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Ver día anteriorSábado 14 de noviembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Discantus en Puebla
P

uebla, Pue. Concluyó hace unos días en esta ciudad el festival Discantus, que en su denominación oficial deja bien clara su loable intención: Escenarios de la nueva música. No deja de ser estimulante encontrar en el interior del país nuevos espacios para la discusión, promoción y divulgación de la música contemporánea.

En esta, su segunda edición, Discantus ofreció, además de la serie de conciertos que formaron su columna vertebral, conferencias, encuentros y talleres a cargo del contrabajista italiano Stefano Scodanibbio, el flautista estadunidense Robert Dick, la pianista alemana Ursel Schlicht, el pianista y compositor mexicano Eugenio Toussaint y el grupo francés 2e2m, entre otros.

Una revisión integral de la programación de los conciertos permite confirmar que, en efecto, Discantus se ha comprometido a fondo con la música de hoy y que, además, ha tenido el buen tino de no olvidar músicas ya establecidas en los repertorios moderno y contemporáneo. Así, junto con obras muy nuevas de diversas latitudes, el festival programó obras de Caplet, Ibert, Ohana, Martin, Gaubert, Berio, Takemitsu, Chávez, De Falla, Turina, Shostakovich, Khachaturian y Erb.

Es importante señalar que en esta segunda edición de Discantus se dio tribuna amplia a la música nueva de México, y que tanto las actividades académicas como los conciertos recibieron a públicos numerosos e interesados, algo que no siempre ocurre ante propuestas análogas en otros espacios.

El concierto ofrecido por el Trío de Las Américas en el Teatro de la Ciudad en el contexto de Discantus fue una buena muestra de las principales líneas de conducta del festival. Como una especie de preludio telonero, el contrabajista Israel Pantoja ofreció la pieza Jauría, de Alejandro Reyes, combinación electroacústica en la que la síntesis de perros pre-grabados y contrabajo en vivo no fue siempre eficaz, a pesar de algunos momentos bien logrados y de sugestivo contenido irónico. Lo medular del programa estuvo cubierto (y bien cubierto) por tres obras en estreno absoluto, producidas a través del interesante y fructífero programa Prácticas de Vuelo implementado fundamentalmente por el CMMAS de Morelia y el Festival Internacional Cervantino, un programa orientado sobre todo a la producción electroacústica y acusmática, y que promueve la audición casi inmediata de las obras realizadas bajo su manto protector.

Gravitazione, de Wingel Pérez (violoncello y electrónica) es una obra expresiva, dramática y muy gestual, en la que ambos mundos sonoros están bien integrados. El buen resultado de esta pieza fue reforzado por la comprometida ejecución del violoncellista Juan Hermida.

Oscilaciones en tiempo para trío y cinta, de Ricardo Durán, presenta materiales muy estructurados, tanto en lo instrumental como en lo electrónico, y procede a partir de un buen balance entre las homogeneidades y las discrepancias. Sidereus Nuncius (trío y cinta) de Mario Duarte logra numerosos pasajes de buen ensamble entre el trío de violín, violoncello y piano y el material pregrabado, particularmente en su colaboración con el teclado. Bien resueltos, también, otros diálogos individuales entre la cinta y los instrumentos, en los que se perciben solidez y coherencia en el concepto y en la realización.

Del compositor iraní Behzad Ranjbaran, el Trío de Las Américas tocó Shiraz, obra que presenta motivos y gestos folklóricos en diverso grado de estilización y transformación, que por momentos recuerda a lo lejos el trabajo de su compatriota Reza Vali.

El programa inició con una buena ejecución de Círculo, de Joaquín Turina, abordada por el trío con buen tino para exponer la vertiente expresiva y la pintura impresionista que habitan en la pieza. Para concluir, el Trío de Las Américas hizo una versión comprometida y potente del Trío No. 2 de Shostakovich, bien perfilada en el contenido e intención de cada una de sus partes, y bien lograda en su versión de la agria y desolada danza de judíos del último movimiento.