18 de junio de 2011     Número 45

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Produzcamos y cuidemos la comida para el pueblo*

  • Un pueblo que no es capaz de producir lo que come, no es un pueblo libre

FOTO: Enrique Pérez S. / ANEC

Plutarco Emilio García

En México la seguridad alimentaria se ha convertido en un problema de seguridad nacional. El país no cuenta con reservas de alimentos necesarias para mantener el equilibrio social ante una situación imprevista.

Dado que la pobreza y la exclusión se extienden a los núcleos urbanos, una insuficiencia masiva de alimentos puede ser más explosiva en los barrios populares urbanos, por tratarse de una población más concentrada, más informada y politizada. Pero la insuficiencia y la carestía de los alimentos afecta severamente también a las comunidades rurales, sobre todo a las comunidades indígenas, donde observamos la mayor pobreza y un gran descontento social.

Hoy día, la población civil en el mundo se ha convertido en la principal víctima de conflictos armados, la violencia del crimen organizado, la represión gubernamental, los abusos de poder y la violación de los derechos humanos. Las naciones pobres padecen epidemias y pandemias, el saqueo de sus recursos naturales, la carestía de la vida, la monopolización de la producción y del mercado, la especulación con alimentos, el deterioro ambiental y los fenómenos naturales cada vez más recurrentes y destructivos.

Frente a todos estos fenómenos, en México no contamos con la cultura de prevención. Y en cuanto a la disponibilidad de alimentos, enfrentamos un grave problema de inseguridad y de pérdida de la soberanía alimentaria.

En el Foro Social Mundial Porto Alegre II, celebrado en 2002, se definió la soberanía alimentaria como el “derecho de los pueblos a producir y distribuir los alimentos que necesita”, a decidir cómo producir y qué producir. Se condenó la utilización de los alimentos como arma de presión política por los países imperialistas. Se definió la alimentación como un fenómeno local, con diversidad, equidad de género y una justa distribución.

Se afirmó que el concepto de soberanía alimentaria va más allá de la seguridad alimentaria. Ésta se limita al hecho de contar con una reserva suficiente de alimentos vengan de donde vengan y sin importar cómo se producen. En cambio, la soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a diseñar y aplicar sus propias políticas alimentarias, orientadas a producir una comida sana, nutritiva y culturalmente apropiada.

El problema alimentario, como se ha demostrado, no lo resolverán los mercados, ni las trasnacionales, ni los gobiernos, ni la Organización Mundial del Comercio, ni el Banco Mundial; para ello, tiene que intervenir la sociedad, los movimientos sociales, los pueblos indígenas y todos los agentes de cambio que luchan por un nuevo modelo de desarrollo sustentable, democrático y equitativo.

Estudiosos de la economía y del desarrollo social, así como organismos internacionales nos han advertido de la gravedad de la pobreza en México y de la crisis alimentaria. Hasta el año pasado la pobreza alimentaria había aumentado en 8.3 millones de compatriotas. Mientras tanto, el presidente Felipe Calderón y el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, insisten cínicamente en que vivimos en jauja, que México ya no es un país pobre y que nuestros salarios crecen. Es evidente que estos señores viven en un mundo que nada tiene que ver con la realidad de la gran mayoría de los mexicanos.

Somos un país que importa más del 40 por ciento de los alimentos que consume y de ellos más del 70 por ciento proviene de Estados Unidos. Nuestra dependencia alimentaria se ha acrecentado en las últimas décadas. Hoy importamos el 95 por ciento de soya, 30 de maíz, 78 de arroz, 50 de trigo, 15 de leche y 42 por ciento de la carne de puerco.

El incremento de la canasta básica en más de un ciento por ciento en lo que va del sexenio de Calderón ha provocado que millones de mexicanos consuman menos alimentos, menos nutrientes, menos proteínas. Las consecuencias de este déficit en el desarrollo físico y mental de los niños serán graves.

