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Ver día anteriorDomingo 27 de noviembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿La Fiesta en paz?

Con Sergio Flores y Brandon Campos en Vicencio

E

s increíble la metamorfosis que experimentan nuestros jóvenes toreros cuando logran destacar en ruedos europeos. La atmósfera de profesionalismo que allá respiran los devuelve no sólo mentalizados y con oficio, sino con una torería que contrasta demasiado con la de los que aquí permanecen.

En días pasados, gracias a la amable invitación del ganadero de Vicencio, Julio García Mena, tuve oportunidad de ver tentar y luego felicitar emocionado a Sergio Flores (Apizaco, 1991), y a Brandon Campos (Querétaro, 1994), novilleros triunfadores de ruedos de España y Francia, quienes acusaron los notables avances de quienes saben abrirse paso en el difícil, pero profesional medio taurino europeo.

Sergio Flores, triunfador habitual de Las Ventas y a quien sistemáticamente la autoridad le ha regateado merecidas orejas, no así en otras plazas, y Brandon Campos, de la Fundación El Juli, donde fue declarado triunfador de su cuarto ciclo de novilladas y se alzó con dos orejas en la plaza de la Maestranza de Sevilla el pasado 7 de julio, destacando asimismo en varios cosos franceses, torearon a dos bravos, pero no fáciles becerros con una solvencia, un mando y una hondura que evidencian sus enormes posibilidades de convertirse en corto plazo en matadores notables.

El hombre hace al nombre, y el joven Brandon, bautizado así porque su abuelo y su madre admiran al actor Brandon Lee, muerto prematura y trágicamente durante una filmación en la que alguien puso balas de verdad donde debían ir de salva, armado de su mandona muleta toreó por nota y por ambos lados a un astifino becerro castaño, recreándose en cada muletazo como si los estuviera soñando e imprimiéndole a las suertes una dimensión y una lentitud increíbles.

Por su parte, Sergio Flores –grabarse ese nombre– inició su trasteo con suaves pero efectivos doblones que fijaron al eral, para enseguida desplegar un concierto de colocación, poderío y sentimiento en cada tanda, rematada siempre con monumentales pases de pecho, no de axila, como se acostumbra por acá. Luego, en la laboriosa tienta de 20 machos, este Flores reiteraría su disposición, entusiasmo, intuición y temple a cuerpo limpio para poner a los astados al caballo.

¡Déjale caer la rama!, gritó seguro Sergio a un vaquero que arriba de la puerta de toriles intentaba meter a un becerro ya visto. Cuando lo hizo, el animal entró sin problema. Un suave viento y leves nubes en la llanura parecieron sonreír ante tanta torería y tanto talento de raza.

Alcalino, ilustre colega de La Jornada de Oriente, apunta certero en su columna Tauromaquia del pasado lunes: “Despropósito. Si ya ocurrió que la Asociación de Matadores implorara de rodillas por el perdón a Enrique Ponce la vez aquella que coló un utrero de carretilla cierto 5 de febrero de ingrata memoria, para llamarse luego agraviado por una suspensión temporal a actuar en el DF, ahora han hecho el papelazo homenajeando a Manuel Martínez Erice, de la empresa Taurovent de Madrid, dizque por hacernos el favor de incluir algunos mexicanos en la pasada feria isidril. A ver cuándo se les ocurre a las fuerzas vivas del taurinismo español reconocer oficialmente el entreguismo permanente y abyecto de sus pares aztecas al poner a disposición de docenas de figurines y segundones hispanos las mejores fechas, carteles, ganaderías y toritos disponibles en la México, una temporada sí y otra también. En cuanto se lo proponen, estos mexhincados son capaces de disipar en un santiamén cualquier duda acerca de los porqués de la postración y decadencia irrefrenables de nuestra pobre fiesta”.

Evidenciando su hispanismo convenenciero y colonizado más que un taurinismo analítico de verdadero aliento intelectual, la revista Letras Libres publicó en el número 25 correspondiente a enero de 2001 el texto del conmovedor cuanto revelador pregón pronunciado por el hispanizante pero agradecido escritor Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) en la Feria de Sevilla del año 2000. Es un himno al oportunismo y una sucesión de lugares comunes y perlas seudotaurinas que demuestran la hispanopatía ahistórica y eurocentrista tanto del premio Nobel como de la publicación, así como la sesgada autocomplacencia de ciertos taurinos sevillanos.