Opinión
Ver día anteriorMartes 20 de noviembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Salón Palacio

Museo Hemp en Barcelona

M

ientras en México Felipe Calderón se rasgó las vestiduras al conocer la noticia de la despenalización de la mariguana para usos recreativos en Washington y Colorado, en Ámsterdam (desde 1985) y en Barcelona (desde hace seis meses) ya existen envidiables museos dedicados a la ancestral cultura generada por esta planta de generosas propiedades médicas, industriales y recreativas. Ambos recintos fueron fundados por Ben Dronkers, apasionado del tema, quien reunió una impresionante colección de documentos, obras de arte, libros, revistas y los más diversos objetos (sólo los que está en exhibición superan las 2 mil piezas en el recinto de Barcelona), con la finalidad de dar una visión más equilibrada e incrementar la conciencia de las propiedades de esta planta, mostrando su rica historia y su potencial inagotable, pero también con la intención de “informar a la gente de todo lo que se puede hacer con el hachís, la mariguana y el cáñamo. No sólo tiene que ver con los coffee shops en Amsterdam, sino con su papel como recurso esencial y renovable, y fenómeno mundial, cultural y natural”. Muchos de nuestros políticos en favor de la prohibición de la mota deberían recorrer este museo.

Quienes imaginan que el Museo Galería Hemp se encuentra en un recinto jipioso se equivocan, pues se instaló en el llamado Palau Mornau, recinto considerado patrimonio histórico de Barcelona, no sólo por su valor arquitectónico, sino también por los sucesos que ahí ocurrieron, como una conspiración contra la ocupación francesa en 1809, como constata una placa conmemorativa. El director del recinto, Ben Drokers, compró el edificio en 2001 y tuvieron que transcurrir 10 años para que quedara restaurado y acondicionado para funcionar como museo. Existe una muy completa guía, en la que se resaltan las 110 piezas más significativas del acervo. Todo se inicia con la historia de la llamada planta amiga, que data de hace por lo menos 10 mil años (y aún se atreven a seguirla prohibiendo).

La primera sala de este sobrio museo incluye bellas imágenes de plantas, mediante las cuales se explican sus propiedades y condiciones botánicas. Se explica, por ejemplo, que la mariguana es la flor seca de la cannabis hembra no fertilizada, conocida como sensemilla (sensi). Como la planta no gasta energía en producir semillas, las flores crecen y maduran mucho más que las de sus hermanas polinizadas (embarazadas), forman los racimos a los que a menudo nos referimos como cogollos. Los pétalos y los pistilos de las plantas producen pequeños cristales de resina en forma de hongo, conocidos como tricomas. Éstos forman una fina capa pegajosa que protege las delicadas flores del Sol y la deshidratación. Son estos tricomas los que contienen los compuestos sicoactivos conocidos como cannabinoides. Paralelamente a la información científica, en las primeras salas del museo se incluyen imágenes y objetos que ejemplifican anécdotas y características muy particulares de la mariguana, como las diferentes pipas que a lo largo de la historia se han empleado para fumarla, como las llamadas gouda, que se usaron a principios del siglo XVII, hasta llegar a los primeros cofee shops, ya en el siglo XX.

Otra sala del museo que merece especial atención es la dedicada a la industria del cáñamo y sus insospechadas propiedades, que van desde la fina ropa tejida con hilos de este textil (se exhiben telares antiguos), hasta aceites industriales, materiales de construcción y cosméticos, entre otros productos. Se menciona, por ejemplo, cómo el famoso fabricante de automóviles Henry Ford creó en 1941 un prototipo de coche que demostraba el enorme potencial de los recursos sostenibles –como el cáñamo– cuando se combinaban con la tecnología innovadora. La carrocería del coche estaba hecha a partir de un compuesto plástico, formado por un 70 por ciento de fibra de cáñamo mezclada con paja y sisal. Ford demostró la resistencia del compuesto de cáñamo golpeando el coche con un bastón sin dejar señales en la carrocería.

Las salas finales del museo incluyen las más diversas referencias contemporáneas en torno al cáñamo, como su presencia durante los años 70 en el florecimiento de la contracultura estadunidense, con imágenes tan divertidas como Popeye, El Marino, con su pipa llena de mariguana, así como, películas chafísimas filmadas en Estados Unidos contra el consumo, carteles, revistas, referencias musicales y un apartado especial dedicado a la inútil prohibición. La información que reúne este museo concluye con la primera aprobación legal que se hizo en California en 1996 para el uso de esta planta con fines médicos. Después de recorrer este museo resulta imposible creer que aún esté prohibida la producción y consumo de esta planta amiga.

Nuevo café, para leer el tarot

La intrépida periodista Dolores Corrales inauguró el viernes pasado un espacio para compartir la cultura y la lectura del tarot. El café Le Fou se ubica en Parque Melchor Ocampo 40, en la colonia Cuauhtémoc.