Según el Observatorio de Política Social y Derechos Humanos, a principios de este año, la ingesta dejó de ser variada en dos de cada cinco hogares; el 15 por ciento de las familias había dejado de ingerir una de las tres comidas diarias y diez por ciento de hogares con menores de 18 años sólo comieron una vez al día.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reveló en enero pasado, que 15 por ciento de los niños menores de cinco años y personas de la tercera edad mostraban síntomas de anemia. En Cochoapa el Grande, Guerrero, el municipio más pobre del país (que no es el único), 60 por ciento de los niños están desnutridos o anémicos y la esperanza de vida de los nacidos en 2005 es apenas de 40 años, igual que en Zambia y otros países de África subsahariana.

Según el Coneval, en 2008, cerca de 23 millones de mexicanos experimentaron “inseguridad alimentaria severa y moderada” y 25.8 millones, “inseguridad alimentaria leve”. O sea que cerca de 50 millones de mexicanos padecen inseguridad alimentaria en diferentes grados. Del universo total de pobres, 11.2 millones de personas no pudieron siquiera adquirir la canasta de alimentos (de 864 pesos mensuales) con la que el Coneval traza la línea de pobreza extrema.

Las políticas excluyentes de los gobiernos panistas para enfrentar la pobreza y el hambre no van más allá de la caridad o asistencialismo. Quienes estamos en la trinchera de los pobres, sabemos que la gente no quiere limosnas, necesita un trabajo digno, necesita desarrollar sus capacidades y su creatividad. El círculo vicioso de desnutrición-pobrezadesnutrición sólo se podrá romper con el desarrollo de la capacidad productiva de la población, con empleos e ingresos seguros.

Las hambrunas no están determinadas por la escasez global, sino por la falta de acceso a los alimentos. El crecimiento de la macroeconomía no impacta en el mejoramiento de la producción local. Las hambrunas ocurren aunque no exista déficit de alimentos a nivel mundial, se trata de un problema de distribución. Por eso es necesario no depender de las importaciones para cubrir las necesidades alimenticias. Hay que producir localmente la mayor parte de los alimentos que requerimos y obtener las divisas de otros sectores para financiar la producción agropecuaria.

Ante una gran cantidad de riesgos y amenazas (sequías, inundaciones, ciclones, terremotos, epidemias, escasez de alimentos, encarecimiento de la tortilla, etcétera), y ante la ineptitud de un Estado fallido, que no cumple con sus responsabilidades constitucionales, somos los ciudadanos y las organizaciones sociales los que debemos tomar medidas para prevenir esos riesgos.

La prevención tiene que ser autogestiva, participativa y solidaria desde lo local, sin perder de vista lo global. Es necesario seguir presionando al Congreso de la Unión, para que legisle en pro del derecho a la alimentación, la soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional; la renegociación del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la rectoría del Estado para la regulación de los mercados agroalimentarios y la creación de una reserva estratégica de alimentos a nivel nacional, regional y local.

Desde nuestras organizaciones podemos impulsar reservas comunitarias y familiares, mediante el adecuado almacenamiento de granos en trojes, cuescomates y bodegas. Es necesario fortalecer la agricultura campesina por medio de la milpa, huertos familiares y producción agrícola y pecuaria de traspatio, asimismo, impulsar la autonomía de los pequeños productores y el control campesino de cadenas productivas, fomentando el intercambio comunitario de alimentos, los mercados locales y tianguis campesinos.

México cuenta con un rico y extenso territorio, con suelos fértiles y una gran variedad de semillas; lo que falta es la implementación de políticas que liberen esta potencialidad. La agricultura campesina sustentable puede contribuir a enfriar el planeta. Los campesinos somos los verdaderos guardianes de la naturaleza. Defendamos y cuidemos nuestros territorios. Fortalezcamos nuestros valores éticos y culturales y nuestra unidad de acción, porque el hambre no espera.

Miembro fundador de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA)

*Discurso leído durante el foro El Hambre no Espera, donde 11 organizaciones campesinas se reunieron con Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación.


