Opinión
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Penultimátum

Belleza y delincuencia

D

on Eduardo Caballero Chávez fue durante varios años un próspero empresario mexicano muy apreciado en Argentina, Uruguay, Venezuela y Colombia. Entre sus negocios más conocidos públicamente figuraban la productora de tequila Gran Azteca, empresas exportadoras de aguacates michoacanos y otra más, de llantas, en Colima. Como parte de su trabajo se movía con toda libertad por el continente y en especial por Sudamérica, donde dedicó tiempo a una de sus actividades más queridas: patrocinar concursos de belleza. Y cuando era posible, llevar relación íntima con las candidatas y ganadoras de dichos certámenes. Es también adicto a las modelos de pasarela.

En el mundo de los negocios, la belleza y la moda, don Eduardo también era conocido como El Charly. Bonachón, amante de la buena vida, muy generoso, fue jurado en un concurso de belleza en Montevideo y destacado patrocinador de otro: Miss Maja, celebrado a partir de 2008 en Corozal, al norte de Colombia. A las participantes que más le interesaban las invitaba venir a México sin reparar en gastos con el fin de que hicieran casting y, si pasaban las pruebas, llevarlas a la fama por medio de la televisión o la moda. Más de una aceptó gustosa, pese a que, como luego confesaría una de las invitadas, “El Charly tenía intenciones raras, te abrazaba, te agarraba la mano, te acariciaba, te pedía ciertos favores”.

Pero en enero pasado, el próspero empresario y mecenas fue detenido en Colima por personal de la Armada sin mostrar la orden de aprehensión requerida. Él asegura que fue torturado física y mentalmente. Luego de estar arraigado por 160 días lo consignaron presuntamente por lavar dinero de Óscar El Lobo Valencia, capo del cártel del Milenio.

Cuesta abajo en su rodada, El Charly casi acaba con la carrera de la Señorita Cartagena, Laura Cantillo, quien aspira obtener la corona del Reinado Nacional de Belleza, el más importante de Colombia. Los organizadores la descalificaron al descubrir que hace tres años obtuvo el título de Miss Maja, certamen patrocinado por el empresario, y por viajar varias veces a México en busca de la consagración en la televisión y la pasarela. Ella alegó que nunca supo de las actividades ilícitas del mecenas, y que otra aspirante al título máximo de la belleza colombiana, la señorita Tolima, también visitó México en busca de un futuro mejor. Esto último fue desmentido por la tolimense.

En contra de la descalificación de Laura alzaron la voz miles de sus seguidores, mientras sus representantes legales acudían ante la justicia para limpiar su nombre y trayectoria. Finalmente fue de nuevo declarada Miss Cartagena y disputará la corona nacional. En cambio, aumentó el descrédito de los concursos de belleza, también infiltrados por la delincuencia.