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Datan de hace milenio y medio y se ubican en las montañas de Samalayuca, Chihuahua

Gestionan que mil petrograbados sean declarados patrimonio cultural

Vándalos pintaron algunos de los dibujos tallados en las rocas, informa el presidente del comisariado ejidal

El sitio prehispánico, a cargo del INAH, fue lugar sagrado de la tribu mogollón

Foto
Grabado que forma parte del complejo de vestigios arqueológicos localizados en el ejido de Samalayuca, estado de ChihuahuaFoto Rubén Villalpando
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 11 de marzo de 2012, p. 3

Ciudad Juárez, Chih., 10 de marzo. Alrededor de mil petrograbados con una antigüedad de mil 500 años, que se encuentran en las montañas de Samalayuca, ejido ubicado a 50 kilómetros de Ciudad Juárez y lugar sagrado para la tribu mogollón, que habitó la zona, están en trámite de ser declarados patrimonio cultural por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), informó Javier Meléndez Cardona, presidente del comisariado ejidal.

Meléndez dijo que esta zona arqueológica está protegida por disposición del INAH y que toda persona que se sorprenda causando destrozos será consignada a las autoridades por atentar contra el patrimonio cultural de la nación, ya que algunos de los dibujos tallados en las rocas tienen pintas realizadas por vándalos.

Agregó que la zona donde se encuentran los petrograbados tiene una superficie de aproximadamente 300 hectáreas en la sierra y que los ejidatarios de la zona saben que este es un lugar muy especial, por lo que desarrollan actividades para preservarla.

Al respecto, se han reunido con personal del INAH para elaborar un análisis de planeación estratégica y de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas del sitio.

Meléndez Cardona manifestó que ya han hecho la solicitud de que a la zona del Ojo de la Casa, ejido de Samalayuca, donde se encuentra parte de los petrograbados debe ser convertida en área protegida, porque algunos han sido dañados o robados por turistas, y por esa razón ya vinieron funcionarios del instituto.

Existen grabados de animales, como borregos cimarrones y otras figuras de humanos, trazados con diferentes técnicas, como el puntillismo.

Los habitantes, ejidatarios dedicados a la siembra de hortalizas y a la pequeña ganadería, consideran “que Samalayuca no es un lugar común, porque no se debe descartar que cuando uno piensa en cualquier objeto con más de 100 años de antigüedad ya es poco común.

“El sitio –prosiguió Javier Meléndez Cardona– es especial, diferente, porque estas personas del mogollón vivían cerca del río Grande y usaban estos espacios con mucha arena sólo como lugares sagrados, lo cual nos agrada, porque las inscripciones tendrían implicaciones simbólicas trascendentales.”

Sí fuesen verdaderos asentamientos, con varias familias viviendo en el sitio, los símbolos serían como lo que es hoy la iglesia del pueblo y su valor simbólico se desmitifica un poco.

En un documento elaborado por los habitantes, se afirma: No es lo mismo hacer el sacrificio de llegar al sitio, a que el lugar esté detrás de casa, y es una de las premisas que nos hace pensar en Samalayuca como un lugar muy especial.

España y Francia tienen un sitio similar, en las cuevas de Altamira y Lascaux, respectivamente, con 35 mil años de antigüedad.

Son una muestra de lo más antiguo de que se tiene conocimiento y poseen detalles importantes para entender el pensamiento mitológico del ser humano.

En Samalayuca, las figuras de animales están talladas en piedra y son de menor tamaño que el natural, mientras en las cuevas de Altamira los animales son representados con dimensiones reales en la mayoría de casos, y se utilizaron pigmentos vegetales y animales. Sin embargo, en los dos lugares se puede apreciar una gran destreza.

El animal era la principal fuente de vida para las tribus, y eso explica la coexistencia de ambos en el mismo espacio.

Además, subsisten otros problemas en Samalayuca, como la existencia de un tiradero de desechos nucleares, la explotación de montañas por una empresa de cemento y una termoeléctrica.

Estudios auspiciados por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), así como de expertos ambientales, advierten que de las 63 mil 400 hectáreas de esta región, aproximadamente 23 mil tienen daños parciales y mil 500 perjuicios totales.

El ejido fue creado por el presidente Manuel Ávila Camacho, en junio de 1937, para beneficio de 22 campesinos.

Quince años después, el presidente Adolfo Ruiz Cortines duplicó el número de beneficiarios, y amplió el ejido a 8 mil 355 hectáreas, 550 con dunas o médanos que se encuentran entre los más altos del mundo.