Deportes
Ver día anteriorJueves 10 de marzo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

Prevén que el suizo sea relegido al frente de la FIFA el 1º de junio

Joseph Blatter cumple 75 años de vida y 13 de dirigir el futbol mundial
 
Periódico La Jornada
Jueves 10 de marzo de 2011, p. a15

Berlín, 9 de marzo. ¿Hasta cuándo, Sepp? Quizá ni él mismo lo sepa, porque Joseph S. Blatter cumplirá mañana 75 años con visos de eternizarse al frente del futbol mundial.

El suizo preside la FIFA desde 1998 y, salvo catástrofe bíblica, el primero de junio será relegido por otros cuatro años.

La FIFA es, para Blatter, su familia, casi una esposa. De ahí que mañana pase el día trabajando en su despacho en Zúrich, otros se lo tomarían con más calma para avizorar la recta final de una vida.

Blatter no. Él actúa como si tuviera toda una vida por delante, sonríe ante los que de tanto en tanto osan desafiarlo y, al final, siempre gana. Gana tanto, que a veces cree que puede hacerlo incluso más allá del futbol.

En marzo de 2003 el presidente de la FIFA se sentía invencible, capaz de cambiar 2000 años de historia y convencer al papa Juan Pablo II de aceptar el divorcio. Quería casarse con Graziella, amiga de su hija, entrenadora de delfines y 26 años más joven.

Dios es amor. ¿Es esta Iglesia también la del amor?, se preguntó Blatter en un escrito con destino final en la Plaza de San Pedro.

Como si se tratara de un partido de futbol, al final fue empate. El suizo no pudo quitarle el mote de pecadora a su tercera esposa, porque la Iglesia católica no varió sus prácticas milenarias y siguió considerándolo casado con su primera mujer. Pero como Blatter se separó a los pocos meses de Graziella, su enojo con el Vaticano terminó moderándose. En el fondo, no había perdido.

Nacido el 10 de marzo de 1936, su currículum oficial lo presenta como ex futbolista, aunque si se sigue leyendo las cosas son puestas en su justa medida: Jugó en la Primera división de aficionados en Suiza.

Nadie, en cambio, lo definiría como aficionado en su carrera de dirigente deportivo, porque hace casi cuatro décadas que controla resortes vitales en la FIFA. Entró a ella como director de programas de desarrollo, siempre a la sombra del precisamente sombrío Joao Havelange, escaló luego al puesto de secretario general y, en mayo de 1998, fue elegido presidente en una votación sobre la que 13 años después se sigue dudando de su limpieza.

Un tanto kitsch a veces –vistió un traje blanco en Las Vegas en 1993 para dirigir el sorteo del Mundial– el suizo es políglota, ya que habla alemán, francés, inglés, italiano y español.

Su federación incluye más países que las Naciones Unidas, maneja más dinero que muchos estados e influye como pocos organismos en la vida de la gente.