Opinión
Ver día anteriorLunes 13 de julio de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El Imparcial*

Centenaria

Promesas inconvenientes

Dos señoritas intentan ir de rodillas al Santuario de Guadalupe

S

on cosa común y corriente las peregrinaciones populares a la Villa de Guadalupe para congraciarse con la Virgen Indiana, de manera que dos votos sobre este particular nada tienen de notable. Más ahora vamos a dar cuenta de un caso raro, por tratarse de señoritas de relativa cultura, que por cierto no está de acuerdo con sus procedimientos.

Los votos de ir a pie o de rodillas, o con los brazos en cruz hasta el santuario, son hechos de ordinario por gente ruda, a la que su ínfimo criterio no le sugiere otra manera más digna de congraciarse con la Virgen o de purgar sus faltas. A esa clase de gente pertenecía aquel charro de Pénjamo que ofreció ir a la Villa de Guadalupe montando a caballo y caminando hacia atrás; ofrecimiento que estuvo a punto de costarle la vida, porque un eléctrico iba a atropellar a la inocente bestia y al simple jinete.

Ahora se trata de unas hermosas señoritas de Tacubaya, que por obtener la remisión de algún pecadillo venial, que ellas habrían creído un gran pecado, o por lograr algún deseo, resolvieron ir de rodillas desde la exgarita de Peralvillo hasta la Colegiata. La promesa era terrible, pues se trataba de ir a rodillas desnudas, sin medias ni cosa alguna que amortiguara los rozamientos.

El viaje se intentó; algunos curiosos rieron de buena gana la ocurrencia y las infortunadas señoritas tuvieron que desistir porque apenas habrían caminado unos doscientos metros, cuando la sangre comenzó a brotar en abundancia de sus delicadas rodillas; y entre lágrimas y suspiros de ellas, y risas de los presentes, se vieron obligadas a regresar a casa en un eléctrico, sin haber cumplido la bárbara promesa.

En estos tiempos, las formas cruentas de la penitencia apenas pueden disculparse en la gente de la más baja esfera moral e intelectual, y siempre causan repugnancia e indignación cuando llegan a lo trágico, o risa y desdén cuando se quedan en lo ridículo.

*Se publicó de 1882 a 1883 y de 1897 a 1914.

CAL