Opinión
Ver día anteriorJueves 27 de agosto de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Para refrescar la memoria

Sobre el destape y triunfo de Acosta

L

a memoria colectiva en tiempos del todo se vende, todo se compra, siempre fané, siempre descangayada, como aquella voz del tango, parece haber olvidado hoy que en el asunto Iztapalapa, lo que estuvo en juego, lo que se defendió, fue, una vez más, la voluntad de la gente, que quiso burlar un tribunal electoral hoy ya descalificado por el elector, debido a las fallas de sus fallos, que buscó impedir el rompimiento de un cacicazgo que durante 18 años mantuvo la familia Arce –los chuchos chicos– en la jefatura de la delegación más poblada, y más pobre, de la ciudad, no obstante los recursos de que gozó el cacicazgo.

No se debe perder de vista que en el estricto uso de la maña, el tribunal anuló la candidatura de Clara Brugada, que había triunfado en la elección interna perredista sobre la compañera sentimental de René Arce –cabeza visible de los chuchos chicos–, Silvia Oliva, lo que provocó, cuando menos, indignación en muy amplios sectores de la población no nada más de Iztapalapa, sino de todo el Distrito Federal.

El triunfo de Clara Brugada era un triunfo anunciado; el PRD había derrotado ya a los chuchos chicos en varias ocasiones, lo que demostraba el hartazgo de la gente del cacicazgo de los Arce y daba certeza del rumbo que tomaría la elección, así que a nadie sorprendió la votación favorable a la ex procuradora social.

Lo que sí dejó boquiabiertos a casi todos fue la decisión del tribunal que impuso a Silvia Oliva como candidata del PRD. El fallo, inapelable, condenaba a los habitantes de la delegación a otro periodo de ineficiencia, y hacía sobrevivir el cacicazgo. Todas las puertas parecían cerradas para que se diera el cambio necesario en Iztapalapa, y la situación pintaba un callejón sin salida.

La elección estaba a punto de ocurrir, los tiempos para tratar de esquivar la condena del tribunal se habían agotado, y otra vez el dejo de desesperanza reapareció en el rostros de la gente. Las encuestas, las confiables y las amañadas, daban como triunfador de la elección del 5 de julio al PRD. Atrás iba el PRI, mucho más abajo el PAN y los demás, entre ellos el Partido del Trabajo, no figuraban en los conteos.

Los candidatos de esos otros partidos, e incluso de los de mayor importancia, ni siquiera eran reconocidos por el electorado. Entre ellos estaba Rafael Acosta. Las mediciones no le daban ni 5 por ciento de la votación, es decir, no tenía ninguna posibilidad de triunfo, ésa era la verdad reinante unos días antes de los comicios.

Poco antes de la elección a nadie preocupaba el PT. Su candidato apenas alcanzaría el porcentaje de votación suficiente para evitar que se le retirara el registro, y eso no era muy seguro porque si la votación por Clara Brugada seguía en aumento –ya tenía 53 por ciento, según las encuestas–, era posible que el PT ni siquiera hubiera podido sobrevivir. La noche del fallo del tribunal apenas alcanzaba 2 por ciento de la posible votación.

Hasta aquel momento se podría decir que la suerte del PT estaba echada, pero la condena del tribunal cambió eso que parecía un destino imposible de alterar. Andrés Manuel López Obrador olió el descontento de la gente hacia el cacicazgo y se hizo cargo de la injusticia contra Clara Brugada.

La primera opción, que parecía única dada la premura, era lograr un acuerdo dentro del PRD para que Silvia Oliva declinara y en su lugar quedara Brugada. El acuerdo nunca se alcanzó. El cacicazgo Arce-Círigo sólo admitía llevar, en lugar de Oliva, a otro de sus incondicionales.

Así las cosas, López Obrador logró un acuerdo sorprendente: el PT, sin posibilidades de triunfo, prestaría a su candidato, hasta entonces ignorado por todos, para facilitar la llegada de Clara Brugada a la jefatura delegacional. El golpe contra la condena del tribunal y contra el cacicazgo estaba dado y la historia daba un vuelco; lo demás era aguantar el largo periodo entre la elección, la toma de posesión y el permiso que el candidato del PT, Rafael Acosta, pidiera para que Brugada se hiciera cargo del gobierno de Iztapalapa. Casi todo ha sucedido así, por eso vale la pena no olvidar la historia.

De pasadita

Cuentan sus amigos que él asegura que la compañía de televisión más importante del país le prometió 20 millones de pesos anuales por los tres años que pudiera durar su mandato para CUBRIR en exclusiva todas sus acciones de gobierno, pero que él rechazó la oferta porque quiere verse en todos los cables de televisión, oírse en todas las radios y leerse en todos los diarios de México y de todo el mundo. ¿Será?