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Javier Guerrero hace un estudio más humano del ex presidente

Nueva biografía de Juárez lo analiza lejos del estereotipo
 
Periódico La Jornada
Domingo 14 de marzo de 2010, p. 3

Por comodidad y tal vez hasta por pereza, los personajes históricos suelen terminar reducidos a clichés. Así, Hidalgo siempre es evocado como el anciano calvo que dio el Grito; Zapata, el campesino bigotón y ceñudo a caballo; la Corregidora, una mujer que invariablemente aparece de perfil, seria y con la mirada al horizonte.

En el caso de Benito Juárez, su apariencia de estoicismo incluso valió para acuñar una frase popular: me hace lo que el viento a Juárez. Sin embargo, este presidente fue más que una imagen inmutable. Fue, sobre todo, sus acciones, sus pensamientos e incluso sus errores.

Para quitar el velo de ignorancia tendido por los estereotipos, el historiador Javier Guerrero escribió el libro La impasibilidad cuestionada de Juárez, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el cual busca hacer un retrato más humano y real del Benemérito de las Américas, y al mismo tiempo explicar el contexto que le tocó vivir.

A Juárez siempre se le ha representado como hierático, inconmovible, como si fuera una estatua egipcia. Como si no pudiera rascarse o decir: tengo ganas de ir al baño. Han salido miles de libros sobre él y todos dan la misma imagen, afirmó Guerrero en entrevista con La Jornada.

Es por ello que le pareció necesario hacer un estudio, dirigido en un principio a lectores jóvenes, que hablara de las coyunturas y altibajos políticos del oaxaqueño.

Juárez reaccionó de maneras muy diversas. Es una persona que de ninguna forma tiene asegurado un sólo perfil sicológico permanente. Junto a sus aciertos, tuvo también muchos berrinches, ataques de histeria y manifestaciones de su impasibilidad, detalló el autor.

Su actuación histórica, más que su apariencia o su mito, es lo que le interesa analizar a Guerrero. Cómo se insertó México en el surgimiento del capitalismo, cuáles eran las diferencias dentro del mismo bando liberal, cómo defendió la integridad territorial del país, a pesar de que algunos sectores lo acusan de ser un presidente proyanqui.

Una de las contradicciones del régimen juarista, apuntó Guerrero, es la forma en que trató de alcanzar una uniformidad social a costa de todo y basada en el mestizaje, rechazando al mismo tiempo la herencia española –a la que consideraba bárbara y destructora– y la indígena, supuestamente nociva y anacrónica.

Los contrasentidos de un hombre de su época y su lugar: un indio zapoteco que fue blanco de las burlas racistas de sus compañeros y que trató de favorecer la inmigración europea; un estadista que permitió un verdadero pluralismo político, pero que al debilitar al poder legislativo (dominado por caciques locales) sembró el germen de la dictadura de Porfirio Díaz.

Para Javier Guerrero, hay que bajar del pedestal a los héroes para entenderlos mejor, pero sin llegar a demeritar sus logros y avances, como han hecho algunos representantes de los sectores más reaccionarios del país.

De la misma forma en que se ha acusado a Hidalgo de no tener ninguna reivindicación social, se ha dicho que Juárez nunca supo lo que hizo y tomó solamente medidas erróneas. Se dice que los liberales se la pasaban saqueando y matando, y tal vez algunas cosas sean ciertas, pero así son todas las guerras civiles. En todos los bandos siempre hay tropelías.