22 de mayo de 2010     Número 32

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Rústicos de Chihuahua


FOTO: Enrique Pérez S. / ANEC

Tratado de libre comercio, transgénicos
y migración, nuestros retos

Pedro Torres, coordinador del FDCCh

Nací en el ejido de Agua Fría, del municipio de Bachíniva. Mi familia es campesina, originaria de este ejido y allí nos mantenemos. Me involucré en el movimiento campesino a mediados de los 80s, cuando tenía 25 años de edad, mis papás ya participaban en él y la mayoría de mi ejido y en general del noroeste de Chihuahua luchaban por mejorar los precios del maíz y del frijol. En mi comunidad también la lucha era por resolver un problema de tenencia de la tierra, y fue así como nuestro movimiento, junto con otros locales conformaron el Movimiento Democrá tico Campesino, el cual se convirtió en el Frente Democrático Campesino de Chihuahua (FDCCh) en 1993. La lucha que teníamos en los 80s era muy fuerte y muy particular de nuestra región donde los campesinos son temporaleros; tomamos más de 60 bodegas de Conasupo y no recuerdo que en otros estado del país ocurriera algo similar.

Después, como FDCCh, seguimos dando lucha para enfrentar la apertura comercial; nos movilizamos, tomamos puentes (...) Advertimos que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) nos iba a afectar a los pequeños productores de granos de temporal, y ahora vemos que sí los afectó y afectó a todo lo que es pequeño: a los pequeños comerciantes, a los pequeños industriales, e incluso a otros de escalas mayores, como los agricultores medianos de riego y a otros sectores como los lecheros y los manzaneros.

Con el TLCAN totalmente abierto, vemos que esa lucha estuvo perdida, aunque no claudicamos y ahora estamos luchando por proteger nuestros maíces, ante la amenaza de la siembra e importación de transgénicos, y también denunciamos las prácticas que llevan a la concentración de la agricultura, como son los apoyos que están recibiendo preferencialmente los menonitas para perforación de pozos de riego, o las prebendas que obtienen las trasnacionales para la comercialización de los productos agrícolas.


FOTO: Enrique Pérez S. / ANEC

A mediados de los 80s en nuestro ejido teníamos muy buena actividad en la producción de maíz y frijoles criollos, pero ha pasado el tiempo y con la apertura comercial ya se han abandonado casi totalmente estos cultivos debido a la apertura comercial, a los bajos precios y a la alta productividad que hay en los maíces híbridos de riego. También ha infl uido la competencia de frijoles pintos estadounidenses. Ahora muchos productores están enfocados principalmente a la avena para uso forrajero y a la ganadería (becerros para exportación) como segunda actividad, pues tenemos agostaderos amplios. La situación ha cambiado bastante en estos 25 años. Y es cierto que dejar de producir maíz y frijol atenta contra nuestra soberanía alimentaria y la de todo el país.

Ahora el frijol sólo se produce en pocas regiones, en los municipios de Cuauhtémoc, Guerrero, Namiquipa y Cusihuiriachi, donde las tierras son favorables para la leguminosa. Y los maíces criollos (tulancingos, perlillos, azules, chocarreros, hembras, apachito) siguen presentes en varios municipios como Gómez Farías, Madera, Zaragoza. El apachito es nativo de la Sierra Tarahumara.

Aparte de cambiar el tipo de producción, la consecuencia de la apertura comercial en mi región y en Chihuahua en general, es la enorme migración. Hay ejidos, comunidades rurales que se han vaciado en 50 por ciento, y así se puede ver en los censos de población, muchas escuelas han cerrado, hay jóvenes que se han orientado al narcotráfi co por falta de oportunidades, y todo esto provoca las condiciones de inseguridad actuales.

Yo estudié el bachillerato y tengo una carrera técnica pecuaria, tengo tres hijas, de 25, 20 y 16 años de edad y un niño de 11. Estamos viviendo en el campo, nuestra actividad es campesina y no pensamos retirarnos de la comunidad (LER).


