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Abrirá exposición por los 110 años de su natalicio y una década de su muerte, dice curador

En Bellas Artes, una biografía cultural de Álvarez Bravo
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Desnudo en la calle, 1933-34 trabajo del artista mexicano incluido en la exposición Biografía cultural
 
Periódico La Jornada
Viernes 16 de noviembre de 2012, p. 3

Con motivo de los 110 años del natalicio de Manuel Álvarez Bravo (se cumplieron el pasado 4 de febrero), así como una década de su fallecimiento, ocurrido el 19 de octubre de 2002, el Museo del Palacio de Bellas Artes monta una exposición.

La muestra Manuel Álvarez Bravo: biografía cultural, que será inaugurada el jueves 22 a las 20 horas en ese recinto, conmemora al fotógrafo, uno de los principales en la historia de la fotografía mexicana y universal.

No es una retrospectiva de su obra, más bien recrea el mundo del autor, expresa su curador, el historiador y crítico de arte español Horacio Fernández (Albacete, 1954).

Según el ex comisario de PhotoEspaña, se suele decir que un fotógrafo es un técnico, un señor o una señora que de vez en cuando tiene la suerte de apretar el botón en un momento afortunado y allí está la imagen. Esto es injusto, un error. Una parte de su trabajo es justamente buscar la ocasión para hacer la imagen, pero en la práctica ésta suele estar en su cabeza previamente. Buscan imágenes que ellos piensan e, incluso, llevan tiempo de soñar o buscar. Eso es de lo que trata esta exposición: el mundo del autor.

Por ejemplo, Álvarez Bravo escribía unos títulos tan bonitos (para sus fotos), porque leía mucha poesía. Fernández también pregunta, ¿por qué algunas de sus imágenes parecen intemporales, como si hubieran sido hechas en cualquier momento de la historia que no sabemos cuál es?, y contesta: A él le encantaba la arqueología y tenía una colección maravillosa de piezas.

Luego, si el fotógrafo se acercaba a las personas humildes y encontraba en ellas una dignidad y belleza extraordinarias, fue porque había visto mucho arte, muchos grabados, muchas estampas. Creía, por ejemplo, que en un objeto artesanal minúsculo podía encontrar una gran cantidad de belleza y de calidad.

Horacio Fernández, quien conoció personalmente al homenajeado, se refiere a él como un auténtico milagro, en la medida en que “trabajó toda su vida en un país, poco menos que sin salir de él, su obra se hizo toda en México. Sin embargo, las imágenes que consiguió interesan en cualquier sitio, porque lo que cuenta no son anécdotas que sólo se entenderían aquí. Sus imágenes tratan aspectos de la vida de las personas y de las ciudades que se pueden entender y apreciar en cualquiera de las esquinas del planeta.

“Eso lo hace un fotógrafo extraordinario que, fuera de los centros culturales principales, ha conseguido hacer tanto en vida como en forma póstuma, exposiciones, publicaciones y ser estudiado por historiadores y críticos de muchos sitios y con un montón de lecturas posibles, lo cual es la prueba de interés de un artista (existen más de 70 monografías sobre Manuel Álvarez Bravo en el mundo, ¡un récord para un fotógrafo!)

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Manuel Álvarez Bravo y Henri Cartier-Bresson, 1934, foto incluida en la exposición sobre el artista mexicanoFoto Ignacio Aguirre
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Piernas por detrás, 1930 trabajo del artista mexicano incluido en la exposición Biografía cultural
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Manuel Álvarez Bravo, 1942, en su estudioFoto Doris Álvarez Heyden

“Los documentos –prosigue Horacio Fernández–, en algunas ocasiones, tratados por personas realmente muy buenas, se transforman en monumentos y don Manuel lo hacía con mucha frecuencia. Hacía una imagen modestísima y se convierte, en un monumento, como una gran pintura o escultura clásica. Eso es algo admirable.”

Para armar esta biografía cultural, Fernández hizo un levantamiento en la casa familiar, con su hija, Aurelia Álvarez Urbajtel, directora de la Asociación Civil Manuel Álvarez Bravo, y con su viuda, la fotógrafa Colette Urbajtel. Más que en su bien organizado archivo fotográfico, la clave estaba en los libros, la arqueología, la artesanía, las estampas.

Se hizo un trabajo in situ para ver hasta qué punto esas colecciones eran importantes. En eso intervinieron también distintos especialistas que trabajaron estos aspectos particulares para un libro que se publicará más adelante.

Nuevas pistas

La exposición Manuel Álvarez Bravo: biografía cultural, trabajada sobre un listado de más de 800 piezas, que ocupa las cuatro salas del segundo piso del Museo del Palacio de Bellas Artes, se divide en cuatro núcleos.

El primero cuenta cómo se forma el artista, sus primeras exposiciones, incluso, sus titubeos con la abstracción. Cómo crea un estilo propio a partir de la compra de libros, de hablar con fotógrafos y de visitar exposiciones.

El segundo bloque revisa su primera retrospectiva de 1945, en la Sociedad de Arte Moderno, con museografía de Fernando Gamboa; una síntesis de 20 años de trabajo que sigue siendo en cierta medida, el canon de su obra. Por ejemplo, se examina su trabajo por series en vez de sólo por imágenes aisladas, y cómo estas series adquieren características propias. Aquí se ha reconstruido una que se le encargó sobre la muerte, como él la concebía.

Para la tercera sala, cuyo tema son las colecciones, se ha hecho una especie de reconstrucción para nada real de aquello que lo rodeaba. La última trata de la difusión de la obra por medio de revistas y libros.

Esta biografía cultural seguramente dará pistas en cuanto a la manera de pensar y hacer fotos de don Manuel Álvarez Bravo.