AGENDA RURAL

Evento: Coloquio Internacional sobre la crisis climática: de Cancún a Durban y Río + 20. Organiza: RMALC / Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Fecha: 20 y 21 de junio de 2011. Lugar: Museo de la Ciudad de México. Hora: A partir de las 9:00 horas. Informes: [email protected]


Evento: Séptima Asamblea Nacional de Afectados Ambientales. Organiza: Asamblea Nacional de Afectados Ambientales. Fecha: 30 y 31 de julio de 2011. Lugar: Comunidad Salsipuedes, La Parota, Guerrero. Informes: Deyanira Navarrete: [email protected] / Octavio Rosaslanda: [email protected]


Evento: Primer Congreso Universitario de Historia Oral Usos y Aplicaciones en las Ciencias Sociales. Organiza: La Universidad Autónoma de la Cuidad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, Universidad Autónoma Chapingo, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma Metropolitana, Universidad Autónoma del Estado de México. Fecha: Del 26 al 28 de octubre del 2011. Lugar: Plantel San Lorenzo Tezonco, de la UACM. Informes: [email protected] com / http:// www.congresohistoriaoral2011. blogspot.com/


Informe: DESCA 2010: Informe Anual sobre la Situación de los Derechos Económicos Sociales, Culturales y Ambientales en México 2009-2010. www.derechoshumanos.org.mx


Radio La Milpa
http://radiolamilparadio.blogspot.com/


Convocatoria: Festival de Documental Universitario POTLATCH. Organiza: Organiza el colectivo El Hubiera y Proyecto Mextech. Informes: http://www.proyectomextech.com

Diálogo entre campo y ciudad, logro del FICC

Alondra Montero González

El Festival Internacional Cine en el Campo (FICC) nació en 2008, partiendo de la necesidad de llevar el cine a comunidades rurales de la República Mexicana.

A lo largo de cuatro ediciones, el FICC ha logrado entablar el diálogo entre el campo y la ciudad, siendo el primero el eje central de esta iniciativa.

El bajo porcentaje de habitantes que tienen acceso a la experiencia cinematográfica –según estadísticas–, es preocupante; de ahí la necesidad de crear conciencia respecto a las condiciones culturales en nuestro país.

El FICC, a su vez, apoya la difusión de producciones de cortometrajes realizados por jóvenes talentosos y promueve, por medio de los talleres “Cuéntamelo filmando”, el cine como herramienta de expresión y debate. Con ello se buscan soluciones reales a las problemáticas actuales en México.

En el marco de la tercera edición del Festival, los talleres “Cuéntamelo filmando” se realizaron con el apoyo de 80 niños de las comunidades de Ucazanastacua, Urandén e Isla Yunuén, Estado de Michoacán. El resultado fue la creación de tres cortometrajes de corte ecológico, uno de ellos, “La Aventura de Monochoa”, resultó ganador en la categoría “Mejor corto de animación” en la Cumbre de Cine Ambiental el marco de la COP 16 (edición 16 de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Este trabajo, realizado y escrito por alumnos de la escuela primaria de la isla de Uránden, estado de Michoacán, compitió con producciones nacionales e internacionales; mostró las inquietudes de los niños y la forma como se relacionan con el medio ambiente.

Para esta cuarta edición, los habitantes de Mulegé y Guerrero Negro, del estado de Baja California, tendrán la oportunidad de vincularse a este proceso creativo.

Durante cuatro años el FICC ha contado con la asistencia de más de cien mil espectadores y se han realizado más de 250 funciones gratuitas en diferentes estados de la República Mexicana (Distrito Federal, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Puebla, Michoacán, Morelos, Veracruz, Yucatán y Zacatecas, entre otros).

Para la cuarta edición, presentada por Fundación BBVA Bancomer, AC y con el apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía, en enero de este año el FICC lanzó la convocatoria bajo el tema “Historias por un mundo mejor”, con la expectativa de contar con cortometrajes basados en los géneros de animación, documental y ficción, que abordaran temas como: una migración justa; un mundo con agua para todos, y un mundo más ecológico, más pacífico, más amoroso y más tolerante. Se obtuvo una excelente respuesta y el programa quedó integrado de la siguiente manera:

Eskimal, del director Homero Ramírez Tena; Noches de tungsteno, de María Torres; Dulce, de Iván Ruiz Flores; Luna, dirigida por Raúl Cárdenas y Rafael Cárdenas: Algo está sucediendo, de Javier Yazp, y Azul, del director: Hugo Arizmendi.

