Opinión
Ver día anteriorJueves 8 de octubre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Hamlet García
P

ara ser obra de un laureado autor español y como texto dramático que recibió la presea Escalante Teatral que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica a la mejor obra de teatro hispana, Hamlet García resulta decepcionante y se podría decir que hasta mediocre. Empezando por el título, que ve al difícil y estudiado personaje shakespereano bajo la óptica del más rudimentario lugar común al compararlo con los cuatro seres de la obra, supuestamente por la incapacidad del actante clásico y de los creados por Miguel Morillo Acedo de asumir responsabilidades en un mundo erizado de violencia y de escollos. ¿Es que Hamlet es sólo eso? ¿Y los personajes del dramaturgo español tienen un trazo que evoque, aun en la chatura de esta interpretación, la evasión de responsabilidades? Aun el casi autista y misántropo personaje interpretado por Bernardo Benítez asume sus tareas y va y viene del trabajo. Que sean insignificantes en el concierto social no los convierte en dubitativos e incapaces, quizás únicamente en solitarios.

La estructura dramática de la obra se podría insertar en la corriente del teatro narrativo, aunque no del todo, y el lenguaje llega a molestar por su reiterativa procacidad, y no me refiero a la desapasionada descripción del cunnilingus que hace la ninfómana incorporada por Gisela Flores-Medrano, sino al lenguaje empleado por todos, que entre nosotros tuvo en una generación su auge, pero que ahora los jóvenes dramaturgos parecen desterrar de sus textos para bien de la literatura dramática. El tránsito de los personajes de lo que los hace felices a la infelicidad que muestran en su violencia no está tan definido, quizás a excepción de la profesionista que interpreta Gabriela de la Garza por lo que el trabajo de esta actriz resulta el más convincente de todos, y el sueño colectivo aparece como muy forzado en su absurdo.

Se impone un paréntesis: en el programa de mano aparecen Gisela Flores Medrano y Bernardo Benítez como licenciados por Casa del Teatro, cuando esta institución, de la que por otra parte han egresado actores y actrices muy interesantes, no otorga grados hasta la fecha en que acaba de lograr su incorporación a la SEP y lanza su convocatoria para cursos propedéuticos. Es decir, que no son licenciados y, si bien inflar currículos no es un pecado grave, hacerlo de modo tan ingenuo y descarado indica cierta proclividad al engaño, y no tendrían por qué hacerlo, dado que pertenecen en la parte mexicana a una compañía como Producciones Los Atómicos que en Costa Rica goza de prestigio y que a ese país llevarán este montaje. Es por esto que saco a colación el tema, en apariencia tan insignificante,porque a nadie le gustaría que en el país centroamericano se acusara a los mexicanos de no dar datos verdaderos acerca de su trayectoria profesional. Se cierra paréntesis.

Producciones Los Atómicos está encabezado por el versátil costarricense Mauricio Astorga, que en su país natal ha dirigido diversos montajes –y premiado por alguno de ellos– de teatro universitario o a la Compañía Nacional de Teatro y que lo mismo es muy popular por sus intervenciones cómicas, haciendo varios personajes, en la televisión local. Actúa y dirige esta escenificación. Como actor, en el manso personaje que acaba por decidirse por la violencia, se ubicaría dentro de la escuela formal de actuación con excelente dicción y buen manejo expresivo. Da la impresión de encontrarse más a sus anchas como director, logrando por ejemplo que Gisela Flores-Medrano, en su momento inicial de descripción del cunnilingus se muestre desapegada y didáctica, sin sombra de la cachondería previsible, aunque la actriz no esté tan acertada en la petición de trabajo. A cada momento el director le da el ritmo exacto, con la más creíble de todos, Gabriela de la Garza y con Bernardo Benítez, de difícil dicción y buen trabajo corporal, en sus soliloquios. En las escenas de conjunto, como el sueño o la brutal interrupción de las ilusiones del niño por parte de sus padres, Astorga distribuye los parlamentos entre las dos actrices y los dos actores.