Opinión
Ver día anteriorLunes 18 de mayo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cuando el gobierno cambia de lugar
E

jidatarias y ejidatarios de San José del Progreso, Ocotlán, fueron brutalmente reprimidos la semana pasada. Luchaban contra la Compañía Minera Cuzcatlán, subsidiaria de la canadiense Fortuna Silver Mines, por los daños sociales y ambientales que estaba provocando su explotación minera. Ante la indiferencia de las autoridades los ejidatarios decidieron bloquearla. El 6 de mayo, 2 mil 500 efectivos policiacos y militares rompieron el bloqueo.

Tres semanas antes, el 17 y 18 de abril, se celebró en San Pedro Apóstol, también en el valle de Ocotlán, el Foro Nacional Tejiendo Resistencias por la Defensa de Nuestros Territorios. Comunidades zapotecas, mixtecas, mixes, chatinas y chontales de las siete regiones de Oaxaca, junto con organizaciones locales, estatales, nacionales e internacionales, se reunieron para tomar acuerdos ante el acoso a que las someten empresarios y autoridades.

Al ofrecer su decidido respaldo a los campesinos de San José y exigir la cancelación del proyecto minero, quienes asistieron al foro mostraron una conciencia lúcida de la necesidad de actuar conjuntamente al ejercer soberanía sobre sus territorios. Además de oponerse a otros proyectos mineros, presas y diversos megaproyectos, afirmaron la necesidad de articular sus empeños para enfrentar la amenaza que pesa actualmente sobre su patrimonio natural y social.

No era una iniciativa aislada. El 14 de marzo, el mismo día en que los campesinos de San José del Progreso desconocieron a sus autoridades priístas y crearon el consejo que encabezará su lucha, se celebró en Capulalpam de Méndez, en la sierra de Juárez, el primer Foro Regional sobre Derechos Indígenas, Territorialidad y Jurisdicción sobre Recursos Naturales, que congregó a numerosas comunidades de la región y a organizaciones sociales.

Son sólo dos botones de muestra de un movimiento de gran alcance que revela una profunda mutación política: es el paso de la tradicional lucha por la tierra a la defensa del territorio; es también la transformación de la resistencia en una lucha de liberación. Los pueblos se reconocen así como fuerza constituyente, la que hizo valer la soberanía popular en la Constitución de 1917. Realizan ahora un ejercicio soberano, amparado en el artículo 39 constitucional, para defender su patrimonio. De este modo, el gobierno mismo y el arte de gobernar cambian poco a poco de lugar. A medida que los poderes constituidos desertan de sus funciones y nos conducen al abismo, la gente reivindica la gobernanza.

Allá arriba, el ejercicio del gobierno se reduce cada vez más a la instrucción autoritaria, el uso de la fuerza y la manipulación mediática, para profundizar su subordinación al capital nacional y trasnacional. Hasta las calificadoras de Wall Street descalifican ahora las medidas que ha tomado el gobierno ante la crisis económica. El fracaso político es aún mayor. Cada una de las campañas organizadas para conquistar la legitimidad que Calderón no logró en las urnas provoca mayor desprestigio. Se ha roto la vergonzante alianza con el PRI, que nunca cumplió satisfactoriamente sus propósitos. Se cumple el pronóstico de que la campaña contra el narco sería el Irak de Calderón: deteriora cada vez su capacidad de gobernar y es evidente que no podrá ganarla. Las continuas derrotas electorales revelan el creciente rechazo ciudadano a una administración tan incompetente como corrupta y autoritaria.

El comportamiento errático y confuso ante el nuevo virus podría haber sido la gota que derrama el vaso. A medida que se despeja la polvareda que las autoridades levantaron con su escándalo imprudente, queda a la vista de todos la ineptitud oficial en el manejo de un asunto en extremo delicado y la condición real de los aparatos institucionales, cada vez más obsoletos y contraproductivos. El episodio desgarró el tapaojos que muchas personas empleaban para negar el estado de cosas y seguir poniendo su esperanza en un cambio en los operadores de esos aparatos. Aunque el tapaojos era tan inútil como el cubrebocas, reduce la angustia de quienes no ven más opción que la ilusión electoral, por considerarla la única vía democrática de transformación.

Pero la opción existe. La gente comprueba cada día el carácter ilusorio de esa vía y recupera paso a paso el arte de gobernar, que así regresa a los hombres y mujeres que forman la fuerza constituyente de la sociedad y pueden ejercer libremente su autonomía y su soberanía. Y si de esto se trata, los zapatistas siguen siendo la fuente principal de inspiración. Demuestran en la práctica, a pesar de un acoso creciente y continuas provocaciones, que esa opción es viable y contiene claramente embrión de porvenir.