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La actividad recaudó volúmenes para los libro-clubes

Acuden donadores al llamado de Un kilómetro de libros

Ayer comenzaría la campaña El sonido de las palabras, en el Metro; en un recorrido se constató que era desconocida por usuarios y trabajadores

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Hoy concluye el Gran Remate de Libros, también en la explanada del Auditorio NacionalFoto Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Domingo 24 de abril de 2011, p. 5

Madre e hija llegaron desde Ecatepec para comprar algunos libros y regalar otros. Son alrededor de las 12 del día del sábado y en las escalinatas del Auditorio Nacional ya hay varias hileras de libros de 50 metros de largo, que por la tarde deberán sumar al menos un kilómetro de distancia.

La señora es muy joven y se llama Nancy Mójica Benítez. La niña tiene 10 años y se llama Vianey Pérez Mójica, a quien le gusta leer. Ambas están emocionadas porque aprovecharán los bajos precios del quinto Gran Remate de Libros, que concluirá hoy.

Es un sábado especial porque se celebra el Día Mundial del Libro. Han sido diversas las actividades en la ciudad de México y en varios estados del país, como ésta, Un kilómetro de libros, que busca recaudar textos de literatura infantil y juvenil.

Organizado por las secretarías de Cultura y Educación del Gobierno del Distrito Federal y la Fundación Azteca, a través del Círculo Editorial Azteca, los volúmenes reunidos alimentarán el sistema capitalino de libro-clubes y las asociaciones que apoya dicha fundación en el país.

Para llegar a la explanada, Nancy y Vianey caminaron unos 15 minutos desde su casa hasta la estación Olímpica, de la Línea B del Metro, y se bajaron en la estación Auditorio Nacional. Después ingresarán a las mesas de remates y comprarán algunos libros, entre ellos uno sobre de cosmografía, que la niña necesita para una tarea.

Al final, como han hecho muchos donadores desde las 11 horas –sobre todo familias de colonias vecinas, como Polanco, Condesa y Roma, así como las que visitan Chapultepec y se dan una escapada al Gran Remate–, madre e hija pasarán a alguno de los tres módulos de recepción de donaciones, para contribuir con varios centímetros a la meta de sumar un kilómetro.

Sí, Nancy y Vianey –y en general todo donador de algo–, son excepciones de la regla, e incluso la confirman. Pero también son prueba de que la regla se puede subvertir y que la excepción podría, algún día, convertirse en la norma general.

Por lo menos en esa dirección apuntan los esfuerzos de los promotores del libro y la lectura que organizan actividades como ésta. Ellos hablan, por ejemplo, de la necesidad de crear una base de empresas culturalmente responsables, que apoyen proyectos que contribuyan a blindar al país con educación, cultura y civilización, en lugar de tener que blindar automóviles.

Hablan también de la necesidad de generar una cultura ciudadana de la donación cultural, con la cual se generaría un círculo virtuoso, pues, por ejemplo, en el caso de los libros, cada volumen podría donarse muchas veces y ser leído por cada vez más personas.

Todo ello ayudaría, como dice el promotor cultural, editor y escritor H. Pascal, a recuperar los grandes territorios de civilización que México ha perdido en los años recientes. O como destaca Gabriel Cruz, encargado de logística e imagen de la Feria del Libro en el Zócalo, y por ende del quinto Gran Remate de Libros y otros proyectos de promoción de la lectura: Algunas personas siempre van a tener algún resquicio de fetichismo y querrán guardar ciertos libros. Pero hay mucha gente que sin problema dona libros que ya leyó, quizá más de una vez, y que sabe que el libro necesita seguir en movimiento y aportar a más personas. Más si lo está donando a un libro-club, donde un título lo pueden leer más de 50 personas.

Pasada la una de la tarde, iba ya medio kilómetro de libros. Una hora después eran más de 600 metros. Pero organizadores del Círculo Editorial Azteca dijeron que en cajas tenían un kilómetro más, que les habían donado en otros lugares o habían adquirido a bajo costo directamente en editoriales. Así que, al final de la jornada, podría llegarse a dos kilómetros de libros.

Las palabras no sonaron en el Metro

Otra actividad esperada en el Día Mundial del Libro fue el comienzo del proyecto El sonido de las palabras, anunciado hace unos días y que del 23 al 29 de abril debería transmitir en las estaciones del Metro cápsulas sobre la vida y obra de más 40 reconocidos escritores iberoamericanos, que incluiría la voz de los propios autores.

Sin embargo, en un recorrido por varias estaciones, nada se pudo escuchar. Ni jefes de estación, empleados o policías en torniquetes, vestíbulos o andenes sabían o habían escuchado algo. Tampoco los transeúntes, quienes devolvían una mirada de extrañeza ante la pregunta.

Por ejemplo, en las estaciones Tacubaya y Auditorio se monitorearon algunas bocinas. Sólo se percibieron el deficiente sonido de una voz femenina y algunas canciones, arrasadas casi por los tururús, los frenos de aire, el chirriar de llantas, el cierre de puertas, el ajetreo de transeúntes y demás ruidos de ese mundo subterráneo. Nada de literatura pudieron escuchar los metronautas.