Opinión
Ver día anteriorMiércoles 13 de febrero de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Isocronías

En el principio era la poesía

O

scurecido como el viento de noche, por ti me es concedido hacer eterna y fácil mi amargura. Llegas inesperada hasta tu misma voz, flor inmóvil, perfecta, insospechada rosa. En el umbral del corazón se afina el sentimiento, y aunque es nada la música que limitada dije y determina tu estancia en mis horas, todo está. La soledad te busca en mis sentidos. Ven.

Tal, cruelmente puesto en prosa, el principio anhelante (dos sonetos de diez) de La muerte del ángel, primer y redondo trabajo del temprano Rubén Bonifaz Nuño (tenía 22 años) que aunque en una de sus vertientes puede leerse como amoroso (poesía eres tú, para decirlo con Bécquer) en la principal, explícita, es búsqueda, realización y despedida satisfecha (en o desde el silencio) de la voz lírica.

Sentir y formar puede decirse que son los principios del poema. La soledad invoca y la música responde (no hay música sin forma), todo a través de la voz, del canto. No sé nada, confiesa o más bien confía Bonifaz en el tercer soneto, pero en otro de la misma época declara: Sabe el alma el secreto de las cosas. En la agitación, de esa confianza parte: claro en el sobresalto del olvido/ me encuentro fuerte, solo y descubierto (soneto 4), y decidido: Hoy emprendo/ los viajes anunciados, hoy acudo.

Decidido al o en el desvarío (un desvarío controlado, precisamente, por la decisión), hay poesía/ que crece de mi boca y se destruye, pero: Canto. Mi sangre viene amanecida (S5).

Pájaro siempre vivo, mi voz sube/ hasta los bordes claros de tu voz (S6) que surge y se deshace cada instante/ para volver a ser la misma rosa (S7). Solicita (S8): Dame el cristal desnudo, iluminado, y tras el acallamiento, el no decirte nada, la poesía regresa, siendo la claridad/ término del camino que amanece.

Y ya en el S10 advierte: “Si la luz que no fue desaparece/ queda la misma luz…/ y la viva presencia del poema/ que se vierte en tinieblas”. Aun cuando el ángel muere, “Su canto, su invisible/ música en la garganta que la entona/ …al encontrar el fin se hace posible”.

De un año después es el soneto Jacob, que muy bien podría ser un resumen de los diez de La muerte del ángel.