Opinión
Ver día anteriorLunes 19 de marzo de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El porvenir podría estar llegando
O

igo por aquí, en Estados Unidos, que el movimiento de los okupas habría muerto. Que la policía, el frío y la fatiga lo habrían liquidado. Otros dicen que está más vivo que nunca, que ya ganó, que apenas empieza…

No sé. No es posible saber lo que pasará con él. Pero es buen tiempo para echar una ojeada a lo que nos dijo. Tomaré, por ejemplo, frases de su primer comunicado, publicado en el número uno de su revista Tidal: Occupy Theory, Occupy Strategy, que apareció en diciembre.

“Nos nacieron en un mundo de fantasmas e ilusiones que han perseguido nuestras mentes a lo largo de todas nuestras vidas. Estas sombras nos parecen más vivas que la realidad y quizás, conforme a cierta definición, son más reales, híper-reales. Crecimos en este mundo de pantallas e hipérbole e imaginería surrealista, y nada pensamos de un actor muerto hace mucho tiempo que aparecía en una pared de nuestras casas para urgirnos a comprar o a vivir de cierta manera…

“No tenemos una idea clara de cómo se siente realmente la vida. La mente se adapta rápidamente a lugares comunes y absurdos, de tal modo que un niño criado en una casa fantasmal de entretenimiento supone que son normales, especialmente si no puede encontrar la puerta (…) Nos damos cuenta de una vaga náusea espiritual, difícil de discutir en un mundo en que personas muy serias y trabajadoras no tienen tiempo de creer en la existencia del alma. Los fantasmas que nos acosan no tienen vocabulario para describir el vacío que han ayudado a crear en nosotros.

“Hemos venido a Wall Street como refugiados de esta tierra nativa de sueños, buscando asilo en la realidad. Eso es lo que tratamos de ocupar. Tratamos de redescubrir y reivindicar el mundo. Muchos piensan que hemos venido a Wall Street a realizar alguna transacción con sus habitantes, a lograr un arreglo. Pero no hemos venido a negociar. Hemos venido a confrontar la oscuridad en su fuente, aquí (…) donde vemos (…) que el propósito central de la vida es convertir toda la existencia en una moneda vendible. La significación de los fantasmas de nuestra niñez resulta más clara. Los entendemos como almas desprendidas de sus cuerpos y significados anteriores, y reducidas a la condición de mensajeros. Nos los enviaron gentes que intentaban arraigar la vida en una quintaesencia atesorable, que nos han estado urgiendo a comprar y a ‘cumplir nuestra parte’ en la constante monetización de la vida.

“¿Qué queremos de Wall Street? Nada, porque nada puede ofrecernos. No estaríamos aquí si Wall Street se alimentara a sí mismo; estamos aquí porque se alimenta de todos (…) Hemos venido a desvanecer nuestros fantasmas; a afirmar nuestros seres reales y nuestras vidas; a construir relaciones genuinas entre nosotros y con el mundo; y a recordarnos que otro camino es posible. Si los fantasmas de Wall Street están confundidos con nuestra presencia en su sueño, mucho mejor. Es tiempo de que lo irreal sea expuesto por lo que es.”

¿Qué hacemos con todo esto? Mucho más hay en The Occupied Wall Street Journal y en la incontable circulación de imágenes y textos a través de todos los medios. Nos acosa el asombro, la esperanza y la sorpresa ante la proliferación de iniciativas de toda índole, muchas de las cuales toman realidad ante nuestros ojos, como la de Occupy your food supply (ocupar la cadena alimentaria). Hay otro debate. Por primera vez en su historia la mayoría de los estadunidenses cuestiona a fondo el sistema que ellos inventaron y quisieron hacer modelo universal: la democracia moderna.

Es inevitable recordar. Algo así nos pasó en los primeros días de 1994, como aquí mismo han estado recordando. Nos despertamos. Logramos ver que el emperador estaba desnudo. Es cierto que desde arriba han estado dedicados a tratar de vestirlo de nuevo y nos dicen que está cubierto de ropajes espléndidos, como los que cada candidato pretende haberle puesto. Pero sabemos que sigue desnudo. No es agradable su desnudez. Menos aún porque está en pánico y se vuelve cada vez más peligroso…

Y sí, a pesar de cuantos quieren que durmamos de nuevo; que no veamos la condición fantasmal de todo lo que ofrecen; que creamos una vez más en esas ilusiones, esa hipérbole, esa imaginería surrealista; que finjamos de nuevo que nuestros sueños pueden caber en las urnas y que cerremos los ojos ante la guerra civil salvaje que se extiende entre nosotros; a pesar de todo eso, muchos queremos abrir aún más los ojos. Y actuar en función de lo que vemos.