Opinión
Ver día anteriorDomingo 3 de febrero de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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De otro modo lo mismo
P

ermítaseme, por favor, mostrar mi dolor por la muerte de Rubén Bonifaz Nuño. Y por los que han fallecido o resultaron heridos por la explosión –aún sin explicar– en la torre B2 del centro administrativo de Pemex, donde laboran amigos entrañables. Por fortuna, a Bonifaz lo vi –de lejos y de cerca y desde 1974– en la Torre 2 de Humanidades de CU, antes de Ciencias. Lo escuché desde entonces. Lo leí desde entonces: “No pienses que soy otro, porque mi corazón ahora, como un muchacho triste está llorando. No lo pienses. El mismo soy; el que tú dejaste…”. Me tocaba pasar un rato en mis seminarios de álgebra y teoría de modelos en el Instituto de Matemáticas, con mi admirado maestro Octavio García. Pocos años después pasaba por filológicas con mi querida hermana mayor y veía pasar a Bonifaz, profesor, abogado, ensayista, antropólogo, traductor y –lo más importante– amoroso poeta: “…Calaverilla, te lo digo; te lo estoy firmando, Dientoncilla; antes de eso, lo que el aire a Juárez; no podrás la víspera, abolirme”.

Pero la vida me llevó a la economía política y a la economía de la energía. Influencias y apoyos de amigos y maestros: Arnaldo Zenteno, René Coulomb, Pía Herrasti, Priscilla Conolly, Enrique Ortiz, Alejandro Suárez Pareyón, Welkis Borges, Isabel Cisneros, Dalmau Costa, Ruy Mauro Marini, Juan Castaingts, Jaime Puyana, Alejandro Dabat y Ángel de la Vega, sin duda. Y por eso, aquí ando. Y con Pi, Juan, Mateo y Eugenia vivo el dolor de estos días. Pero también las superficialidades –permítase por el momento caracterizarlas así– sobre la reforma energética. Baste recordar a personeros gubernamentales del anterior sexenio. Y escuchar a algunos del actual. ¡No se trata de privatizar, sí de introducir competencia porque permite mejorar todo! ¡Que nadie engañe a nadie, no se privatizará el petróleo. La reforma es para fortalecer a Pemex! ¡No hay dinero para que Pemex invierta en su fortalecimiento. Es necesaria la inversión privada, sin que Pemex ni el Estado Mexicano pierdan el control del petróleo! ¡No se tiene tecnología para explotar aguas profundas, yacimientos como Chicontepec, gas shale de lutitas… entre otros! ¡Pura charlatanería!

Sí, es cierto. Hay ejemplos como el noruego o el brasileño, en los que no se privatiza y se fortalece la empresa nacional, Statoil en el primer caso y Petrobras en el segundo. Pero no confundamos. La Noruega de Einar Gerhardsen y el Brasil de Getulio Vargas no son –ni con mucho– el México de Lázaro Cárdenas. Y, sin embargo y por cierto, no hay que tirar al niño con el agua. Discernimiento cuidadoso. No más, pero tampoco menos. ¿Cómo fortalecer a Pemex sin modificar el 27 de la Constitución?

Sin olvidar jamás la actuación depredadora de El Águila, San Cristóbal, San Ricardo, Huasteca, Sinclair, Imperio, Agwui, entre otras. Y esforzarse –recomiendan mentes lúcidas– por fortalecer y profundizar la intuición fundamental del presidente Cárdenas, la del decreto expropiatorio de 1938, de su discurso al Congreso el primero de septiembre de ese año. Y, sin duda, de la modificación constitucional de 1940. Y acaso por eso, razonar astutamente cómo lograr un Pemex más fuerte, sin el grillete de Hacienda, pero con el control y la supervisión de la Nación a través del Congreso.

Así, sin olvidar nunca que la renta petrolera es de la Nación, darle mandatos básicos: 1) maximizar el excedente petrolero (renta petrolera y otros componentes); 2) asegurar un suministro sustentable; 3) dar contenido nacional a producción primaria, transformación industrial y distribución y comercialización de hidrocarburos; 4) actuar con responsabilidad social, con el ambiente y con las comunidades, atentos al cambio climático y al calentamiento global. Sí, es preciso superar la charlatanería. Pero también –dicen razonablemente algunos– el ambiente de miedo y amenaza, que inmoviliza y hace dedicar mucho tiempo y personal a satisfacer necesidades, peticiones, requerimientos, de auditores, funcionarios, evaluadores. Pemex puede ser –indican– una empresa exitosa.

De hecho y en cierto sentido lo es. Suministra combustibles, paga sus obligaciones financieras; cumple más de lo que se puede con el fisco. ¿Por qué no impulsar, al menos, nuevas líneas de actuación? Gestión autónoma multianual, sujeta a mandato y evaluación por el Congreso. Participación gradual en sus derechos de extracción de hidrocarburos (excedente petrolero) para fortalecer su capacidad de inversión, que supone –sin duda– reforma fiscal cuidadosa, más allá de la caricatura de la imposición o incremento del IVA.

Y, finalmente y al menos, asociación estratégica con empresas, justamente como Satatoil o Petrobras por un lado, y contratación y transferencia gradual de tecnología por el otro. Y, así trascender –hoy y por siempre– el terrible fantasma de la privatización. De veras.