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Desde Otras Ciudades

Decibelios peligrosos

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Una de las transitadas calles de la capital rusa tomada de InternetFoto tomada de Internet
M

oscú. No es que rompa los tímpanos –como si la persona estuviera a una distancia poco prudente de un cohete en pleno despegue hacia una nueva conquista del espacio–, pero el ruido ambiental que hay en la capital rusa está por encima de los niveles recomendables.

Los efectos nocivos del ruido –que salvo el repentino malestar no son inmediatos– se vuelven graves con los años y pueden provocar disminución de la capacidad auditiva.

Según los expertos, más o menos 70 por ciento del territorio de Moscú podría considerarse zona de excesivo ruido y ni un solo distrito urbano se corresponde con las normas sanitarias, aparte de muy contados espacios de relativo silencio.

Estiman que 55 decibelios (unidad relativa que se usa para medir la intensidad del sonido; dB es su símbolo) para el día y 45 dB para la noche no afectan la salud, al tiempo que en el interior de las viviendas las cifras deberían bajar a 40 dB de día y 30 dB de noche.

Sin embargo, el tráfico en la mayoría de las avenidas y las principales calles registra en Moscú de 80 dB a 100 dB de ruido, y las ventanas de varios edificios aún no están preparadas para amortiguar esa contaminación auditiva.

Además del tráfico, el Metro, los tranvías, el ferrocarril (hay una decena de estaciones) y los aviones son las mayores causas del ruido en esta capital. Si bien es cierto que, por razones de seguridad, está prohibido que los aviones civiles sobrevuelen la ciudad, Moscú tiene cinco aeropuertos y es inevitable que, en mayor o menor grado, alteren la paz en una tercera parte de los distritos urbanos al despegar o al aproximarse para el aterrizaje.

Es claro que las autoridades moscovitas necesitan afrontar el problema de reducir el ruido ambiental. De hecho, llevan años instalando una suerte de escudos que absorben hasta 15 dB en arterias como el tercer anillo periférico, así como realizan un monitoreo permanente para detectar los sitios más ruidosos de la capital y adoptar medidas concretas. Saben qué hay que hacer, pero no siempre pueden: el impedimento, como siempre, es la falta de presupuesto.

Juan Pablo Duch, corresponsal