Dentro de la programación también se disfrutó de los cortometrajes De adentro hacia afuera, realizado por Mariel Alejandra Buenfil Blánquez y Prende tu foco, de la directora Andrea Alcaraz, ambos trabajos ganadores del festival “Hazlo en Cortometraje 2010”, concurso organizado por Fundación BBVA Bancomer, AC y Fundación Cinépolis.

Asimismo, tuvimos como invitada a la producción denominada Los invisibles, de Gael García Bernal y Marc Silver, realizada en colaboración con Amnistía Internacional. El filme muestra el compromiso que tienen los directores con los derechos de los migrantes.

Este año el público asistente a las funciones del FICC será el jurado y decidirá cuáles de los cortometrajes participantes serán los ganadores al finalizar la gira. Debido a la alianza que el FICC tiene con el Vancouver Latin American Film Festival (VLAFF), el ganador del primer lugar del FICC viajará a Vancouver, Canadá, a la presentación de su cortometraje en el VLAFF, y participará como miembro del jurado en un concurso de cortometrajes organizado por el VLAFF para su próxima edición.


FOTOS: Francisco Arellano y Horacio Escamilla

Festival Internacional Cine en el Campo ha tenido una respuesta más que favorable por parte de los espectadores quienes, por medio de esta experiencia artística y colectiva, han reflexionado sobre situaciones paralelas en México y el mundo, todas ellas plasmadas en los cortometrajes que integran su programación. El público se ha identificado con las diferentes historias que se han presentado en este cine itinerante en las plazas, zócalos y espacios al aire libre en su comunidad; llenan las funciones e interactúan por medio de su voto para elegir al ganador. Por medio de esto, la gente no sólo participa de la función, sino que comparte sus intereses y visiones de vida.

De igual manera, la respuesta a las convocatorias del FICC ha aumentado con el paso del tiempo. Los directores –comprometidos co n la idea de descentralizar los circuitos del cine y estimular la creación de cortometrajes que proyecten la diversidad cultural y profundicen en problemáticas sociales y medioambientales– han comenzado a mirar al campo como un lugar donde mostrar sus producciones y también un escenario para realizarlas.

El séptimo arte es una de las manifestaciones artísticas de mayor relevancia, la cual debe estar al alcance de todos. El FICC cree firmemente que además de generar un espacio de entretenimiento, el cine vincula a espectadores con ideas y sentimientos que despiertan conciencia en ellos.


Relámpago de esperanzas musicales,
de jóvenes para jóvenes


FOTO: Facebook, Sak Tzevul Oficial

Enrique Pérez S.

Surgida en 1996 en San Lorenzo Zinacantán, Chiapas, Sak Tzevul es una banda de batz’i rock, o rock verdadero, de los pueblos originarios que ha dado voz a muchos jóvenes “para expresar sus sueños, realidad y frustraciones en su lengua materna”.

Sak Tzevul, o Relámpago, “simboliza también la luz que da inteligencia y despierta los saberes ocultos; marca los nuevos comienzos; una blanca serpiente que brilla y se revela por un instante pero que indica el camino a seguir para luego ocultarse de nuevo en la oscuridad; transparencia; pureza, y cambio verdadero”.

Influidos por la música tradicional, el rock de Led Zeppelin, The Doors, Pink Floyd, El Tri, Rockdrigo González y Caifanes, e ideológicamente por Víctor Jara y Silvio Rodríguez, así como por la música clásica de Bach, Beethoven, entre otros, cantan lo mismo en tsotsil, tzeltal y tojolabal, que en castellano, y ahora también lo hacen en japonés, debido a que dos de sus integrantes son de Japón.

