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Polémico e incorregible, desde los 32 años sacudió a Hollywood

Murió Dennis Hopper, la leyenda de Easy Rider

El actor, director, fotógrafo y pintor acumuló fracasos durante años

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El actor Dennis Hopper posa para la prensa sobre una moto Harley Davison en una expo realizada en Hanover, Alemania, en el año 2000Foto Ap
 
Periódico La Jornada
Domingo 30 de mayo de 2010, p. 7

Nueva York, 29 de mayo. Para el cine fue una suerte, para la medicina casi un milagro que Dennis Hopper pudiera celebrar hace unas dos semanas, el 17 de mayo, su cumpleaños número 74.

Murió el viernes por la noche en Venice, California. No dejó de lado nada en su vida: le gustaron el alcohol y las drogas así como los autos rápidos y las grandes motos.

Sus cuatro hijos tienen madres distintas. Tuvo cinco matrimonios, todos ellos fracasaron. Era rígido e incorregible, tuvo varios reveses y así y todo revolucionó el cine. Con Dennis Hopper murió un gran actor, un respetado fotógrafo, pintor y sobre todo un poderoso director.

Nació en una granja en Dodge City, Kansas, estado de héroes del revólver en tiempos del oeste salvaje. Sin embargo, no se quedó ahí. Su familia se mudó a California, donde la actriz Dorothy McGuire le recomendó intentarlo en Hollywood.

Después de un par de papeles en televisión, Hopper conoció a otro joven actor y actuó en sus películas. Se trataba de James Dean y las películas fueron los clásicos Rebelde sin causa y Gigante. Dean y Hopper compartían la pasión por la vida, el placer, la velocidad, las motos y los autos. Sólo uno de ellos sobrevivió a esa pasión juvenil.

Triángulo perfecto

A pesar de haber estudiado en la escuela de Lee Strasberg, sólo obtuvo papeles secundarios hasta que conoció al hijo del gran Henry Fonda. Junto a Peter concibió la idea de dos motociclistas que viajaban por el sur con sus increíbles vehículos.

Los dos sumaron al viaje –tanto en la ficción como en la realidad– a otro joven actor llamado Jack Nicholson. Los motociclistas de Easy Rider, con la música de Steppenwolf, el inconformismo y su propia oscuridad se convirtieron en una obra que fue icono para toda una generación y símbolo de libertad.

Hopper, director y coprotagonista –junto a Peter Fonda–, logró a los 32 años y con un presupuesto de apenas 400 mil dólares fundar una nueva Hollywood. A partir de ese momento las películas debían tener un espíritu rebelde y ser críticas con la sociedad. Hordas de directores quisie- ron ser como Hopper.

Incorregible, apostó a sus propios proyectos y tuvo un fracaso tras otro. Ningún estudio quiso volver a aceptarlo, ningún director quiso darle un papel. Hopper pasaba mucho tiempo en Europa, tomaba demasiado y consumía muchas drogas. La opinión pública podía ver en las revistas fotos cuando fue detenido por manejar a alta velocidad, pero ninguna de sus películas.

Hasta su papel como el brutal Fran Booth en Blue Velvet, de David Lynch, en 1986, Hopper logró su regreso y recibió incluso una nominación al Globo de Oro. Dos años después volvió a lograr el éxito como director con Colors (1988). Volvió a actuar en papeles secundarios hasta que en 1994 encontró en el malvado Howard Payne de Speed nuevas y simpáticas formas de expresar una loca amenaza, publicó Entertainment Weekly.

Ahora la generación formada al calor del movimiento hippie conocía a este genial cabeza dura. Hopper hacía tan bien de malvado que los espectadores le perdonaron su papel anterior como despótico rey Koopa en la película basada en el juego de Nintendo Super Mario Bros (1993). Hopper lo llamó el peor error de su carrera.

Cuando fracasó su matrimonio con Victoria Duffy, 32 años menor, Hopper ya estaba moribundo. En octubre había dado a conocer que sufría de cáncer de próstata. Uno de sus últimos papeles fue en Palermo Shooting, de Wim Wenders.