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Sin la familia, difícil la recuperación, dice

Experto: persisten prejuicios sobre trastornos mentales
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 30 de enero de 2012, p. 33

Monterrey, NL, 29 de enero. Aunque desde hace más de dos décadas el mundo científico se abocó a la tarea de quitar el estigma a las enfermedades mentales, la conciencia colectiva se resiste. Cerraron los manicomios, sin embargo, continúan los prejuicios que tienen sin derechos a las personas que sufren esos padecimientos, afirmó el especialista Guillermo Flores Briseño, médico del Hospital Universitario de Nuevo León.

El especialista señaló que una consecuencia de los estereotipos es que la persona afectada trata de aparentar que todo está bien y se niega a recibir tratamiento. En diferentes foros, el médico ha sostenido que las enfermedades mentales y el déficit intelectual deben atenderse desde el punto de vista social, basado en los derechos humanos.

El primer nivel de atención es la familia. Sin ella es muy difícil la recuperación, a veces no hay posibilidades económicas, pero tampoco la familia recurre a los centros gubernamentales de ayuda como el DIF, Desarrollo Social o las áreas de salud, porque reconoció lo difícil que resulta lidiar con la burocracia de esos centros.

El médico destacó que la Organización de las Naciones Unidas pidió a los países miembros, el reconocimiento pleno de los derechos humanos de las personas con trastornos, por considerarlo parte primordial de su recuperación.

Explicó que lo esencial del texto es el reconocimiento de la personalidad jurídica de quienes tienen un trastorno. El objetivo es igualar sus derechos con los del resto de los ciudadanos: que puedan ser propietarios, heredar bienes, controlar sus asuntos económicos y tener acceso en igualdad de condiciones a préstamos bancarios, hipotecas y otras modalidades de crédito financiero.

Hugo tiene 24 años y cuenta con tres diagnósticos siquiátricos: depresión recurrente, trastorno límite de la personalidad y principios de esquizofrenia, vive con Érika, de 31 años, quien padece trastorno neurobiológico de Asperger (déficit del desarrollo que altera la interacción social), el cual heredó a su pequeña hija.

El joven empezó a manifestar problemas cuando cursaba la secundaria. En uno de sus múltiples trabajos, en los cuales no duraba más de seis meses, conoció a Érika, y poco después ambos empezaron a vivir juntos.

Un día, cuando estaban en su casa, un amigo en común llamó al celular de Erika y los invitó a una fiesta. A Hugo le dio un ataque de celos, y luego de una discusión, se cortó las venas de la mano izquierda. Érika lo llevó al Hospital Universitario, donde los enfermeros lo trasladaron a la sala de resucitación. Tras varias semanas fue dado de alta, e internado en el hospital siquiátrico del estado.

Futuro triste

El futuro de quienes pisan un siquiátrico es triste; quienes estuvieron internados conmigo ahora piden dinero en la calle, están mal vestidos y abandonados. Los que están mejor cantan en los camiones, algunos recolectan basura para venderla y comen lo que encuentran en ella. Lo peor es que tus familiares te aislan o te niegan”, reconoce Hugo.

Érika narra que tras el incidente, su madre y su suegra le pidieron abandonar a su pareja. Ésta última estaba tan molesta por el intento de suicidio de su hijo, que tuvimos que llevarla a la fuerza al Hospital Universitario para que diera su firma y Hugo pudiera salir, recuerda.

No obstante, Hugo y Érika se unieron a otros pacientes y organizaron un grupo de autoayuda. Así, en el seno del Colectivo Fénix, bromean sobre fármacos, comparten anécdotas sobre la casa de la risa, como llaman al siquiátrico, y buscan mostrarse al mundo como son, con la esperanza de que el mundo entienda que ellos también tienen derechos, concluyeron.