Damián Martínez, músico y compositor de Sak Tzevul, habla para La Jornada del Campo:

“El grupo nació por la necesidad de forjar una nueva propuesta de rock que fuera auténtica y tomara en cuenta las raíces verdaderas de los mexicanos, como lo es la música indígena, la cual ha sido siempre excluida de la música mexicana y del término rock mexicano. La música indígena ha sido menospreciada y arrinconada únicamente para trabajos antropológicos, sin promover su evolución y ha servido sólo para cumplir las metas de las instituciones culturales de nuestro país, pero ahora constituye una parte del nuevo rock mexicano. Y es que al decir la palabra mexicano no nos podemos quitar de la mente los sombreros de charro y la música de mariachi, pero ya es tiempo de ver más allá: mexicano es tanto un arpa tsotsil como un violín huichol o un trovador zapoteco o una canción en tsotsil a ritmo de rock o rock indígena.

“Nuestra música se inspira en la historia no contada, en los sueños y leyendas ancestrales, o en el dolor histórico padecido por 500 años de olvido y resistencia al exterminio cultural; se inspira en el ideal de integración y reconocimiento de las naciones mayas y demás naciones originarias del mundo; se inspira en la discriminación en todos los sentidos.

Discos de Sak Tzevul:

K’evujel ta Jteklum o Canto de mi Pueblo (2001), Muk ta sots, o Gran Murciélago (2005), Xch’ulel Balamil o Espíritu de la Tierra (2009), y Antología de Sak Tzevul 2000- 2010 (2010).

Integrantes de Sak Tzevul:

Damián Martínez/ guitarra y voz, Zinacantán; Rie Watanabe/ violín y voz, Tokushima, Japón; David Álvarez/ percusión latina, San Cristóbal, Chiapas; José L. Lobato/ batería, San Cristóbal; Mario Egremy/ bajo, Cancún, Quintana Roo; Enrique Ruiz/ guitarra, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Han interactuado con Sak Tzevul:

Enrique Martínez / batería, Zinacantán; Paco Martínez/ batería, Zinacantán; Juan Pérez/ percusión tradicional, Zinacantán; Pedro Pérez/ bajo, Zinacantán; Julián Hernández/ guitarra, Zinacantán; Germán Román/ bajo, San Cristóbal; Otto Anzures/ chelo y bajo, Tuxtla Gutiérrez; Fermín Orlando/ guitarra, San Cristóbal; Juan Ramírez/ violín, Tuxtla Gutiérrez; Cipactli Hernández/ percusión, Ciudad de México; Don Chepe Pérez/ músico tradicional, flauta, violín, Zinacantán; Esteban Pérez/ músico tradicional, tambor, Zinacantán; Valeriano Gómez/ guitarra, San Juan Chamula, Chiapas; Kaori Nishii/ trombón y ocarina, Kumamoto, Japón; Gerardo Ventura/ contrabajo y bajo, Tapanatepec, Oaxaca; Milton Wilson/ batería, Tijuana, Baja California; Judith Vázquez/ coro, corno francés, percusión, Tuxtla Gutiérrez; Carlos Lot/ violín, Ciudad de México; Gustavo Martín/ chelo, Ciudad de México; Israel Moreno/ percusiones, Chiapa de Corzo, Chiapas.

“Veo a mi pueblo y me inspira la sonrisa y la esperanza de los niños, o los cantos y las ofrendas a la tierra, los rostros agrietados de nuestros ancianos, o los colores que lucen en sus cabellos nuestras mujeres, los tejidos y telares que nos enseñan la filosofía y la trama de la vida, el universo, el microcosmos, el macrocosmos, la vida.

“Nos inspira la idea de tener que hacer algo por salvar lo poco que nos queda.

“Nos inspira la indiferencia de un mundo en decadencia que necesita nueva sangre o sangre verdadera, el deterioro ambiental y el mal uso de los recursos naturales por culpa de la ambición de unos cuantos, y el sufrimiento de muchos a causa de esto”.

Las letras de Sak Tzevul, dice Damián, tratan de hacer un cuadro de mil colores, una historia si no con un final feliz, sí dejando el camino abierto hacia la esperanza.

