Usted está aquí: sábado 17 de enero de 2009 Espectáculos “Llevar Mi vida dentro a zonas rurales fue una experiencia fuerte y necesaria”

■ El documental de Lucía Gajá ya se exhibe en salas comerciales del país con 10 copias

“Llevar Mi vida dentro a zonas rurales fue una experiencia fuerte y necesaria”

Tania Molina Ramírez

Ampliar la imagen La realizadora llevó la historia de Rosa, quien cumple una condena de 99 años en una cárcel de Texas, a zonas con altos índices de migración. La proyección generó conciencia en algunos jóvenes que tenían planeado cruzar a Estados Unidos La realizadora llevó la historia de Rosa, quien cumple una condena de 99 años en una cárcel de Texas, a zonas con altos índices de migración. La proyección generó conciencia en algunos jóvenes que tenían planeado cruzar a Estados Unidos Foto: Fotograma del documental

La mexicana Rosa Estela Olvera Jiménez cumple una condena de 99 años en una cárcel texana, tras un juicio que reveló la vulnerabilidad de los migrantes frente al sistema judicial estadunidense.

El documental Mi vida dentro (2007), en cartelera, cuenta la historia de Rosa, de 26 años, quien fue sentenciada en 2005 en Austin, Texas. Se adentra en un lado poco conocido de la vida de los mexicanos en Estados Unidos: cuando enfrentan un proceso judicial en un país extraño, en un idioma que no es el suyo, con leyes ajenas y en ocasiones en medio de actitudes racistas.

Antes de su estreno comercial, la directora Lucía Gajá quiso dar a conocer el caso de Rosa en los pueblos donde no hay salas de cine y de donde sale mucha gente que ahora vive en Estados Unidos.

Durante medio año visitó numerosas comunidades rurales con alto índice de migración. A partir de junio de 2008, el documental se proyectó en varios estados, entre ellos Oaxaca, San Luis Potosí, Puebla, Veracruz, Chiapas, Yucatán y Durango. Las exhibiciones se realizaron tanto en pueblos como en ciudades (centros culturales o universidades). “Cubrimos varios niveles, desde estudiantes y expertos en migración hasta los que viven estas historias”, contó en entrevista Lucía Gajá.

“Más que los festivales a los que he ido (en Europa, Latinoamérica, Estados Unidos), ésta fue la experiencia más fuerte, de la que más aprendí y que era completamente necesaria”, siguió.

En el público, las mujeres con esposos o hijos del otro lado solían ser mayoría. Hubo casos de hombres que estuvieron encarcelados en Estados Unidos; varios aseguraron haber estado meses sin que les explicaran el motivo. Un puñado de jóvenes se acercó a decirle a la directora que pensarían dos veces si se iban a Estados Unidos.

En una comunidad oaxaqueña proyectaron la película “en un gimnasio súpergrande, con terreno con cancha de futbol y basquetbol, que se construyó con remesas, pero que no se usa porque todos los jóvenes cruzaron la frontera.

“Son regiones abandonadas por el gobierno: no hay programas sociales, no hay hospitales, y todo desemboca en migración.

“Son comunidades que viven de las remesas, las cuales pagan lo que el gobierno tendría que desembolsar. (Los pobladores) ya lo tienen muy asumido y creen que a nadie le importa (su situación). Sentían que Rosa representaba a muchos de los migrantes que están allá.”

La generación perdida

En Oaxaca sintió los pobladores “mucho más abierta para hablar, para mostrar la indignación de lo que viven día a día, preocupados por lo que pasa con los jóvenes”. Gajá habló de “una generación perdida”, que vive con sus abuelos, porque los padres no están; que no va a la escuela, que se mete en el narcomenudeo o se va a Estados Unidos. Pero dijo que también percibieron “el fuerte arraigo a la identidad”, y que los jefes de las comunidades luchan por evitar la migración; pero, “¿cómo?, si del campo no podemos vivir; ¿a qué nos dedicamos?”, les preguntaban.

Por otro lado, la realizadora mencionó que cuando se proyectó Mi vida dentro en una cárcel de mujeres en Ecatepec (de donde Rosa es originaria) las presas se identificaron con ella, pero a la vez estaban muy impresionadas al imaginar lo duro que debía ser estar recluida en un país extraño: “a pesar de estar presas, estaban en mejores condiciones; les parecía espantoso que estuviera en Estados Unidos. ‘¿No la pueden traer a México?’, preguntaban”.

La cineasta anunció que van a sacar, junto con la gira de documentales Ambulante, unos 600 devedés para distribuir en las comunidades. El que está por salir incluirá entrevistas con integrantes del equipo de filmación, el making-of, así como fotografías y videos de la gira.

Ambulante ha jugado un papel fundamental para dar a conocer el documental: además de incluirlo en el festival de 2008 en México, lo ha llevado como parte de una muestra del festival a ciudades como Washington, La Habana y Madrid. Ambulante, mediante Canana Films, es la encargada de la distribución nacional.

Mi vida dentro también ha recorrido con éxito buena cantidad de festivales en distintos países, y ha ganado importantes premios, como en Buenos Aires y París.

Ahora, Lucía Gajá ve la posibilidad de que se hagan proyecciones gratuitas para la comunidad mexicana en Estados Unidos. Además, “hay universidades en Estados Unidos y Europa interesadas en usar su trabajo en clases”.

Respecto del caso de Rosa, su abogada trabaja en una nueva apelación sobre lo que ocurrió durante el proceso judicial.

El nuevo proyecto de Lucía Gajá será sobre la violencia intrafamiliar en varios países.

Mi vida dentro se exhibe en salas comerciales con 10 copias.

 
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