Opinión
Ver día anteriorSábado 17 de octubre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ostrom y la tragedia de los comunes
E

linor Ostrom obtiene este año el premio Nobel de Economía rompiendo varias tradiciones. Es la primera mujer que obtiene este premio en economía. Es una cientista política y no una economista. Y, junto con Oliver Williamson, con quien comparte el premio, dudan que el mercado sea la solución a todos los problemas. Más aún encuentran otros mecanismos de asignación eficiente de los recursos.

Ostrom ha sido pionera en el estudio de instituciones informales que la gente crea para racionalizar el uso de bienes de uso común, es decir, aquellos bienes compartidos entre muchos que pueden ser objeto de desgaste en ausencia de mecanismos de regulación. Garret Hardin en los 60 lo ejemplificó con una pradera donde los campesinos llevan su ganado a pastar y vaticinó que dejados a su propia inercia terminarían por deteriorar el pastizal. Para evitarlo, consideró dos posibilidades: que esos terrenos entraran al mercado y se privatizaran; o que el Estado interviniera regulando su uso. Ostrom, a partir de un enorme trabajo de campo revisando experiencias en muchas partes del mundo en el manejo de zonas pesqueras, de áreas forestales y sobre todo de sistemas de riego, encontró que había otra vía: que las propias comunidades creen instituciones; es decir, reglas escritas e informales para manejar sus propios recursos.

Empero nadie más alejada de cualquier tipo de fundamentalismo como Lin Ostrom, quien ha sido particularmente insistente en subrayar que no se trata de considerar que por sí mismo el mercado, o las intervenciones estatales, o la autogestión de las comunidades sean superiores. Pero lo que sí ha hecho es analizar con rigor en qué circunstancias la gestión de las comunidades es superior a la gestión estatal o a la dinámica de los mercados. En su libro, el gobierno de los bienes comunes, traducido al español por el FCE, formaliza lo anterior através de lo que denomina principios de diseño. En su libro publicado en 2005 (Understanding Institutional diversity, Princeton University Press) Ostrom propone un marco conceptual que denomina Análisis Institucional y Desarrollo (IAD, por sus siglas en inglés) que ha sido usado en una enorme variedad de estudios relacionados con el manejo de recursos naturales, con temas de política y política pública e incluso de la Internet como bien compartido de uso común.

Conozco a Lin Ostrom desde mediados de los 90 cuando coincidimos en una reunión en la FAO en Roma. Los últimos tres años trabajé con ella y su marido Vincent Ostrom, en su Taller de Teoria Política y Análisis de Políticas Públicas en la Universidad de Indiana en Bloomington. Bajo su influencia y su generosa amistad, avancé en los trabajos que vengo realizando sobre la naturaleza del ejido mexicano y sobre las transiciones democráticas en América Latina. Desde mediados de los 90 la discusión con Lin había derivado en la discusión de qué hace que la acción colectiva sea posible y luego eficaz. Ella subraya particularmente la interacción entre confianza, reciprocidad y reputación.

Ostrom y Russell Hardin me inspiraron en la idea de que las movilizaciones sociales en determinadas condiciones son medios de producción de instituciones; es decir, de nuevas reglas. Para esto se requiere iteración, es decir repetición de acciones en común, conocimiento de tus rivales y una combinación entre movilizaciones y negociación. La transparencia de las acciones de las dirigencias es clave porque eso es lo que construye confianza de las bases y reputación del liderazgo.

Estas reflexiones son relevantes a raíz del artero ataque contra el SME. Es increíble que se quiera restablecer la autoridad presidencial o la legitimidad perdida por medio de un acto de fuerza. Por el contrario, como nunca, es momento del diálogo, la negociación y la renovación institucional. Hay que evitar la tragedia de los comunes en la política mexicana. Mi solidaridad con el SME y sus trabajadores.