“Los jóvenes de ahora ya no estamos en esa etapa pasada de quejarnos de las injusticias en nuestras canciones, lo cual no quiere decir que no existan tales injusticias. La música es una alternativa no un escape, pero creo que se quiere ver hacia adelante, porque eres lo que cantas: si cantas puras miserias, eres miserable, y si cantas a la vida es que quieres vivir más. Entonces creo que esto segundo es lo mejor. Aquí decimos el Lekil Kuxlejal, o la vida plena. Para que vengan las cosas buenas tienes que desearlas, llamarlas, si es preciso gritarlas, cantarlas. Es nuestra costumbre rezarle al mundo y a la tierra, a los corazones de los hombres y las mujeres para llamar a las buenas cosas, llamar a los buenos tiempos.

“En Zinacantán muchos jóvenes se dedican al cultivo de la flor, así sostienen sus estudios, y algunos tienen el sueño de ser músicos. Lo que me preocupa es el uso excesivo de agroquímicos, ya que no sólo afectan a quien está en contacto directo, sino que se activan y dispersan con la luz solar, dañando a toda la población alrededor y hay casos de jóvenes y niños con problemas en la piel o hidrocefalia. Pero esta actividad agrícola es la única que tienen para sostenerse”.

Damián resalta que el rock indígena es un movimiento underground, porque expresa el sentimiento contemporáneo de los excluidos de la sociedad, como lo fue el blues cantado por los esclavos negros en las plantaciones de Estados Unidos, o actualmente los corridos revolucionarios en las comunidades zapatistas.

“Hoy en día entre los jóvenes hay una gran indignación, silenciosa y oculta que sólo sale en los conciertos: una violencia natural, quizás una rabia ancestral, un coraje generacional, que a veces puede espantar a los adultos porque quizás las generaciones pasadas se acostumbraron a agachar la cabeza y a no cuestionar, y a no rebelarse, a no manifestarse.

“El no cuestionar es algo que está cambiando, lentamente pero está cambiando, y eso me da gusto; quizás sea producto del alzamiento zapatista, ya que hay unos acuerdos por ahí que se firmaron y que nunca entendieron los gobiernos, ni mucho menos los han respetado. Creo que la mejor manera de buscar la libertad es sentirla desde ahora mismo.

“Desafortunadamente, se sigue usando a los jóvenes músicos para promoción política o personal, y luego quedan a expensas de los coyotes, o managers que los mantienen con la idea de llevarlos a la fama de la noche a la mañana y ganar dinero, pero no se les da lo que verdaderamente necesitan, que es capacitación y buena educación musical. El movimiento de rock indígena representa una rebeldía por siglos de miseria y saqueo tanto material como intelectual de los pueblos indígenas, es una revolución pacifica y por lo tanto es contestataria, y agradecidos deberíamos estar porque estos jóvenes decidan tomar una guitarra en la mano y no un arma.

“Finalmente quiero hacer un llamado a todos los y las jóvenes mexicanos, a que se manifiesten con el arte y usen la creatividad para comunicar sus ideas, que se organicen y se junten, que no tenga miedo sus corazones a expresarse, que no pierdan la fe, porque el día de hoy tenemos en nuestras manos el futuro de este país. Que crean en las cosas pequeñas, porque todo lo grande comienza por ser pequeño; deseo que puedan leer la historia oculta en sus sueños, deseo que podamos recuperar esta tierra y utilicemos el tiempo y sepamos jugar con los colores y decodifiquemos el silencio. Quiero convocarlos con mi voz humilde a creer que todos los sueños son posibles, deseo que un día podamos vernos a los ojos y saber que lo dimos todo; que lleguemos hasta donde lleguemos, no permitamos que pase más tiempo y no permanezcamos en la indiferencia: es tiempo de hacer algo por nosotros mismos, de darnos lo mejor. No esperemos a que nos den las condiciones y los espacios, tomemos los espacios y mejoremos las condiciones de vida de nuestro país y de nuestras comunidades”.

Coordinador de Prensa y Comunicación de ANEC

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