Opinión
Ver día anteriorDomingo 7 de marzo de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Páginas de diario
D

el testimonio completo que tengo de la ocasión, extraje sólo el encuentro Octavio Paz/Augusto Monterroso porque ya me ha tocado oírlo tergiversado, y creo que para la pequeña historia de la literatura mexicana amerita conocerse con exactitud.

La noche del martes 19 de enero de 1982, Lydia y José Luis Martínez, entonces director del Fondo de Cultura Económica, celebraron con un coctel en su casa el cumpleaños número 64 de él con un grupo de amigos. Los invitados eran tantos que de pie y algo apretujados ocuparon, aunque no sin movilidad, dos salones amplios en dos niveles, el de arriba y el de abajo.

En el de abajo y de frente a la puerta, se encontraba Augusto Monterroso con, de espaldas, Juan Rulfo, Fernando Benítez y las esposas respectivas, cuando Octavio Paz, que en eso entraba con Marie Jo, cruzó la vista con AM y, casi sin saludarlo, fue a incorporarse con la gente del salón de arriba. En un momento dado, AM subió al piso superior y, al verlo, OP se le acercó y le dijo: Quería disculparme por haberte saludado tan mal, pero estabas rodeado de sapos y tuve que irme. ¿Sapos? ¿Qué sapos?, preguntó FB, que se les había reunido. Ese Rulfo, que tiene dientes, pero no palabras, contestó OP. Para cambiar de tema, Benítez preguntó a Paz por sus manos, que se había fracturado unos meses antes. Están tan bien que le rompería la cara a ese sapo. FB se retiró y OP retomó el diálogo con AM y, a la vez que sugería o tanteaba si tutearse, le explicó: Yo nunca hablo contigo porque un día me dijiste, en no sé qué fiesta, que Fidel Castro es un dios, y yo no puedo hablar con gente que piense así. Ni siquiera Dios es sagrado. Y FC, menos. AM: Yo no te dije eso. OP: Sí; me lo dijiste. AM: No lo dije. Si lo hubiera dicho, no lo negaría. FC es un político; se defiende solo. No te lo pude haber dicho por una razón: tú no me dejaste hablar.

(Mezclaban antecedentes: cuando tiempo atrás AM, desde casa de M.A. Montes de Oca, no había pasado al teléfono a hablar con OP, porque, explicaba: Yo no quería que M. de O. me comprometiera contigo en el caso Padilla, y cuando, después de esto, en la boda de la China Mendoza, en casa de Héctor Azar en Atlixco, AM se había acercado a disculparse con OP por no haberlo atendido aquella vez por teléfono, y OP, que no le había tendido la mano, le había espetado: No voy a hablar con usted, porque usted es enemigo de la libertad.)

Pero OP insistió en que AM era defensor de FC y le advirtió: Te vas a ir al infierno, a lo que AM repuso: Me encontraré con Rimbaud; OP protestó: Con Rimbaud, no; “Bueno –concedió AM–; con Dante, y no es mala compañía”. Con Dante sí, aceptó OP. Luego, OP le reclamó a AM que no hubiera hablado nunca de Cuba y, a su vez, AM le reclamó a él que él no se hubiera referido nunca a Guatemala. OP: No, de Guatemala no hablaré. Es peor lo de Polonia. Es peor lo de Guatemala. Hablo de Guatemala porque es lo que me toca a mí, es lo que tengo más cerca. En Guatemala se está viviendo el verdadero infierno. El infierno está en Polonia, cerró OP, y cambió de tema: Tú eres muy buen escritor, le sonrió a AM; eres muy inteligente. Yo firmaría lo que escribes. Eres La Fontaine en prosa. Gracias, gracias. Lo sé. Yo te respeto, poeta. Te admiro como poeta, pero divergimos respecto de otros puntos. Sí; divergimos. No me digas que me respetas, ni nada. Yo soy la basura de la historia; soy un apasionado: de joven fui un marxista apasionado. Hoy soy un apasionado de la libertad. Esta es la peor época. Todas las épocas son iguales. Ésta es la peor sólo porque es en la que nos tocó vivir, pero todas son iguales. Tú eres un escéptico. Eres muy buen escritor, pero te gusta Neruda, como a tu amigo, ¿cómo se llama? Tu amigo colombiano. ¿Mutis? No. Mutis es mi amigo; él piensa como yo. Tú piensas como tu amigo el escritor colombiano. Nosotros somos escritores, poetas. Los políticos se defienden solos, concluyó AM.