido Tri. A ello se suma el esquema defensivo, así como las críticas por la preferencia hacia los llamados europeos, titulares indiscutibles jueguen o no con sus equipos.

De la Torre subió a la palestra con todo y gafete de capitán a Memo Ochoa para hacerle promoción y apoyarlo en su afán de llegar al balompié inglés. Es su prerrogativa; sin embargo, son otras posiciones las que reclaman su análisis y relevos urgentes. A falta de un Cuau o Sinha –ambos en el ocaso–, no sería mala idea habilitar a Lucas Lobos antes de que se lo lleve Alejandro Sabella.

Otro desesperado es el Cruz Azul, que al igual que el Tri ha desviado su ineptitud con protestas hacia el trabajo de los silbantes. Al equipo cementero le urge una limpia generalizada, una remoción que sacuda de la cabeza a los pies. En el actual desastre nadie se salva y sus seguidores más jóvenes comienzan a añorar las burlas que provocaron los subcampeonatos.

La Máquina contrasta negativamente con el Atlas; es uno de los planteles mejor pagados, mientras los rojinegros viven al día, pero juegan con tal pundonor y profesionalismo que en un par de fechas cantarán su salvación. El tema económico puede decidir la continuidad de Tomás Boy, quien en una sola maniobra salvó al equipo, olfatea la liguilla e hizo subir sus bonos como técnico.

Los que van en picada son los campeones Xolos y el Atlante. Las baterías de Antonio Mohamed, quedó claro desde el inicio, apuntan a la Copa Libertadores, torneo en el que visitará el miércoles al boliviano San José de Oruro (Toluca va a Uruguay), pero el equipo fronterizo salió de zona de clasificación en la liga local y deberá reaccionar frente al Santos Laguna.

Los Potros entraron en área pantanosa: luego de cinco derrotas están inmersos en la lucha por no descender. El Atlante ocupa el penúltimo lugar de la tabla de cocientes, junto con el San Luis, que por fin ganó. Ambos están únicamente seis puntos arriba del colista Querétaro, pero los azulgranas cargan inercia derrotista que puede ser la diferencia en la hora crucial.

La recta final del torneo definirá a los ocho invitados a la fiesta grande. Pumas y Cruz Azul navegan en la mediocridad, fluctúan entre la clasificación de panzazo con alto riesgo de quedar fuera; en tanto, por primera vez el Monterrey se ubicó entre los ocho mejores y el Morelia también parece enderezar el camino justo a tiempo.

El esperado clásico Chivas-América dio calor humano al gélido estadio Omnilife, donde cerró el telón la fecha 12, pero sobre todo puso una cortina de humo que apaciguó las críticas contra el Tricolor, una tregua para el cuerpo técnico que volverá a la actividad con miras a la cita del 7 de junio, en la ciudad de Panamá.