Opinión
Ver día anteriorSábado 14 de marzo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ausentes y presentes
U

na cosa es cierta: México es un país querido y respetado en Francia. Tales son las emociones, una sentimental, otra espiritual, que se sienten con fuerza en los corredores y módulos del Salón del Libro de París de este año, en el que México es invitado de honor.

En efecto, a pesar de las tensiones provocadas por la reciente visita del presidente francés a tierras mexicanas, durante la cual un trivial aunque grave caso de delincuencia criminal ocupó la escena que merecían las relaciones de negocios y de intercambio cultural; a pesar de una información deficiente de la prensa francesa (escrita y audiovisual), donde se dio la palabra a una sola de las partes censurando la de las víctimas, los secuestrados por la banda de Los Zodiaco, y tardó en revelar, cuando llegó a hacerlo en algunos órganos informativos, obligados por la presión del público mexicano y el cambio de tono venido de Nicolas Sarkozy durante su viaje a México, una evidente mayoría, casi unánime, de franceses no sólo no dejaron de exteriorizar los sentimientos de amor y respeto por esta nación, sino que reprobaban en forma abierta su indignación ante el sistema de propaganda que trató de hacer creer en la inocencia de una delincuente, la posibilidad de injerencia de Francia en las instituciones democráticas de México y conseguir elevar el bajo nivel de popularidad de Sarkozy dándole los visos de un libertador.

Mitterrand como Chirac, ex presidentes de Francia, no dejaron de asistir siempre que pudieron a la inauguración del Salón del Libro de París, acto mayor de la vida cultural francesa. Cuando, la fuerza de las circunstancias se los impidió, el ministro de Cultura estuvo presente. Pero la agricultura y la cultura no parecen ser los sectores predilectos del gobierno actual. La señora Albanel, ministra de Cultura, no asistió a la recepción de bienvenida a la delegación mexicana en los salones dorados de su ministerio, con el vago pretexto de una ley contra la piratería en Internet que se discutía en la Asamblea. Esto indignó profundamente a los propios funcionarios del ministerio. Y ni Sarkozy ni ella asistieron a la inauguración del Salón, ultraje que colmó de enojo a organizadores, editores y escritores franceses.

Por fortuna, como señala el mismísimo diario de derecha Le Figaro, Jack Lang y su esposa estuvieron presentes. Cabe recordar que Lang es el más popular de los sucesivos ministros de Cultura de la izquierda. Sin olvidar, como él me lo ha contado varias veces, con nostalgia, sus pininos en el teatro bajo la dirección del maestro Héctor Azar durante su estancia en México.

Recuerdo la primera de ellas, en el salón de recepciones del ministerio, cuando festejó a los escritores invitados a participar en las Belles Etrangères, hace más de 20 años, donde dedicó a mi escritura algunas palabras de su discurso de bienvenida. Desde entonces, no deja de evocar el recuerdo de Azar en cuanto me ve. El cariño de Lang por México, su admiración por su cultura no puede dejar de sentirse. Desde luego, él consagró casi todo el tiempo de su visita al salón al vasto y original módulo de honor de México.

Así, en un juego de pases de magia, las cosas volvieron al orden: el presente se desvaneció librando su espacio al pasado. No fue un milagro de resurrección: un simple reacomodo del tiempo, que hace la separación definitiva de las horas y los años, al otorgar su duración real a las cosas: el efímero presente es enterrado cuando el pasado se impone con la fuerza de lo que permanece vivo.

La extradición (entrega de un reo refugiado en un país extranjero al país en que ha cometido el delito para que sea juzgado, según el diccionario) de la delincuente en cuestión no elevará un punto la popularidad de Sarkozy en Francia. La expiación de su condena en cárceles mexicanas, en cambio, aumentará el respeto de los franceses por México.