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Ver día anteriorSábado 7 de enero de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿Cómo se rompe el equilibrio del status quo?
E

l eje autoritario de viejo régimen, se ha dicho, lo constituyeron la combinación de un hiperpresidencialismo más un partido hegemónico más la interacción entre reglas formales establecidas en la Constitución y las leyes secundarias, y un amplio abanico de reglas informales y facultades metaconstitucionales.

Este eje autoritario paulatinamente debilitado conforme avanzaba la competencia electoral también era el eje de la gobernabilidad del antiguo régimen y se desarticuló sin dar origen a un nuevo arreglo de gobernabilidad, provocando en cambio, un régimen especial y transitorio.

Este nuevo régimen se encuentra en equilibrio inestable que a nadie satisface pero que todos los actores mantienen. Dicho de otra manera, la coalición por el status quo de la que forman parte las tres principales fuerzas políticas y muchos de los actores económicos y sociales, se resiste a cambiar esta situación a pesar de que reconoce que lo que están haciendo es simplemente administrar la decadencia. Temen perder los privilegios, las rentas y las influencias que hoy tienen, si se impulsan modificaciones sustanciales.

Bajo esta perspectiva cómo se moverían las piezas de la campaña presidencial? En primer lugar está el voto duro. Se dice que el PRI tendría cerca de 30 por ciento de la votación total, en tanto que el PAN 20 por ciento y las izquierdas 15 por ciento. Esto dejaría alrededor de 35 por ciento de voto independiente.

En segundo lugar están los antecedentes. En todas las elecciones relativamente libres –1994, 2000 y 2006– han ocurrido dos fenómenos: polarización en dos candidatos y disyuntivas claras que impulsan a la participación electoral. En 1994 las elecciones se polarizan entre PRI y PAN, ganando el PRI frente a la disyuntiva –derivada de los actos de 1994– de estabilidad o inestabilidad. En 2000 nuevamente se polarizan las elecciones entre PRI y PAN, pero ganando PAN ante la disyuntiva autoritarismo o democracia. En 2006 las elecciones se polarizan entre PAN y PRD ganando de manera poco clara el PAN frente a la disyuntiva estabilidad o caos. Estas disyuntivas son simplificaciones de la realidad, pero han sido efectivas para guiar las preferencias electorales.

En 2012 no parece que se vaya a dar una polarización porque no existe una disyuntiva nítida. Ningún partido o candidato encarna claramente el polo de la estabilidad o del caos, de la democracia o del autoritarismo. El PAN podría plantear como en 1994 que se enfrenta a dos primos hermanos surgidos de la misma matriz autoritaria. El PRD y sobre todo AMLO ha impulsado la disyuntiva: la mafia integrada por PRIAN o las fuerzas democráticas. El PRI delineó levemente los contornos de una disyuntiva entre gobierno eficaz o partidos que no saben gobernar. Todas son disyuntivas débiles que difícilmente polarizan al electorado. La consecuencia de lo cual podría ser una competencia mediocre llena de adjetivaciones, pero con poca sustancia y contraste confuso. Los votos duros tenderían a determinar el resultado, jugando el voto independiente de manera fragmentada un cierto grado de equilibrador entre las tres fuerzas. Todo esto en el contexto de un ambiente degradado, depresivo y con poca participación electoral.

¿Qué puede modificar esta inercia? Tres factores externos al proceso electoral mismo. Uno, un agravamiento de la crisis económica mundial y su impacto en México que llevaría a un sector de las elites políticas y económicas a apostar por un cambio de timón drástico e inmediato en el manejo de la política económica. Dos, un desbordamiento de la guerra contra el crimen organizado que implicara actos de corte terrorista e impulsar el voto del miedo. Tres, una conjunción de catalizadores que generaran una amplia movilización ciudadana.

Cualquiera de estos tres factores o los tres combinados rompe el equilibrio del status quo. Cualquiera de estos factores es posible y es probable.