Opinión
Ver día anteriorJueves 10 de noviembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Teatro breve
L

a Fundación Teatral dAVAR AC, hasta donde se me alcanza, es un nuevo colectivo de la comunidad judía en México que se plantea hacer teatro y propone tres obras breves para formar un programa al que denomina IN-PULSOS. Cabría señalar que a los ejemplos que se dan, todos extranjeros, de la vigencia de textos breves se podría añadir lo que al respecto se hace en este país y salta a la mente las obritas del D.F. de Emilio Carballido. Volviendo al tema, en esta propuesta se presentan tres textos breves de diversos géneros, cada uno con un director y elenco diferentes, unificados todos por la ingeniosa escenografía de Edyta Rzewuska, que consta de paneles transparentes que, al moverse, ofrecen varios fondos –en uno hay una puerta practicable– y a los que se suman algunos muebles según sea la obra, apoyada la escenógrafa por la iluminación de Yonatán Mendelberg y el vestuario de Rinna Keller. El peligro de este tipo de experimentos es que textos y escenificaciones no guardan la misma calidad y eso se advierte en este programa.

La primera obra que se presenta es Pasaporte del argentino aposentado en México y que probablemente sea el promotor de dÀVATAR, Hugo Yoffe, especialista en psicodrama y autor de un par de textos dramáticos, además de ser conocido como un activista de su comunidad. Pasaporte es una obra muy predecible en sus sucesos al plantear el descubrimiento que hace Elisa de un pasaporte de Enrique, su marido por más de treinta años, y comprender que la abandona. Enrique se convirtió al judaísmo por amor a su mujer y, como todos los conversos, es un practicante excesivo de todos los ritos de su religión, lo que lo ha alejado de su esposa, que es una practicante común y corriente y se ha insertado de buena manera en el marco de la sociedad mexicana sin perder por ello su esencia religiosa. Se trata de un texto débil, de tensiones entre ambos cónyuges y por eso requeriría de un director y unos intérpretes más aptos que Gabriel Labastida, también psicodramatista, al frente y Berenice Camacho como Elvira y Jesús Arriaga como Enrique, con larguísimas pausas que no pueden sostener y devienen en tedio. Se pensaría estar en una representación de teatro de aficionados.

Confianza de Jorge Luis Padilla, de muy escasa trayectoria como dramaturgo, trata de un problema ético que separa a dos generaciones. Mientras Raúl, el padre, se niega a dignificar a quien lo estafó, el hijo Daniel se presta por dinero a lo que sea. La pugna y los diálogos que la sostienen, no sólo muestran las dispares maneras de concebir el mundo entre los dos personajes, también demuestran cómo dinero gana a memoria, sobre todo para las generaciones más recientes. Esta vez el resultado, con un director como Morris Savariego coordinador artístico del proyecto, de amplios antecedentes, y un reconocido actor como es el excelente Fernando Becerril al que el joven Jorge Luis Padilla hace una muy buena contraparte, es profesional en todo y salva a IN-PULSOS del chabacano amateurismo.

Al final, el plato fuerte, con la más larga en duración, No hay como la familia del autor israelí Maor Haroosh –en traducción y adaptación de Iris Besprosvany– que trata de la caricaturizada por los mismos judíos de todas partes, por sobreprotectora y chantajista, madre judía, en imaginativa codirección de Enrique Singer y Daniela Parra y con las actuaciones de la espléndida Georgina Tabora, también escritora y actriz culta por excelencia, a quien se debería ver más en nuestros escenarios, acompañada por el buen actor que es Rodolfo Nevárez. Casi monólogo, el desempeño de la actriz incluye hablar con gran acento –se supone que en un país como México– y todos los cambios de un personaje que transita por varios estados de ánimo, hundiendo en un silencio resignado al marido. La solución escénica para marcar la presencia del marido es de primera y contribuye, junto con la chispeante actuación de Georgina Tabora, a que la hilarante comedia sea muy disfrutable también por un público mexicano que no pertenezca a esa comunidad. Comunidad que, por cierto, puede augurar el éxito taquillero de este desigual experimento, aunque dAVATAR sea una asociación civil sin fines de lucro.