Opinión
Ver día anteriorViernes 29 de octubre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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omplicada cosa esta de la colaboración artística. En las tres películas en que Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga funcionaron como mancuerna director-guionista, respectivamente, era evidente la sinérgica combinación de intereses comunes entre ellos, al margen de los disparejos resultados de Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006).

Según se sabe de sobra, la ruptura profesional del dúo fue tan publicitada en los medios como si se tratara de Brad y Angelina. El asunto se ventiló con cartas, manifiestos firmados y declaraciones, encontrando su momento más elocuente cuando, durante la transmisión de la ceremonia del Óscar de 2007, se les veía incómodamente sentados uno detrás del otro, sin dirigirse la palabra.

Hasta ahora el marcador no ha favorecido a Arriaga. Ha realizado dos películas, El búfalo de la noche (2007, que se le debe acreditar a él, si nos atenemos a su postura de que el guionista es el verdadero autor) y Fuego (2008), vista aquí dos años después de su estreno en Venecia. En ambos casos se hizo demasiado notoria la ausencia de un director. Sin la habilidad y la maña de González Iñárritu para jalar al espectador dentro de una dinámica narrativa, los argumentos de Arriaga se vieron expuestos en su tendencia al esquematismo y la truculencia melodramática.

La expectativa era grande ante el cuarto largometraje de González Iñárritu. Biutiful está imbuido de la misma búsqueda de la redención cuando se ha tocado fondo, preocupación central en sus anteriores películas. La historia de Uxbal (Javier Bardem), se asemeja incluso al tercer episodio de Amores perros, al centrarse en un malviviente con conciencia, también movido por la culpa. Habitante de los bajos fondos de Barcelona, el protagonista se dedica a varios trapicheos de venta de drogas y trabajadores ilegales, además de fungir como severo pero amoroso padre de un par de niños y lidiar con su bipolar esposa (una crispante Maricel Álvarez). Encima de todo, Uxbal está desahuciado de cáncer y su situación se agrava cada vez más (según nos muestran las repetidas escenas en que orina sangre).

Salvo un enigmático prólogo que encontrará su sentido al final, Biutiful sigue un trazo lineal cuya progresión está marcada por el gradual hundimiento de Uxbal en problemas cada vez mayores. Escena tras escena presenciamos el deterioro físico del personaje –interpretado con pesadumbre por Bardem– mientras se aproxima a su momento de redención espiritual.

El problema es que, desprovista de una funcional estructura narrativa como las creadas por Arriaga –muy útiles a la hora de propulsar el relato y disfrazar lo inverosímil– la película se siente demasiado densa en su monotonía, así como previsible en sus giros melodramáticos. Hacia su parte final, Biutiful agoniza en la misma medida que Uxbal. Aunque ciertamente hay energía en la resolución visual de la historia, no es suficiente para trascender las limitaciones dramáticas. Por otro lado, el tratamiento estético de la imagen, debido a la lustrosa fotografía de Rodrigo Prieto, se vuelve contradictorio a sus intenciones. ¿Es necesario –o incluso adecuado– que la miseria se vea tan fotogénica?

Poco después del estreno de Biutiful en Cannes, se vio en las pantallas televisivas del mundo un comercial de Nike, realizado por González Iñárritu. Es quizá lo mejor filmado por él hasta ahora. De eficacia indiscutible, el comercial mostraba a diversas figuras internacionales del futbol en una imaginaria disyuntiva entre triunfo y fracaso. De cierto valor profético –ninguno de esos futbolistas tuvo un papel notable en el Mundial– el corto mostraba inventiva y humor, un sentido lúdico que el cineasta ha decidido obviar en esta película, obligado por una forzada necesidad de trascendencia.

No está uno para hacer recomendaciones a Arriaga o González Iñárritu, ni pronósticos sobre su carrera. Sólo esperemos que no se conviertan en la versión cinematográfica de Los Polivoces; es decir, tan simbióticos en su desempeño profesional que su independencia resulte contraproducente.

Biutiful. D: Alejandro González Iñárritu/ G: Alejandro González Iñárritu, Armando Bo y Nicolás Giacobone, basado en un argumento de González Iñárritu/ F. en C: Rodrigo Prieto/ M: Gustavo Santaolalla/ Ed: Stephen Mirrione/ Con: Javier Bardem, Maricel Álvarez, Eduard Fernández, Diaryatou Daff, Cheick Ndiaye/ P: Menage Atroz, Focus Features, Televisión Española, Televisión de Catalunya, ICAA Ministerio de Cultura, Ikiru Films. España-México, 2010.