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Violencia en Irak
Se recrudece odio sectario en Bagdad; 72 muertos en un día

Al menos 200 heridos en los peores atentados perpetrados en meses

Chiítas, los más golpeados; ningún grupo ha reivindicado los bombazos

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Devastación en un mercado del distrito de Shula, noreste de Bagdad, tras el estallido de una bombaFoto Reuters
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Funerales en un cementerio de Najaf, de una de las víctimas de la serie de ataques con bomba ayer en la capital iraquíFoto Reuters
The Independen
Periódico La Jornada
Viernes 23 de diciembre de 2011, p. 2

Bagdad, 22 de diciembre. Una ola de bombazos concertados envió columnas de humo al aire por toda Bagdad este jueves, dio muerte al menos a 72 personas y causó lesiones a más de 200 en los peores actos de violencia perpetrados en meses.

Existe una creciente sensación de crisis sectaria en Irak, a raíz de los intentos del primer ministro chiíta Nuri Maliki por apresar a su propio vicepresidente sunita bajo la acusación de manejar escuadrones de la muerte. La amenaza de una guerra sectaria se ve profundizada por el temor entre la elite chiíta iraquí de que el movimiento Despertar Árabe se convierta en una cruzada antichiíta encabezada por Arabia Saudita y Qatar.

Los bombazos más letales de este jueves ocurrieron cuando un atacante suicida que conducía una ambulancia retacada de explosivos convenció a policías de que lo dejaran pasar por el puesto de revisión porque atendía una emergencia. Se hizo volar frente a una dependencia oficial anticorrupción en el distrito principal chiíta de Karada; allí murieron al menos 35 personas y 62 resultaron heridas.

Oímos un auto que se acercaba, luego un frenón, luego una explosión enorme. Todas las ventanas y puertas volaron en pedazos, y el departamento se llenó de humo negro, narró Maysoun Kamal, un residente.

Catorce bombazos la mañana del jueves fueron seguidos por otros dos por la noche. La mayoría fueron dirigidos a civiles chiítas, indicio de que, luego de ocho años y medio de ataques semejantes, las agencias de seguridad del gobierno han sido incapaces de destruir las células insurgentes. Un director de inteligencia declaró a The Independent: el problema es que la seguridad iraquí sólo reacciona a los hechos y carece de estrategia a largo plazo.

Dos de los ataques fueron por bombas camineras en el distrito de Amil, en el suroeste de la capital, donde perecieron siete personas y hubo 21 heridos. Un auto bomba en un sector chiíta de Doura, en el sur de la ciudad, mató a tres y lesionó a varios más.

Es tal el legado de odio sectario en Bagdad, que no hace falta mucho para crear temores de que resurjan los asesinatos basados en identidad religiosa.

Ningún grupo se atribuyó de momento los atentados, pero llevaban todas las marcas de los insurgentes sunitas de Al Qaeda. La mayoría parecieron golpear vecindarios chiítas. En total, 11 distritos se vieron afectados por vehículos explosivos y estallidos camineros.

Es extremadamente difícil prevenir bombazos en una ciudad de cinco millones de habitantes donde las víctimas son a menudo vendedores callejeros o niños. En meses recientes el gobierno ha reducido el número de retenes y derribado algunos de los muros de concreto que separan vecindarios chiítas y sunitas. Quedan pocas zonas mezcladas en la ciudad después de las matanzas sectarias de 2006 y 2007, aunque algunas personas han regresado a sus antiguos distritos. Bagdad es hoy una ciudad chiíta en gran parte.

El letal incremento de la violencia ocurre apenas días después del retiro de los últimos soldados estadunidenses, cuyo número en el país llegó a ser de 170 mil. Los estadunidenses tenían poca participación en la seguridad desde 2009 y fueron incapaces de prevenir una sangrienta guerra civil sectaria entre sunitas y chiítas. Aun así, no hay duda de que su retiro ha tenido un fuerte impacto sicológico, porque muchos iraquíes sienten que los ocupantes habían ayudado a zanjar diferencias entre chiítas, sunitas y kurdos.

La reciente violencia y la crisis política provocada por la orden de captura contra el vicepresidente Tariq Hashemi son particularmente desestabilizadoras a causa de la creciente confrontación entre chiítas y sunitas en todo el mundo musulmán. Arabia Saudita y los estados del golfo Pérsico han apoyado a la dinastía sunita gobernante en Bahrein en su aplastamiento de las protestas pro democráticas de la mayoría chiíta. Arabia Saudita y Turquía buscan poner fin al gobierno del presidente Bashar Assad en Siria, donde la secta heterodoxa chiíta alawita ha dominado durante más de 40 años.

El primer ministro iraquí tiene fama de ser un paranoico que sospecha conjuras contra su gobierno y es posible que haya reaccionado de más ante un supuesto intento de asesinarlo, el mes pasado. Pero el gobierno chiíta en Irak, que llegó al poder en las elecciones de 2005, luego del derrocamiento de Saddam Hussein, se preocupa de que los sunitas de Siria, si triunfaran en su revuelta contra Assad, dieran ayuda a los sunitas iraquíes y propiciaran una nueva insurgencia.

El arresto de ex miembros del partido Baaz en Irak y la dispersión de oficiales sunitas muestran el nerviosismo del régimen chiíta. En la práctica, el peligro es poco porque los chiítas dominan en la oficialidad y se dice que constituyen más de 90 por ciento de los altos funcionarios de los ministerios de Defensa y del Interior. Maliki tiene el mando de 900 mil soldados y policías, y se estima que los ingresos por petróleo sumen unos 100 mil millones de dólares este año.

El afán de Maliki por apresar a Hashemi, quien se ha refugiado en el Kurdistán, podría volverse en su contra. Los kurdos no tienen interés en entregarlo, comentó un dirigente local. Saben que, sea que chiítas o sunitas dominen Irak, ellos lo pasarán mal.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya