Usted está aquí: martes 27 de enero de 2009 Política Acerca de la relación de México con Obama

Gonzalo Martínez Corbalá

Acerca de la relación de México con Obama

Todos los días inevitablemente tenemos que escuchar y hablar nosotros mismos sobre algún aspecto de la crisis mundial, sea la económica o la general. La que nos queda, en todo caso, más cerca de lo cotidiano sería la crisis política que eminencia la inutilidad y la obsolescencia de los regímenes políticos, pero la que los mexicanos tenemos más cerca es la económica, que para ser contrarrestada el gobierno ha lanzado en diversos órdenes medidas “anticrisis” que abarcan no sólo la totalidad del país horizontalmente, sino también vertical y sectorialmente. Así, estamos tratando de contrarrestar los efectos más o menos profundos de la crisis; por ejemplo, el día de hoy aparecen en los medios las declaraciones del director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, quien refiere el efecto tan fuerte de la crisis en el año 2008 sobre las finanzas de la institución paraestatal, así como las medidas que actualmente se están tomando para ello.

Hay quienes también han hecho declaraciones de carácter económico y están muy autorizados para ello; es el caso de Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, quien en el mismo sentido que Josefh E. Stiglitz le da el triunfo sobre polémicas pasadas a John Maynard Keynes, diciendo el primero que el pensamiento ha iniciado y que está detrás de los planes de Barack Obama para rescatar la economía, mientras el segundo ha dicho que “ahora todos somos keynesianos”, y que incluso “la derecha de Estados Unidos se sumó al bando keynesiano”. Y hoy se sumó con entusiasmo desenfrenado; antes habría sido verdaderamente inimaginable, sobre todo en lo que se refiere a la tesis de Keynes, quien afirma que los mercados no se autocorrigen, sino que en una crisis pronunciada la política monetaria resulta ineficiente, por lo que se necesita una política fiscal.

Ambas declaraciones aparecieron el pasado domingo 11 de enero en el suplemento de negocios de El País. A unos días de tomar posesión de su cargo, John Harwood, de The New York Times, interrogó a Barack Obama. En la entrevista se le planteó que existen muchos paralelismos entre él y John F. Kennedy, quien también hizo historia: “llegó con una familia joven y atractiva como la suya y se reunió con un montón de cerebros de Harvard al comenzar su mandato”. Obama responde escuetamente: “es verdad”; acto seguido se le pregunta si está creando o salvando tres millones de puestos de trabajo, y él afirma que además está preparando el terreno para la independencia energética; entra así, en esta larga entrevista, en lo político. Se le cuestiona también si su gobierno pondrá más énfasis en los mercados, dándoles toda la libertad, como hizo Alan Greenspan, o si va a imponer medidas regulatorias.

Nosotros le preguntaríamos al presidente Obama si no cree que las guerras tan prolongadas y costosas, como las de Irak, hechas con la complicidad de Tony Blair y de José María Aznar, pues aun ante el Consejo Nacional de Naciones Unidas llegó a afirmar que era indispensable atacar a Saddam Husseim, quien ponía en peligro en ese momento al “mundo libre” por la cantidad de armas de destrucción masiva que, según ellos, no dudaría en utilizar. Como es universalmente conocido, nunca encontraron ni rastros de dichas armas.

Pero dos guerras casi simultáneas como las de Irak y Afganistán nos hacen preguntarnos si agregado a todos los gastos militares que se hicieron en estos ocho años iban a dejar indemne la economía del país ciertamente más poderoso de la Tierra, todo ello sumado al apoyo económico y armamentista que proporcionaron a otros países echando leña al fuego, como es el caso de Israel y los palestinos de la franja de Gaza.

No sabemos si los economistas están de acuerdo en que no siempre las guerras han salvado la economía estadunidenses en otros casos, pudieran ser ya una carga demasiado fuerte y pesada que influyó mucho en la crisis del petróleo que se fue incubando con el inicio del siglo, y que tiene ciertamente en nuestra modesta opinión una cercana relación con estos gastos militares, que dejaron de ser hace tiempo un medio para activar la economía estadunidernse y, en cambio, se convirtieron en una pesada carga, como hemos dicho, que nos ha afectado también en nuestra economía al concurrir a resolver, aunque fuera modestamente, la dependencia petrolera de Estados Unidos, como dijo el propio Bush, incluso de países enemigos.

En cualquier caso no podemos dejar de admitir que el presidente Obama tiene la mejor intención, por lo que se ve, y de desearle éxito en muchos de sus propósitos, no solamente en el problema migratorio, sino en muchos otros de orden político que como vecinos nos afectan demasiado, por ejemplo, en relación con el TLC. No podemos tampoco dejar de ver que ha prohibido la tortura y las cárceles secretas de la CIA, además del cierre de Guantánamo (La Jornada, 23/1/09), y que ha nombrado emisarios especiales para resolver los conflictos de Medio Oriente, lo cual centraría el precedente de buscar por la vía diplomática la solución de los conflictos en estas regiones que, si bien están alejadas geográficamente de nosotros, en un mundo cuyas distancias se empequeñecen nos crean también problemas diplomáticos a México.

 
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