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El cirujano plástico ofreció una conferencia con motivo de su doctorado honoris causa

En la ciencia médica deben rechazarse los dogmas, afirma Fernando Ortiz Monasterio
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Fernando Ortiz Monasterio, durante su conferencia, a la que también asistió Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAMFoto Marco Peláez
 
Periódico La Jornada
Martes 28 de septiembre de 2010, p. 3

Aun en el consultorio, un médico debe pensar como científico. Es inaceptable que no sea así, que no pregunte, dude ni analice, sostuvo Fernando Ortiz Monasterio, quien fue reconocido como doctor honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El llamado padre de la cirugía plástica mexicana, quien ha especializado su trabajo en la atención a personas con malformaciones genéticas, como labio leporino, sostuvo que en la ciencia médica se deben rechazar los dogmas.

Al impartir la conferencia magistral La investigación clínica en el ejercicio profesional, con motivo de su investidura como doctor honoris causa en el contexto de los festejos por el centenario de la UNAM, Ortiz Monasterio llamó a los estudiantes de medicina a cuestionar todo.

No crean en nada; los dogmas deben ser inaceptables para ustedes; lo que diga yo, los libros o revistas no lo acepten, cuestiónenlo. Convocó a los especialistas médicos a escuchar las nuevas ideas, mantener la creatividad, el rigor, la pasión, buscar la excelencia y el sueño imposible, porque siempre habrá algo mejor.

Preguntar, investigar y observar

Ante estudiantes, profesores, directivos y colegas, como el doctor Ruy Pérez Tamayo, en el auditorio Raoul Fournier de la Facultad de Medicina de la UNAM, Ortiz Monasterio aseguró que es inaceptable que los médicos no piensen como científicos y dejen de preguntar, investigar, observar y generar conclusiones en su trabajo clínico.

Dijo que sólo actuando como investigadores los médicos transitarán por la ruta para generar nuevo conocimiento y ofrecer alternativas a los pacientes, en especial a quienes viven con daños congénitos.

El trabajo y las investigaciones realizadas en más de 50 por años Ortiz Monasterio han beneficiado a miles de pacientes, cuya vida se ha transformado. Ortiz Monasterio ha atendido a niños con un hueco en el sitio del labio posterior de la boca, con nariz deformada o dividida en dos partes; a adultos cuyos ojos se salen del rostro porque las cuencas craneales son insuficientes para alojarlos; personas sin barbilla o con notable asimetría de ojos, nariz y boca, a quienes les ha ofrecido una alternativa de simetría y funcionalidad estética.

Egresado de la Facultad de Medicina, en la que es docente desde 1957 y profesor emérito a partir de 1994, Ortiz Monasterio creó un método original, que se aplica en varios países, para corregir el labio leporino y el paladar hendido mediante una cirugía cráneo-facial. Con esta técnica ha operado a más de 24 mil niños para corregir malformaciones congénitas que afectan el lenguaje, la estructura del rostro y la autoestima.

Para ser médicos exitosos, dijo, se tiene que trabajar muchas horas los siete días de la semana.

Entrevistado al final de la sesión, dijo que no debe hacerse diferencia entre cirugía plástica y reconstructiva. Toda es medicina estética; ese concepto se debe aplicar a todo: a las malformaciones, las heridas, las reconstrucciones. Está de moda, la gente quiere verse más guapa, lo cual está justificado; tener más bonita la nariz o borrar los estragos causados por el tiempo en rostro o embellecer unas mamas deterioradas por los embarazos y así devolver sensación de bienestar a un paciente. Si hago una reconstrucción de mama a una paciente que la perdió por un cáncer, mi objetivo es lograr una mama tan bonita o más que la original; si atiendo una malformación, no acabo hasta que no tengo un niño guapos.

Prometedora herramienta

Consideró que las investigaciones en genética son el futuro de la medicina. En el campo de la estética permitirán conocer cuáles son los genes responsables de las malformaciones. Algún día haremos manipulación genética y podremos evitar las malformaciones o diagnosticarlas tan temprano que podríamos recomendar a las personas no tener niños o interrumpir embarazos.

El doctorado honoris causa de la UNAM, que recibió el jueves pasado, es el mejor reconocimiento que he tenido en mi vida.