Sociedad y Justicia
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Para que el compromiso sea serio deberá ser de tres meses, dice diácono de la Basílica

Acuden cientos de personas a la Capilla de los Juramentos para dejar vicios

El religioso Jesús Ramírez destaca el poder de la fe en el combate a las adicciones

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Creyentes, en la Basílica de GuadalupeFoto Guillermo Sologuren
 
Periódico La Jornada
Jueves 30 de junio de 2011, p. 44

Una buena parte de quienes acuden a la Capilla de los Juramentos llegan derrotados, llenos de sentimientos de culpa, de enojo y sobre todo de fracasos, pues no han sido capaces de dejar comportamientos negativos.

Algunos reconocen que han hecho de todo, pero no han tenido éxito, y la opción que les queda es la fe, es establecer un acuerdo divino que les dé la fortaleza para poner un hasta aquí a las debilidades que les socavan la salud y les complican la vida familiar y laboral.

Cada día, cientos de hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, llegan a la Capilla de los Juramentos, localizada a un costado de la explanada de la Basílica de Guadalupe. Algunos van por voluntad propia, otros reconocen que están ahí por el ultimátum familiar o de la esposa.

Pero también están aquellos que no traen ninguna disposición, dicen que van a jurar por 10 días y lo quieren hacer a su modo, sólo buscan que se les dé la estampita para justificarse en su trabajo porque los quieren correr, lamenta el diácono Jesús Ramírez, quien asegura que afortunadamente son los menos.

En entrevista otorgada al término de una de las pláticas que cada día se dan a quienes quieren volver a la vida que abandonaron al entrar en los vicios, Ramírez subraya que los juramentos son de diversas índole y por el tiempo que el afectado estime conveniente, pero insistió en que para que sea un compromiso serio debería ser por lo menos por tres meses. Aunque hay algunos que están resueltos al cambio y juran de por vida.

La mayoría se relacionan con el alcoholismo, el consumo de drogas y el tabaquismo o para dejar de delinquir, reñir o creer en supersticiones. Incluso menores de edad también prometen ser mejores hijos y mejorar calificaciones.

Las promesas

Pero también otros(as) se comprometen a dejar su adicción o afición a las relaciones extramaritales, informales u ocasionales.

Martín Padrón, de 26 años, señala que su problema es el alcohol, pues desde hace cinco años bebe de manera inadecuada, lo cual le ha traído dificultades con su esposa. No ha recurrido a otros métodos para dejar su adicción y asegura que jurará por cinco años.

Acompañado por su hija y Diana, su esposa, Martín confía en que lo lograré, mientras Diana asegura que sin el juramento no puede.

Estela, una joven de unos 20 años, quien no dio detalles de su identidad porque me da vergüenza, indica que sus problemas son dos, y que están relacionados, pues cuando consume drogas y alcohol también gusta de tener sexo informal con desconocidos.

No sé si esto sea una adicción, sé que las drogas y el alcohol sí, pero no me la paso intoxicada; sólo algunos fines de semana, igual que lo otro, pero ya no quiero seguir así.

Óscar Martínez, de 30 años, prometió a su esposa dejar de ser infiel y reconoce que me he aficionado a estar con otras mujeres... pero quiero a mi esposa, no sé por qué lo hago.

Enrique, de 23 años, reconoce que desde hace varios años ando metido en las drogas y he robado por eso. Apunta que espera que Dios y la Virgen de Guadalupe le ayuden a retomar el camino. Sabe que es difícil; su mamá lo ingresó una vez a una granja contra adicciones y no superó el problema. A los cuatro meses recayó otra vez. Ahora le apuesta todo a la fe y porque mi jefecita no se merece tener un hijo así.

Jesús Ramírez, quien desde hace 17 años es diácono permanente, también conoce el poder de la fe con relación a las adicciones. Confiesa que su padre fue alcohólico durante 30 años y que un día, en la Basílica de Guadalupe, juró a la Virgen dejar de beber, y lo cumplió: murió a los 90 años y nunca más tomó.

Ramírez comenta que de lunes a domingo, mañana y tarde; de 9:30 a 12:30 y de 16 a 18 horas los días hábiles, y los fines de semana de 9 a 15 horas, se dan pláticas, se exhibe un video que habla de las adicciones y se hacen los juramentos.

En una de las pláticas, Ramírez dijo a los presentes (unos 200) que Dios nos dio la vida para ser felices y las adiciones y los comportamientos errados no abonan en ese sentido; les remarcó que aunque los familiares los abandonan, Dios no. Dios está con ustedes, aunque han pecado gravemente por sus vicios y adicciones, y lo han ofendido.

Minutos después, y tras haber rezado, instó a los presentes a tomar con la mano derecha la estampita con el juramento, ponerla sobre el corazón y repetir: yo consciente de lo que hago mediante este juramento prometo firmemente ante ti, Dios todopoderoso, y ante mi tierna madre Santa María de Guadalupe, reina de la paz, no ingerir bebidas embriagantes, no drogarme, no fumar, no robar, no reñir, no maldecir, no ser infiel, no creer en supersticiones... durante el tiempo de..., lo hago por mi bien con el fin de recuperar mi salud física y espiritual....

Resaltó que estos juramentos, cuando se hacen con voluntad y fe, pueden ser más poderosos que los acompañamientos médicos, sicológicos o siquiátricos, o bien un complemento. Éste es un compromiso con Dios y con la Virgen de Guadalupe; no es entre hombres, es divino, entre Dios y hombres verdaderos.