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Productores de Hollywood y Broadway trabajan para mostrar a un Romney cálido y abierto

Convención republicana; cuatro días de business democrático

Isaac, el aguafiestas

Han llegado los casi 50 mil asistentes al encuentro de esta semana en Tampa

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El ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, acompañado de su esposa, Anna, ayer en Nueva Hampshire, donde se prepara para la Convención Nacional Republicana que se realizará en Tampa, FloridaFoto Reuters
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Periódico La Jornada
Lunes 27 de agosto de 2012, p. 32

Tampa, 26 de agosto. En las convenciones nacionales de los dos partidos nacionales de este país no hay debates políticos ni se hace política, y no hay –de hecho se trata de evitar– sorpresas. Son espectáculos producidos por profesionales del mundo del entretenimiento. Todo ya está predeterminado. Bueno, casi todo.

El show de la Convención Nacional Republicana fue interrumpido por un aguafiestas no invitado –llamado Isaac– y, aunque aún no es un desastre, daña la coreografía minuciosamente elaborada durante meses. La que estaba programada para empezar este lunes fue interrumpida por este potencial huracán, cuya amenaza obligó a la cancelación del primero de cuatro días de fiesta democrática.

Todo estaba listo; los aproximadamente 50 mil asistentes –entre delegados de todos los estados, políticos y figuras del partido y hasta unos 15 mil periodistas– estaban llegando a este viejo puerto, el perímetro de seguridad de cuadras alrededor de la arena sede del acto y el centro de convenciones estaban custodiados por miles de policías locales y estatales, agentes del Servicio Secreto y la Guardia Nacional (parece que todo acto democrático ahora tiene que ser realizado bajo algo parecido a un estado de sitio) y el programa ya estaba ensayado.

Las autoridades ya habían vaciado la cárcel municipal, trasladando reos ordinarios a otras instalaciones, para tener capacidad ante posibles arrestos masivos en las protestas que se anticipan en torno a este acto. Hasta la música –con banda en vivo y músico invitados– estaba esperando el momento en que se elevaría el telón. Ahora todo está en espera. Algunos se preguntan si Isaac es una señal.

Y es que justo hace cuatro años, en la pasada Convención Nacional Republicana, se tuvieron que suspender las actividades durante un día al entrar a tierra otro huracán, Gustav, ya que se decidió que no se podía proceder con la fiesta ante imágenes de un potencial desastre natural y humano. No sólo esto, sino que uno de los fantasmas que persigue a este partido es el del huracán Katrina, que mostró la profunda incapacidad del presidente George W. Bush de responder al desastre en Nueva Orleáns. Eso fue un 29 de agosto, o sea, esta misma semana es el aniversario. Isaac por ahora se dirige a esa misma zona, en medio de la fiesta republicana.

Para un partido cuyas figuras frecuentemente afirman tener una relación personal con Dios, quien dan a entender que está de su lado, aquí nadie se ha atrevido a considerar si el poder divino está respondiendo que no necesariamente está de acuerdo.

Esta semana culmina con el propósito central de la convención: la coronación de su candidato presidencial Mitt Romney, y todo lo que ocurre está diseñado para llegar a ese momento. No es que todo esto no tenga importancia política: es tal vez el momento en que un candidato gozará de la mayor atención pública entre ahora y la elección. Es un momento considerado clave en el ciclo electoral, donde se tiene la oportunidad de proyectar de manera masiva el mensaje y la imagen de la campaña a la nación.

Por ello el peligro que representa Isaac no es sólo que el huracán afecte físicamente a esta ciudad y asuste a tantos presentes vestidos de colores patrióticos (aunque la falta de color de piel a veces llama más la atención), sino que se vuelva competencia, algo así como obligar a todos a conceder que la realidad a veces es más importante que esta especie de reality show. Si Isaac provoca un desastre, este show no podrá gozar de un panorama despejado para emitir su propaganda.

La producción de este espectáculo no está en manos de políticos; desde hace décadas las convenciones no han servido como foros o asambleas nacionales de los partidos para debatir y negociar sobre sus candidatos presidenciales y su otra función principal, de elaborar su programa nacional, la plataforma política, continúa, pero ese producto ya no tiene gran significado, ya que los candidatos no están obligados a adoptarlo en sus campañas.

El espectáculo está en manos de productores y diseñadores del mundo de la televisión, de Hollywood, de Broadway. Para intentar superar las imágenes de Romney como tieso y distante, reportó el New York Times, construyeron uno de los sets más complicados para un acto de este tipo, un escenario inspirado por la arquitectura de Frank Lloyd Wright, con un costo de 2 y medio millones de dólares, para transmitir una imagen más amena, abierta y cálida. El productor ejecutivo es un ex productor de NBC News.

Las convenciones ya no se consideran actos noticiosos por los propios medios, ya que todo está predeterminado, y varios medios prefieren no dar aire gratuito a los candidatos. En parte por ello, las principales cadenas nacionales de televisión programaron transmitir una sola hora en vivo cada noche durante tres de los cuatro días (por otra parte, estos medios sí transmitirán mucho por sus canales de cablevisión y por Internet), explicó un veterano periodista de televisión a La Jornada. Además, dijo, durante la Convención Demócrata los Gigantes de Nueva York jugarán contra los Cowboys de Dallas, y una de las cadenas podrá dar mayor importancia a eso que a la convención (algo parecido a lo sucedido en México, cuando una empresa decidió transmitir un partido de futbol en lugar de uno de los debates entre candidatos presidenciales).

Para lo que sí sirven es para fiestas, cocteles y reuniones, algunas masivas, otras íntimas, entre políticos y empresarios, ferias de negocio democrático donde los intereses se reúnen con los interesados y al revés, de manera muy abierta y explícita, y donde se ve y se siente el business de la democracia.

Mientras tanto, en las afueras del perímetro de seguridad, los comercios, restaurantes y sitios turísticos esperaban un gran negocio que, por lo menos este fin de semana, no se ve. Hasta los famosos clubes para caballeros, o sea, los table dance, tenían grandes expectativas para estos días, ya que aparentemente muchos de los autoproclamados guardianes de los valores familiares parecen gozar de este tipo de shows.