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Al mantener restricciones se impide detonar el potencial de los cubanos, señalan

Piden académicos a Washington y La Habana analizar la política migratoria

Hay en la isla un nuevo clima propiciado por las reformas del gobierno de Raúl Castro

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Jorge Duany, Uva de Aragón, Andrés Rozental, Rafael Rojas, Roberta Lajous y Juan Antonio Blanco al presentar La diáspora cubana en el siglo XXIFoto Marco Peláez
 
Periódico La Jornada
Jueves 8 de diciembre de 2011, p. 23

Un grupo de académicos cubanos en Estados Unidos, Puerto Rico y México propuso a los gobiernos de Washington y La Habana una revisión a fondo de las políticas de la relación bilateral, en particular las migratorias, que son una camisa de fuerza para detonar el enorme potencial que tendría para los cubanos de las dos orillas la libre circulación y el levantamiento de restricciones de viaje y comercio para profesionistas, investigadores, artistas, empresarios y comerciantes radicados en el exterior que quieren contribuir al desarrollo de su país.

El documento La diáspora cubana en el siglo XXI fue presentada y debatida ayer en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), en el contexto de lo que el historiador Juan Antonio Blanco, coordinador de la comisión redactora, identificó como un nuevo clima propiciado por las reformas introducidas por el gobierno de Raúl Castro y por un cambio de actitud en la sociedad de la isla.

Un nuevo estado de ánimo que el antropólogo cubano residente en Puerto Rico, Jorge Duany, describió a partir del lenguaje coloquial de los compatriotas de la isla que ya no conciben a los emigrantes como traidores, sino como trae-dólares, y por una comunidad cubanoestadunidense en Florida que ha dejado de considerar los términos diálogo y dialoguero como malas palabras.

El contrapunto lo aportó Roberta Lajous, diplomática de carrera e investigadora de El Colegio de México. En sus comentarios, la que fue embajadora de México en La Habana en el periodo 2001-2004, en el que el gobierno de Vicente Fox desató una crisis sin precedente entre los dos países, instó a los autores del texto a reconsiderar las prioridades: Si vamos a hablar de remover restricciones, dada la asimetría existente, hay que empezar a hablar de cambiar las leyes del más fuerte. ¿Cómo se le puede pedir a Cuba remover sus leyes migratorias más obsoletas si persisten en Estados Unidos leyes más restrictivas y agresivas, como la Helms-Burton? ¿Cómo se puede pedir una actitud diferente en la sociedad cubana si entre los políticos cubanoamericanos (sic) persiste un clima de guerra fría legal y verbal, un ánimo de venganza? (La Helms-Burton data de 1996 e impone fuertes sanciones a las empresas no estadunidenses que pretendan comerciar con Cuba).

Juan Antonio Blanco, ex diplomático en su país, historiador y experto en solución de conflictos, había explicado: a Washington le estamos pidiendo no regresar al pasado, a la dureza de los años cuando fueron promulgadas las leyes Torricelli y Helms-Burton; a La Habana, modernizar sus políticas migratorias.

La comisión redactora está integrada por Jorge Domínguez, de Harvard, y Orlando Márquez, de la revista Palabra Nueva, de la arquidiócesis de La Habana; Duany y la escritora Uva de Aragón.

Blanco destacó que los autores del informe se oponen al embargo estadunidense. Pero también estamos en contra del embargo de capital humano que implica la imposibilidad del retorno.

Expresó que en la vía de la normalización de la relación de los dos países y de la diáspora “algo se ha avanzado, cuando en el lenguaje oficial y cotidiano se han eliminado términos como gusanos, ratas o enemigos de la revolución –que muchos no lo son– con los que se solía denominar a los que dejaron su país. Espero que este cambio de retórica se extienda a poder transformar la noción de destierro que aún entraña la decisión de emigrar”.

Recordó que cuando un cubano tramita su permiso de viaje, se imprime en su pasaporte la leyenda salida definitiva; en su lugar de residencia se le confiscan sus bienes. Cuando quiere regresar, lo puede hacer solamente por 30 días con extensión a 60 días; el pasaporte especial que requiere le cuesta 400 dólares más los altos costos de los pasajes.

Por último, la escritora Uva de Aragón, experta en temas cubano-estadunidenses por la UIF, explicó que el documento que se empezó a promover en Estados Unidos en octubre de este año fue precedido por una encuesta del Centro de Investigaciones de Cuba y la casa encuestadora Grenier/Galwin, que reveló que en el condado de Miami-Dade la mayoría de los cubanos recién llegados, los más jóvenes, los nacidos en Estados Unidos y las mujeres de este exilio se oponen a la continuación del embargo estadunidense. Los sectores de más edad aún lo favorecen. Sin embargo, todos los sectores de cubanos entrevistados coinciden de manera mayoritaria en que el embargo no ha funcionado.

Entre estos mismos grupos de población, más de la mitad están muy de acuerdo o de acuerdo con el establecimiento de un diálogo con el gobierno de Raúl Castro. La autora admitió que, pese a esa evolución en la comunidad de cubanos en Estados Unidos, la derecha, que es un grupo minoritario, sigue teniendo secuestrada la política exterior de Washington. Frente a esta contradicción interna, el gobierno cubano no siempre ayuda a tender puentes, expresó.