Opinión
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65 Festival Internacional de Cannes
El diablo, probablemente
C

annes, 24 de mayo. El estreno en función de prensa de Post tenebras lux, del mexicano Carlos Reygadas, resultó muy polémico. Sonoros abucheos se escucharon al final de la proyección, contrarrestados por algunos aplausos. Tal vez quienes abuchearon esperaban otra Luz silenciosa (2007) y encontraron, en cambio, la que es quizás la película más sincera del director hasta el momento.

Al renunciar a la falsa espiritualidad que campeaba en sus anteriores esfuerzos y optar por un tono más cotidiano, quizás Reygadas le ha pintado un violín a sus no tan fieles seguidores, al reconocer que se trataba de una tomadura de pelo. El caso es que Post tenebras lux revela que el autor es un humorista incomprendido que ha construido esta obra en particular con viñetas que a uno le han resultado graciosas. Tal vez la boutade más llamativa es la aparición, al principio y al final, de la silueta animada de un diablo, que entra a un hogar cargando una caja de herramientas, como insinuando su influencia en las acciones.

Si bien hay episodios misteriosos que parecen provenir de otras películas –un juego de rugby entre dos equipos ingleses, una cacería de patos al amanecer–, Post tenebras lux se centra en una familia pequeño burguesa que vive en Tepoztlán en una relación cordial, aunque tensa, con los habitantes (retomando el tema de citadinos enfrentados a provincianos de su episodio de Revolución). Y si bien la pareja principal (Adolfo Jiménez Castro, Nathalia Acevedo) muestra ya el desgaste de los años, su cariño por sus dos pequeños hijos es un genuino apunte afectivo de la cinta (Rut y Eleazar son los hijos en la vida real del realizador y, por lo visto, son unos nenes encantadores).

De hecho, es Rut quien protagoniza la primera secuencia de la película, quizás onírica, al caminar en un llano al atardecer entre perros, caballos y vacas en movimiento, bajo los sonidos de una tormenta inminente. En ese y otros momentos, Reygadas confirma que, con la ayuda invaluable de su fotógrafo Alexis Zabé, su especialidad es captar la fuerza de la naturaleza en su esencia. Lo demás son puntadas.

Quien de plano dio una imagen equívoca de talento en su anterior esfuerzo, Preciosa (2009), es el director afroamericano Lee Daniels. Su nueva realización, Paperboy, es uno de los thrillers más torpes e inverosímiles de reciente memoria. La historia sobre cómo un joven (Zac Efron) se enamora de la golfa (Nicole Kidman) comprometida con un reo (John Cusack) a punto de ser ejecutado es mal resuelta por Daniels, quien evidencia no saber cómo planificar sus escenas, no tener idea de la coherencia estilística y, el colmo, mostrarse sordo hasta para el uso de canciones soul en la banda sonora.

Ni siquiera apta para una programación televisiva, Paperboy no debería encontrarse en una competencia que se supone tan estricta y selectiva como la de Cannes. La única –y muy dudosa– justificación es el pretexto de traer a Nicole Kidman para satisfacer a los paparazzi y los cronistas de chismes, pues el festival ha estado bajo en presencias hollywoodenses de atracción masiva.

No obstante que faltan tres días para que concluya la 65 edición de Cannes, gran parte de los compradores y distribuidores ya se han marchado del pueblo. Quiere decir que no funcionó el gancho de exhibir en esta recta final todas las películas de la sección oficial exclusivamente para los integrantes del Mercado. Después de una semana de intensas actividades, profesionales y de las otras, lo que la gente quiere es regresar a su casa.

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