FOTO: Enrique Pérez S. / ANEC

Trabajo con los campesinos,
“un plantón permanente”

Madre lolita (Dolores Gallegos),
cooperativa El Ranchero Solidario

Llegué a Anáhuac a fines de 1986 como religiosa misionera y el padre Camilo Daniel me presentó con las comunidades; ya estaba la organización, la Unión para el Progreso de los Campesinos de la Laguna de Bustillos (Upcala). Les dije: “estoy para lo que se les ofrezca” y no pasaban aún ocho días cuando se les ofreció que los acompañara a tomar oficinas; participé con ellos en una lucha muy fuerte del Movimiento Campesino Democrático de Chihuahua (el cual fue antecedente del FDCCh) por precios de garantía para el maíz y el frijol. Esa movilización derivó en una marcha a pie desde Anáhuac hasta la ciudad de Chihuahua, donde estuvimos en plantón casi mes y medio. Yo había llegado a Anáhuac para hacer labor religiosa, pero mi manera de pensar es que si se ofrece algo de luchas, pues participo. No les digo “váyanse, yo me quedo aquí rezando”. Los campesinos vieron que yo era buena administradora, pues manejé el dinero del boteo. Ya entonces el padre Camilo había iniciado la cooperativa El Ranchero Solidario de la Upcala con la intención de comercializar los granos que cosechaban los miembros de la Unión. Pero era algo muy pequeño, era una tiendita en la sacristía. Los campesinos le dijeron al padre que la cooperativa seguiría sólo si yo aceptaba acompañarlos. Lo pensé porque eso iba a ser un “plantón permanente”, y así lo ha sido. Tengo hoy 71 años de edad y aquí sigo. Yo me considero miembro del FDCCh, pero desde esta trinchera. Mis ancestros son campesinos de esta zona de Anáhuac que es la puerta de entrada a la Sierra Tarahumara, pero yo me crié en Delicias. Desde que abrí los ojos yo viví en el ambiente del comercio, pues mis padres vendían calzado, ropa y abarrotes; yo estudié una carrera técnica de comercio, lo que hoy le llaman contabilidad. Así, al empezar a trabajar en la cooperativa, visité empresas que mis padres conocían, retomé la cosa del comercio... ¡y yo que pensaba cuando me fui de la casa familiar que nunca iba a volver a esto! Llevo así ya más de 23 años con los campesinos; la cooperativa tenía poquito capital y lo que hice fue incorporar puros productos básicos, saqué toda la comida chatarra, y empezamos a comprar todo a granel, royal, canela, harina, para empacarlo todo nosotros mismos y que los campesinos pudieran comprar más barato y más cantidad. Fue tanta la euforia por la cooperativa que todo el pueblo comenzó a comprar con nosotros e incluso cerraron algunos supermercados. Registramos a todo el pueblo como socios y clientes.

La cooperativa es de la Ucala, pero yo he dado talleres a compañeros de otras agrupaciones del FDCCh para que pongan sus cooperativas. Más o menos hemos dado asesoría a 20 pero sólo perduran tres cooperativas, en Temósachi, en Creel y en Cerocahui. No sobreviven todos los proyectos porque no es fácil trabajar en común. Si yo perduro es porque Dios así lo ha permitido.

El principio de la cooperativa ha sido que el producto del campo vaya directamente al consumidor sin intermediarios, porque desde que cerró Conasupo y desaparecieron los precios de garantia, los coyotes se aprovechan de los campesinos y nosotros no tenemos los recursos sufi cientes para comercializar todo. Ahora afortunadamente un nieto de un fundador de la cooperativa, Felipe Ruelas, tiene un proyecto de comercialización. Lo que hacemos en la cooperativa es que cuando los socios terminan su periodo de cosecha nos reunimos a ver cuánto levantó cada rancho, iniciamos las compras con los más necesitados y luego abrimos la puerta a todos, hasta donde la cooperativa pueda comprar. Los que quedan fuera van con Felipe Ruelas.

Respecto de los alimentos que vendemos, seguimos con la fi losofía de cero chatarra y tenemos alternativas, como son “churritos” de amaranto que nos mandan desde Tehuacán, Puebla, y también comercializamos café orgánico de la UCIRI, de campesinos del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y papas de aquí, guisadas por un señor que vive en Cuauhtémoc.

Queremos promover una conciencia social, ecológica y alimentaria. Luchamos por eso.

Yo veo que los campesinos sufren porque el campo requiere mucha inversión pública para mejora de las tierras, y no llega. Lo que reciben es el Procampo, pero eso no alcanza para nada. Un campesino me decía “con los 10 mi pesos que voy a recibir del Procampo voy a pagar una operación que necesita mi señora”. Veo que ha bajado mucho la producción de maíz y frijol. Hay gente no campesina que se queja y dice “me quemo las pestañas”, y yo digo los campesinos se queman los pies, las pestañas y todo, veo sus manos, cómo trabajan, y cómo requieren ayuda. También hace falta que el gobierno dé acompañamiento a las cooperativas. Nos dan trato como si fuéramos cualquier empresa capitalista. Falta que el gobierno asuma su responsabilidad y nos ayuden a servir mejor a los campesinos (LER).