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Colegas, amigos y familiares rindieron homenaje postmortem al escritor y diplomático

Resaltan la inteligencia crítica y la lealtad sin fisuras de Javier Wimer

En el Antiguo Colegio de San Ildefonso se escuchó una serie de testimonios fraternales

Él era, en cierto sentido, uno de los últimos verdaderos republicanos, expresó Carlos Payán

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Javier Wimer, en su casaFoto Víctor Flores Olea
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Arturo González Cosío, Carlos Payán Velver, Víctor Flores Olea y Jorge Eduardo Navarrete, antenoche, durante el homenaje que se rindió a Wimer en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San IldefonsoFoto Francisco Olvera
 
Periódico La Jornada
Jueves 2 de julio de 2009, p. 5

Su espíritu irónico e inteligencia crítica, su vocación lúdica, su orgullo irreductible y su lealtad sin fisuras, pero sobre todo su entrañable amistad y generosa solidaridad, fue lo que caracterizó al escritor, diplomático y editor Javier Wimer (1933-2009), coincidieron colegas y amigos de su generación, quienes, acompañados también por familiares de Wimer se reunieron la noche del martes para rendir un reconocimiento a su trabajo y trayectoria en el Anfiteatro Simón Bolivar, del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Una serie de fraternales testimonios y anécdotas a cargo de Porfirio Muñoz Ledo, Stella Calloni, de quien en ausencia se leyó un texto escrito para la ocasión; Carlos Payán Velver, Sealtiel Alatriste, Víctor Flores Olea, Arturo González Cosío, Jorge Eduardo Navarrete, Jorge Ruiz Dueñas, Esteban Volkow, Jorge Montaño y Luisa Valenzuela, de quienes también se leyeron mensajes, y de Luis Ortiz Monasterio, se fueron sucediendo uno a uno para recordar a Wimer, hombre que “siempre tuvo la mano tendida sin esperar agradecimientos jamás.

Lo hacía porque la solidaridad y la hermandad eran su forma de vivir y de ser, como es la de Nenuca, su compañera eterna, apuntó Calloni en su carta, quien evocó cómo un grupo de mujeres alocadas no te dábamos respiro con nuestras reuniones feministas y nuestras demandas políticas.

En aquellos años de las pérdidas de amigos –continuó Calloni– “tú y Nenuca se convirtieron en la Secretaría de Trabajo y apoyos varios para los obligados migrantes del sur. El vino-análisis, el tequi-análisis, todo eso inventamos para arrancarnos dolores y recuperar el alma perdida.

La casa Wimer tuvo espacio y amor para todos. Gracias a su sabiduría y generosidad, las charlas y debates políticos, pese a las diferencias, nos unían y embellecían enriqueciéndonos humanamente. Por ello, te celebro porque nada de lo tuyo me lleva a la tristeza, concluyó.

En su momento, Carlos Payán, director fundador de La Jornada, expresó que Javier Wimer fue un hombre siempre atento al acontecer de la política, que sabía entender lo que estaba pasando y cómo las nuevas generaciones iban desdeñando a aquellos que se habían formado con espíritu republicano. En cierto sentido él era uno de los últimos verdaderos republicanos.

Payán destacó la pasión que Wimer tenía por los libros, algo que lo llevó a coleccionarlos. Ejemplo de ello, narró en detalle Payán, fue la búsqueda que emprendió Wimer para adquirir uno de los pocos volúmenes completos de grabados, titulado Las danzas de la muerte, de Holbein. Búsqueda que luego de un tiempo lo llevaría a un pueblo de los Alpes suizos, donde en una librería se vendía un volumen completo.

“El viejo librero apuntó una cantidad que a Wimer le pareció exagerada. ‘Lo siento’, dijo el viejo que parecía un rabino, ‘ése es el único precio’. Wimer dejó el libro sobre la mesa y comenzó a deambular por la librería y a charlar de libros con el librero.”

“Tal fue la impresión de éste que en el momento de despedirse, el viejo puso en las manos de Wimer el volumen. “Lo siento, no puedo comprarlo’, dijo Wimer. ‘Es suyo, se lo regalo, un hombre que ama tanto los libros como usted, merece tenerlo en su guarda’.”

Tal anécdota, concluyó Payán, apenas y transluce momentos de su personalidad.

Tras la participación de Flores Olea, González Cosío y Jorge Eduardo Navarrete, como un intermedio a los testimonios y recuerdos de cada uno, se leyeron, como parte del homenaje, una serie de pensamientos escritos por Wimer, algunos de los cuales se reproducen aquí.

Posteriormente se sucederían los testimonios de Ruiz Dueñas, Volkow, Ortiz Monasterio, Montaño, Valenzuela y de Marilina Barrona, hija de Wimer, quienes coincidieron en que el trabajo del homenajeado fue mucho, variado y trascendente.

Recordaron lo perfeccionista y riguroso que fue como editor, la excepcional labor que realizó en la revista Nueva Política, editada en los años 70 del siglo pasado; sus artículos políticos publicados en La Jornada, su espíritu irónico, su amistad y solidaridad, su curiosidad insaciable, sus viajes, el deslumbramiento que siempre le proporcionaba el mundo, y su compromiso como defensor y promotor del derecho de asilo.

Asimismo, se subrayó cómo Wimer “tuvo una fuerza interior y una flexibilidad que hacían posible que mantuviera una relación de amistad con personajes como Jorge Luis Borges, Julio Cortazár, Gabriel García Márquez y, al mismo tiempo, con colaboradores modestos o empleados sencillos en un nivel de afectuoso respeto para todos.

Fue también amigo de sus amigas mujeres, como pocos hombres han sabido serlo, diría Luisa Valenzuela.

Para concluir, su hija Renata Wimer tocó el chelo mientras en una pantalla se proyectaba una serie de fotografías de su padre. Descanse en goce, estimado Javier, apuntó en su momento Esteban Volkow.

Pensamiento de Javier Wimer

El actual sistema económico ha evidenciado su absoluta incapacidad para resolver, o siquiera atenuar, el problema de la concentración internacional de la riqueza

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35 Años

Echarse un sueño no equivale a soñar

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Analogía

Al despertar tuvo la sensacion de haber soñado y pensó que al morir tendría la sensación de haber vivido

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La conquista de cualquier posición ideológica es siempre el corolario de una búsqueda personal