Mundo
Ver día anteriorDomingo 28 de junio de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

El Partido Republicano, envuelto en escándalos por dirigentes ligeros de cascos

Líos de faldas de políticos conservadores en Estados Unidos ponen a temblar al sistema
Foto
Mark Sanford, gobernador de Carolina del Sur, el pasado miércoles cuando admitió su relación extramaritalFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 28 de junio de 2009, p. 23

Nueva York, 27 de junio. Mientras millones están desempleados, otros más padecen hambre, cientos de miles pierden sus hogares por no poder pagar sus deudas, muchos no pueden ver un médico por carecer de seguro médico, soldados estadunidenses siguen muriendo al otro lado del mundo; Irán está en crisis, Corea del Norte amenaza lanzar un misil a Hawai y el planeta se sigue derritiendo, por lo menos los estadunidenses pueden encontrar un poco de alivio cómico en su clase política, sus travesuras y su descomposición.

Esta semana se resolvió el curioso caso de la inexplicable desaparición seis días del gobernador del estado de Carolina del Sur, Mark Sanford, cuando él mismo regresó el pasado miércoles para revelar al mundo que había estado en Argentina con su amante María, quien aparentemente es María Belén Shapur, una argentina de 43 años con un cuerpazo, según señaló un testigo que los vio en una cantina en Buenos Aires.

He pasado los últimos cinco días de mi vida llorando en Argentina, declaró el gobernador Sanford en una de las conferencias de prensa más extrañas que se han visto, donde ofreció detalles sobre su aventura, relató que la relación empezó hace meses, habló de cómo se enamoró y más. “He desilusionado a mucha gente. La herí a ella (su amante), herí a mi esposa, herí a mis hijos… herí a mucha gente”, se sinceró.

Sanford, quien era una de las figuras que se perfilaba como posible candidato presidencial del Partido Republicano en 2012, renunció a su puesto como presidente de la Asociación de Gobernadores Republicanos, pero hasta el momento ha rehusado dimitir como mandatario estatal.

Mientras tanto, se filtraron correos electrónicos entre los dos amantes, en los que él profesa su deseo por el cuerpo de María, y sus líneas bronceadas.

A pesar de llamados a que renuncie por parte de colegas de su partido y por supuesto su oposición, y de admitir que usó fondos públicos en otro viaje a Argentina donde también vio clandestinamente a su amante, y que al abandonar el estado en esta ocasión no autorizó, como es debido, un traslado de poderes temporal en caso de una emergencia pública, Sanford dice que no tiene ninguna intención de dejar su cargo.

Dejó dicho que necesitaba descansar unos días y que pensaba irse a las montañas de la región, lo cual fue trasmitido a los medios después de desaparecer durante los primeros días. Voló a Buenos Aires donde la tal María, empresaria y ex periodista argentina, y él salieron por lo menos a una cantina donde testigos dicen que se acariciaban y besaban.

Cuando era representante federal en los años 90, Sanford, votó en favor de destituir al entonces presidente Bill Clinton por las revelaciones de sus aventuras sexuales en la Casa Blanca. Ahora, las apuestas son de que no durará mucho tiempo en su puesto, y su esposa declaró que ya habían iniciado hace dos semanas una separación pero que está dispuesta a darle una oportunidad a su marido para reparar el matrimonio.

El caso es un golpe a un debilitado y vulnerable Partido Republicano, el cual apenas estaba tratando de superar otro escándalo; hace sólo un par de semanas el senador John Ensign, otro que se perfilaba como candidato presidencial, se vio obligado a confesar ante las cámaras que había tenido una relación extramarital. El legislador, que se identifica como conservador cristiano, es promotor de los valores familiares, se opone al matrimonio gay, defiende la santidad del matrimonio tradicional y había pedido la renuncia de otro senador que confesó un escándalo sexual.

Peor aún, la relación fue con una empleada de su campaña electoral, quien es esposa de uno de sus ex asistentes legislativos, además de que ambos eran amigos cercanos de Enisign y su esposa. Ahora son feroces enemigos y se intercambian amenazas.

Los dos dirigentes son parte de la lista de políticos que no sólo no han practicado lo que predican, sino que han mostrado una hipocresía monumental. Por ejemplo, el senador ultraconservador Larry Craig, quien en 2007 fue arrestado en el aeropuerto de Minneapolis porque aparentemente buscaba una aventura sexual con otro hombre, o el representante federal Bob Livingstone, quien después de pedir la destitución de Clinton, fue enfrentado con revelaciones de que había sido infiel y además tenía prácticas fetichistas, o el representante conservador Mark Foley, quien en 2005 tuvo que renunciar al filtrarse mensajes electrónicos sexualmente explícitos que había enviado a becarios del Congreso menores de edad.

Por supuesto, estos incidentes sexuales no se limitan a republicanos. Destaca el caso del ahora ex gobernador de Nueva York Eliot Spitzer, quien contrataba los servicios de prostitutas después de años de encabezar la fiscalización de ese comercio, entre otros.

Carreras públicas arruinadas

Pero no sólo es el asunto del sexo, sino de la corrupción lo que ha anulado las vidas de tantos políticos que decían ser guardianes supremos de la ley y orden, defensores de la Constitución y del bien común. Por ejemplo, el ex gobernador demócrata de Illinois Rod Blagojevich fue descubierto intentando vender al mayor postor el puesto en el Senado por ese estado que dejaba vacante Barack Obama, entre otros intercambios comerciales con la democracia. O el veterano senador republicano de Alaska Ted Stevens, quien el año pasado fue acusado de corrupción al recibir regalos de algunas empresas petroleras.

Y hay ciertos conflictos de interés que parecen no interferir con la práctica democrática de gobernar. Seguramente no tiene ningún efecto que casi la mitad de los senadores del Comité Bancario, que se encarga de supervisar el rescate gubernamental del sector financiero, tienen inversiones en varios de los bancos que han recurrido a esa asistencia pública.

O como el cabildeo de la industria bancaria ha logrado detener propuestas para evitar los juicios hipotecarios que amenazan a millones de familias con perder sus hogares, llevando al poderoso senador Dick Durbin, promotor de la reforma, a denunciar que francamente (los bancos) son los dueños de este lugar (el Senado). Y que decenas de legisladores, sobre todo senadores, que debaten la reforma del sector de salud también son inversionistas en las empresas de esa industria.

Son tantos los ejemplos que no se puede mencionar a todos en un solo reportaje (tendría que ser una serie, posiblemente infinita). Con tantas distracciones –amor, dinero y valores familiares que proteger– es entendible por qué es tan difícil para los políticos atender problemas secundarios aparentemente menos prioritarios, como la economía, el hambre, la guerra y la crisis ambiental.

Por lo menos, como telenovela sí funciona.