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Es el primer fotógrafo del que editorial La Fábrica publica un catálogo con sus obras

Madoz subvierte la esencia de los objetos y crea lírica visual

El libro consta de 300 imágenes, una cronología de su carrera y textos de críticos

Nadie, salvo él, es capaz de convertir una rosa en un enchufe, afirma el responsable de la publicación

Foto
Madoz extrae de los objetos cotidianos una poesía amableFoto Tomada del catálogo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 26 de diciembre de 2009, p. 2

Madrid. Una imagen callada y poética que cobra vida, cual alquimia profética, en el objeto sometido hasta subvertir su esencia. La fotografía de Chema Madoz es alquimia, enigma, poesía, silencio, laberinto, sencillez y abrigo. Es, para muchos especialistas, un artista heredero de la mejor tradición de la poesía visual, capaz de convertir una hoja de papel doblada por la mitad y un lápiz en la partitura imaginaria de una sinfonía por escribir.

Chema Madoz nació en Madrid en 1958 y se dedica de lleno a la fotografía desde 1990. En aquella época, cuando todavía tenía dudas sobre su lenguaje y su vocación fotográfica, se encontró de bruces con una imagen que le abrió definitivamente los ojos sobre su futuro: una escalera de madera recostada en un espejo cortado por la mitad, que se convirtió a la postre en una de sus imágenes más conocidas.

Con 20 años dedicado a la recreación de imágenes mentales de poemas visuales captados con su cámara fotográfica, Chema Madoz se ha convertido en el primer fotógrafo del que la editorial La Fábrica publica un catálogo con sus obras maestras. Pero también, además de la publicación de imágenes que van desde sus orígenes hasta lo que llama su periodo de madurez, hay una serie de textos que dan cuenta de la evolución estética y, sobre todo, del hallazgo que representa este fotógrafo en el arte actual, al tener un lenguaje tan singular y evocativo.

El hijo nonato de Borges

Duane Michaels escribió un poema sobre el artista que lo define, incluso desde su nombre: “Chema podría atar las cuerdas de una guitarra a una estrella y tocar música en el espacio con nubes de encaje de arañas.

“Madoz vive en el interior de un espejo y observa el mundo boca abajo y del revés… Sin duda debe ser el hijo nonato de Borges”.

Chema Madoz manipula, inventa y fotografía objetos. En palabras de su editor, su trabajo es un despliegue de interminable entelequia que desencadena una creación de imágenes en cadena. Definido como poeta visual, las asociaciones que desarrolla partiendo de cosas tan usuales como una llave, una piedra o una escalera han desembocado en un torrente de creatividad. Imágenes en blanco y negro, con objetos inertes como sujetos, rodeados de un vacío que parece estático, donde nunca pasa nada, crean asociaciones que despiertan la curiosidad del espectador y que se han inspirado en lo cotidiano. Ingenio y sensibilidad es su sello identificativo.

Sus figuras literarias crean un discurso artístico que es fotografía, escultura y poesía. Madoz se ocupa de alterar la percepción inmediata al crear otra diferente en la que el espectador participa.

Nadie, salvo él, es capaz de convertir una rosa en un enchufe, una castañuela en una ostra o una cuchara en un tenedor. La fotografía explotada al máximo para crear lírica visual, asegura Chema Conesa, responsable de la publicación.

A la vista del inconsciente

El libro consta de 300 fotografías y una cronología pormenorizada de su trayectoria vital y artística, además de textos reveladores sobre su obra. Como el de la crítica e historiadora del arte Estrella de Diego, quien sostiene que “la obra de Madoz parece a veces un apabullante gabinete de ciencias naturales en el cual las metáforas se camuflan y se persiguen. Nos persiguen. Camuflarse. O mejor aún. Regresar a lo prístino como nadie lo habría sospechado. Conchas invertidas en mariposas, hormas de madera para zapatos que regresan a sus orígenes y se llenan de raíces haciéndose árbol; castañuelas que guardan en sus entrañas una perla… Cada cosa es lo que fuera y lo que hubiera podido ser; lo que es en ese lugar de lo no visible con los ojos y sí con el inconsciente, experimento de la existencia que, descubierto en su nueva vida, parece haber pertenecido siempre a esa franja, a esa esencia.”

Christian Caujolle sostiene por su parte que Chema Madoz extrae de los objetos cotidianos o de sus imágenes visuales una poesía amable que nos obliga a replantearnos nuestra tendencia a la convención. Subvertir la esencia de las cosas, de los objetos. Citar con su cámara y su mirada singular a los misterios de la alquimia, pero también a la sencillez que se vuelve abrigo, calidez, y al laberinto que se vuelve duda, misterio.