Opinión
Ver día anteriorSábado 4 de diciembre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Más música de México
C

on escéptico optimismo, he intentado estar pendiente de la improbable pero comprensible abundancia de estrenos de música mexicana realizados en los últimos meses por diversas orquestas.

Mi escepticismo está anclado en una sospecha que ya he ventilado aquí con anterioridad: que pasado 2010 y terminadas las patrioteras excusas para malgastar los recursos de la nación en festejos hueros y frívolos, las iniciativas para la promoción de la música nueva mexicana se van a convertir en cosa del pasado a una velocidad vertiginosa.

En este contexto, me parece particularmente importante que en este fugaz auge de encargos y estrenos han estado representadas algunas de las más importantes compositoras mexicanas de hoy.

Toca el turno de mencionar sendos estrenos de Marcela Rodríguez y Gabriela Ortiz, ambos realizados por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM).

El Réquiem mexicano, de Rodríguez, tiene la virtud de ser una obra que si bien le fue encargada con motivo de las efemérides de 2010, fue concebida bajo una visión totalmente ajena al festejo chabacano y a la conmemoración patriotera. Por el contrario, se trata de una composición que parte de la saludable premisa de que nada hay que festejar ni celebrar en estos momentos de total zozobra, decadencia y retroceso en todos los ámbitos de la vida nacional.

No sólo en el título de la obra, sino en la música misma, Marcela Rodríguez toma partido por una visión ásperamente realista (que no pesimista ni fatalista) que contradice potentemente las cuentas alegres y los fantasiosos panoramas de paz y progreso que los criminales (de ambos bandos, que quede muy claro) siguen tratando de vendernos.

Así, los textos elegidos por la compositora son de una crudeza desgarradora y rebasan por mucho el concepto convencional de una misa luctuosa, al ser el vehículo de reflexiones que apuntan sin duda a un panorama atroz que no ha cambiado mucho desde que aquellos vencidos de antaño (no muy distintos a los vencidos de hoy) dieron su visión de las cosas.

La música de este Réquiem mexicano es consecuentemente dura, contestataria y no exenta de una componente de desolación y amargura. Destacan sobre todo algunos interesantes recursos técnicos y expresivos de la parte coral, así como ciertos momentos muy bien logrados en el papel asignado al contratenor.

La propia OFCM estrenó, días después, Altar de fuego, de Gabriela Ortiz, partitura deslumbrante sobre todo por una experta y diversificada orquestación que supera, incluso, los logros de la reciente Luz de lava. Como siempre en la música de Ortiz, hay aquí un potente cimiento rítmico expertamente trabajado que, sin embargo, deja tiempo y espacio para episodios contrastantes que imparten un buen balance a la estructura de la pieza. La conclusión de Altar de fuego está bien construida y lograda.

En un multitudinario concierto, la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez estrenó a su vez El águila y la serpiente, de Luis Pastor, obra concebida bajo parámetros expresivos y técnicos tradicionales, con una vocación descriptiva que remite con frecuencia a la música fílmica.

En ese concierto, la Sinfónica desempolvó y repuso el poema sinfónico-coral Independencia, del catalán Luis G. Jordá, en 1910. La monumental obra acusa influencias diversas que van desde Berlioz hasta Saint-Saëns, pasando por Franck y Chaikovski; en su segunda parte vocal-coral, la obra de Jordá tiene un inesperado y potente sabor a zarzuela, y todo ello está complementado con una orquestación rica y variada, campanas, cañones, etcétera. Obra históricamente interesante, sí, y acústicamente llamativa, también, pero ciertamente no trascendente.

Recomiendo a mis lectores melómanos aprovechar lo que queda de este engañoso auge musical de 2010. La Orquesta Filarmónica de la UNAM ofrece este fin de semana la primera audición de Salón Calavera, de Jorge Torres Sáenz, y la Orquesta Sinfónica Nacional hará lo propio con Duelo de siglos, de Federico Ibarra, mientras que la OFCM estrenará Águila-Serpiente de Juan José Bárcenas una semana más tarde.