Opinión
Ver día anteriorMartes 29 de marzo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Construir desde la adversidad o dividir desde la posibilidad
N

o se puede luchar contra el neoliberalismo desde el estatismo. No se puede ajustar un proyecto de nación, ajustándolo a la personalización de quienes detentan los monopolios. Tampoco se puede ganar una elección desde el organizativismo aritmético.

Bajo el actual sistema político, sin reforma radical del Estado y las formas de gobierno, habrá siempre un gobierno minoritario en el Poder Ejecutivo enfrentando a una oposición mayoritaria en el Congreso.

Esto sólo sirve para justificaciones futuras de que no se pueden tomar decisiones porque la oposición se une en contra. Éste ha sido el resultado de una transición sin cambios estructurales y donde sólo cambiaron las siglas en el Poder Ejecutivo, pero se mantuvieron los mismos intereses, las mismas estructuras, el mismo sistema corporativo de monopolios, proteccionismo y discrecionalidad.

No hay a la vista entre las precandidaturas expuestas intención de reforma al respecto. El silencio programático en unos y el reparto de cantos de sirenas para auditorios cautivos llenan la mayoría del contenido del discurso político, sobre la necesidad de una reforma al papel de la figura presidencial, que hoy está rodeada de limitaciones frente a poderes locales que demandan y exigen recursos, presupuestos, seguridad, obra pública, pero no están dispuestos a compartir responsabilidades frente al federalismo. La falta de un proyecto federal, construido desde las actuales condiciones de desmembramiento nacional, impide reformar para reconstruir.

El país está lleno de diagnósticos que se han convertido en lugar común. Todos tienen muy clara la descripción de los malos, pero la ciudadanía, salvo las conexiones clientelares, puede determinar quiénes son en verdad los buenos. En este panorama de negros y blancos, se ofrece la solución a los problemas endémicos del país, desde la fe y el poder presidencial, sin reformas. A futuro, sólo se construye el camino de las justificaciones, pues en la forma de proponer candidatos, partidos y gobiernos nada permite garantizar que desde los gobiernos enfrentados a sus oposiciones mayoritarias, puedan cumplir y desarrollar. Felipe Calderón, ya sea como justificación o como estrategia, gobierna con derrotas legislativas, pues ninguna de sus propuestas de reformas sobre derechos ciudadanos, medios de comunicación (apagón analógico), fiscal, etcétera, ha logrado imponer. Por eso, el papel para él y los que vengan es la vía del decreto que se gasta rápido y cada vez se limita más, pues no construye consensos.

Sin embargo, esto no es un esquema sólo dirigido al PAN, sino a todos los partidos, gane quien gane, pues el pantano sirve a la discrecionalidad, la corrupción y eludir las leyes caducas con hechos consumados que sirven a los poderes económicos locales y trasnacionales.

Sin reformas, no hay leyes actualizadas; sin éstas se imponen los intereses, el poder mayor frente al poder menor, lo económico sobre lo político, lo inmediato sobre la visión de largo plazo. Lo que debió ser un periodo de reformas a partir de la correlación de fuerzas políticas y legislativas en 2006 terminó dividiendo esa posibilidad y anulando la capacidad de reforma.

Lo que tenemos a la vista son los mismos actores que no supieron cumplir su papel de reformadores; ahora regresan como salvadores, frente a una realidad creada por ellos mismos.

Veamos y revisemos lo que ha sido construir desde la adversidad y el papel que han jugado las fuerzas para dividir desde la posibilidad. Es un juego donde las fuerzas se obstaculizan ellas mismas, inventando enemigos externos o internos, para justificar una y otra vez las derrotas. Mientras, el país real se convulsiona entre la violencia, la violación sistemática del estado de derecho y la promulgación de censuras mediante códigos, como los presentados la semana pasada por las televisoras mediante Iniciativa México.

Frente a esta suma de divisiones, alternativas aritméticas, que son como castillos de arena cuando se pretende construirlos con base en el aislamiento, en la ausencia de debate, sin la sustitución del razonamiento y la elaboración estratégica por actos de fe y personalizando las causas, sin cuestionar las estructuras.

Hoy está fácil coincidir en los diagnósticos, pero eso no resuelve nada ni construye por sí solo. El momento es para abrir el compás, los razonamientos, las opciones no propagandísticas ni clientelares, sino de la crítica y las propuestas de cambios profundos y estructurales.

Es regresarles a los conservadores y los intereses oligárquicos el mundo de la resistencia, del pasado, el patrimonio del retroceso y la restauración. No cabe hoy votar de nuevo por el menos malo y aceptar el secuestro de opciones. Los creadores de la polarización maniquea y viciada contribuyen a preservar la existencia de las estructuras e intereses, y para ello, cada vez que hay una posibilidad real, la anulan.

Hay que dudar de quienes, teniendo posibilidades, dividen. Hay que apreciar a los que desde las dificultades de hoy construyen.