Opinión
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A la mitad del foro

Todos los gatos son pardos

E

rase que se era un contrato colectivo. Desapareció por arte de birlibirloque durante el asalto nocturno a las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro a cargo de las heroicas fuerzas policiacas que combaten el crimen organizado. Acto de guerra. Tomadas las plazas, se publicó una edición extraordinaria del Diario Oficial de la Federación: ¡extra, extra!, por decreto presidencial se extingue Luz y Fuerza del Centro, creada en 1994 por otro decreto presidencial, después de largos años de ser una empresa en liquidación. César Nava decidió dar al césar lo que es del césar y declaró urbi et orbi que Felipe de Jesús Calderón es un valiente. Ave César, los que vamos a aplaudir.

Hubo, conforme a usos y costumbres, gran campaña mediática para mostrar a las personas, habitantes del reino del revés, donde decir pueblo es síntoma de nostalgia por el lenguaje del siglo XX, que en el centro del país vivíamos en penumbra por los abusos de la aristocracia obrera sindicalizada, del SME, de las prebendas y pagos extraordinarios; la indolencia, deshonestidad, incompetencia de trabajadores que, para colmo, se jubilaban con 100 por ciento del sueldo que percibían en el momento de su retiro y, además, con el incremento anual a sus pensiones, equivalente a los aumentos acordados en la firma de cada contrato colectivo.

¿Pero hubo alguna vez un contrato colectivo? El Presidente valiente decretó la extinción y se anunció que los trabajadores podían cobrar su liquidación y compensaciones extraordinarias, si se apresuraban a hacerlo en el plazo perentorio de un mes. Felipe Calderón denunció los perjuicios a la patria, lo padecido por culpa de un sindicalismo abusivo y corrupto; de trabajadores improductivos, indolentes, abusivos, chantajistas. Y añadiría que las deficiencias de la extinta Luz y Fuerza del Centro provocaron que se dejaran de generar más de 100 mil empleos en el centro del país, así como pérdidas en la capacidad de crecimiento del PIB. Los males que padecemos fueron primero, con cierta justicia poética y algo de licencia política, atribuidos al priato tardío, al pasado que llegó a su fin con el arribo del mesías de la patronal a Los Pinos.

Luego, ya con la carga sobre los hombros del Presidente valiente, ya en su guardia, se dijo que la grave crisis, que no era un simple catarrito, vino de fuera; no era, no es, responsabilidad de quienes tienen el mandato, digamos de la gente, para no invocar al pueblo en la hora feliz de la extinción de empresas. La liquidación de trabajadores cuyo sueldo promedio es menor a 6 mil pesos mensuales, el acto valiente de decretar la extinción y dejar sin empleo a 40 mil trabajadores, no añadiría, según Hacienda, uno más a los 700 mil mexicanos que se han quedado sin empleo en la recesión que ha hundido a México: último en la expectativa de recuperar el crecimiento, según el FMI.

Agustín Carstens no parpadeó y sacó de la chistera 20 mil millones de pesos que se destinarían a liquidar y compensar generosamente a los mismos trabajadores cuyos privilegios denunció su jefe y que el poder mediático condenó por improductivos y corruptos. Claro como el lodo, decía Norbert Gutterman. De noche todos los gatos son pardos y a Javier Lozano, secretario del Trabajo, no le importa que atrapen ratones: la extinción es un hecho consumado, declara el aprendiz de represor.

Felipe Calderón pregona el fin de la historia. A la empresa extinguida se le tenían que transferir miles de millones anuales que se perdían por la multiplicación geométrica del pasivo laboral, la ineficiencia, los servicios de conexión malogrados y las pérdidas colosales de la energía que adquiría de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El Presidente declara que él prefiere que esas transferencias sean para 25 millones de pobres. Pero la CFE se ha hecho cargo del servicio y las transferencias de miles de millones van a continuar; con ajuste de rumbo, con destino a la CFE, sus costos de operación y correspondientes pasivos, más allá de adecuar los equipos obsoletos de la empresa extinguida. Si hubo alguna vez contratos colectivos, los firmaron tanto el sindicato como los administradores de la empresa.

Tal vez tuvo que tomar la palabra Alfredo Elías porque en el opaco discurso de los gatos pardos, la secretaria de Energía habló de la posible creación de una empresa que sustituya a Luz y Fuerza. Y ante el fantasma de la reprivatización, el secretario de Sedeso, Ernesto Cordero, uno de los jóvenes turcos y aspirante a la candidatura presidencial del PAN, declara sin rubor alguno que los miles de millones de pesos liberados serán transferidos directamente a los pobres. Seguramente integrados al portento fiscal del 2 por ciento al consumo de todo y a todo servicio, parte del espejismo de la política recaudatoria como portento electoral para recuperarse de lo perdido en la aventura de Germán Martínez, la apuesta en favor de la guerra contra el narcotráfico y las cuentas del Gran Capitán para pagar misas y pregones en el ágora electrónica para gloria y prez del valor del señor Presidente... picos, palas y azadones, innumerables millones.

Por lo pronto, con la ley en la mano, de un solo golpe y al amparo de la oscuridad nocturna, han dejado sin empleo a 40 mil mexicanos. Y ofrecen liquidaciones con premios adicionales a los trabajadores que acudan voluntariamente a ser liquidados; quienes dejen pasar el plazo perentorio fijado por los ejecutores del decreto se quedarán a merced de la caridad cristiana, de su incorporación al censo de pobres que recibirán ayuda del aspirante a sucesor del Presidente valiente. Los jubilados están en la marginación, en el limbo de la oscuridad que ignora el contrato colectivo y borra de un plumazo la obligación contraída del crecimiento anual de las pensiones.

El SME no se ha extinguido. Y el gobierno patronal ofrece recontratar a los trabajadores satanizados que no opten por la liquidación presurosa. ¿No habrá entre tanto abogado panista o compañeros de bufete quién le diga al del decreto que la CFE será patrón sustituto en cuanto se integren la incorporación de activos y de los trabajadores que militan en el sindicato titular del contrato colectivo?

Vociferantes heraldos del poder mediático se apresuraron a extender el certificado de defunción del sindicalismo. Y a repudiar la memoria del siglo XX, el laicismo, las anticuadas referencias al pueblo, la soberanía y la lucha de clases. Alguno predijo que el SME haría una ociosa marcha para llegar al Zócalo religioso y ahí dar testimonio de la inutilidad de ir contra la opinión de la gente expresa en las encuestas cotidianas. Hubo marcha y decenas de miles de trabajadores, obreros y campesinos recorrieron el Paseo de la Reforma (todavía se llama así) y llenaron el Zócalo, la Plaza de la Constitución, con la Catedral y su atrio a un costado de Palacio Nacional, ahí donde sesionaron los constituyentes de 1857.

En Coahuila y Tabasco hay elecciones hoy. Y en 2010, a 150 años de las Leyes de Reforma, bicentenario de la Independencia, centenario de la Revolución, 10 estados de la República federal, democrática y laica, elegirán gobernador. El pueblo va a enseñarle al César de Acción Nacional lo que es una victoria pírrica. Y a su jefe, el Presidente valiente, el vigor y la vigencia de la lucha de clases.

Aunque haya acertado al atenerse a la máxima: Dura lex, sed lex.