Usted está aquí: sábado 17 de enero de 2009 Disquero Las varias panzas de Pavarotti

Disquero

Las varias panzas de Pavarotti

Pablo Espinosa ([email protected])

Grabaciones en audio y en video conforman distintas antologías que coinciden en los anaqueles de novedades discográficas sin necesidad de pretextos de efemérides.

El que ocupa mayor espacio en los estantes, sin que aparezca la panza de Pavarotti en la totalidad de la portada, es el documento de audio titulado en automático Pavarotti. The Duets, en letras doradas sobre fondo carmesí y en tipografía blanca y en 14 tracks los nombres de 14 cracks de distintas canchas, desde Dios, es decir, Eric Clapton hasta el mismísimo don Jaime Café, es decir, James Brown, con incursiones variopintas, tanto como escuchar, o ver y escuchar, pues el mismo disco existe en versión devedé y como la diferencia de precio es menor, podemos escuchar y ver a personalidades tan intensas como Sting y Bono que a figuras del entertainment bien cotizado como Mariah Carey, Celine Dion, Lionel Richie, Andrea Bocelli y don Frank Sinotra, como era conocido en el barrio Frank Sinatra por su exquisita afición a los divorcios.

Por un precio alto, habrá quienes opten por tener las obras completas de Pavarotti en duetos, porque la firma Decca puso en los anaqueles novedosos una cajota con cuatro devedés, titulada The Pavarotti and Friends Collection. The complete concerts 1992-2000. Si en Europa cuesta 90 euros, échele lápiz a la devaluación y me parece que se quedará, como el Disquero, con la opción del sencillito de portada carmesí.

En este cernido de letras doradas hay un track que vale todo el disco: Panis Angelicus, compendio sublime de belleza en la voz de Sting y la panza de Pavarotti. Cantan y flotan en escena como los mismísimos ángeles. La música de César Franck y el himno de Tomás de Aquino (Panis Angelicus/ fit panis hominum/ dat panis coleicus/ figuris terminum) encuentran en este par de arcángeles el vehículo divino/ terrenal necesario y suficiente para recordarnos la semilla de divinidad que nos anima.

No es el do de pecho ni la cabriola canora en uno u otro. Es la honesta persona del ser humano que se llama Luciano Pavarotti y el alma límpida de Gordon Matthew Thomas Summer (Sting) lo que se manifiesta en esta pieza musical, Panis Angelicus, un diamante en bruto.

Hay un par de duetos en la historia de Pavarotti que se emparentan en belleza, intensidad y fuerza dramática al que hizo con Sting. Uno de ellos evidencia el corto criterio con el que se eligieron los temas para el disco y devedé Pavarotti. The Duets, pues resulta inadmisible la ausencia del dueto con Lucio Dalla y la composición de este maestro italiano titulada Caruso, obra maestra que sí está en Pavarotti Forever, la última antología que se publicó en vida de Don Pava, aunque ya estaba en etapa terminal. Esta colección, de la firma Decca y en dos discos también contiene Panis Angelicus pero con Pavarotti solo, es decir sin el golpe de Sting, lo cual hace perder casi todo el encanto, pues no resulta suficiente con un hermoso texto, una música maravillosa y una buena voz, la de Pavarotti, sino que hace falta la complicidad amorosa, el trabajo creativo en equipo, la capacidad de dar, de darse que muestran de cuerpo entero y panza completa, respectivamente, Sting y Don Pava juntos.

El otro dueto que puede compararse con Panis Angelicus y Caruso no es del todo un dueto, es más bien un menage a trois que se elonga a quatre porque, a ver: Bono, uno; The Edge, dos; Brian Eno (¡!), tres y la panza de Don Pava. Pasu. La obra se titula Miss Sarajevo y es un poema épico, pacifista, amoroso, de concordia y cordura. El genio de Bono, The Edge y Eno se amarida de manera exacta con el de Don Pava. En la versión devedé vemos de nuevo un viejo video: hermosas señoritas de Sarajevo en un concurso de belleza (con todo y lo misógino que pueda tener eso de los concursos de belleza) muestran un cartel al mundo con una leyenda que cobra vida de nuevo hoy que en nombre del dinero, de la industria de la guerra, del negocio del odio, se masacran niños en Palestina: “Don’t let them kill us”, con su carga metafórica. Perversos evidentes aquellos que aniquilan la belleza.

El dueto con Dios, es decir con Eric Clapton también es un manjar, con su do de pechito y su riff que nos hace temblar de placer en la guitarra de Dios, es decir, de EC (¿se acuerdan de la portada del disco donde, luego de que un joven en Londres grafiteó una noche y el mundo supo al día siguiente que EC is God, salió un disco en cuya portada aparece una mujer desnuda y en lo oscuro y por encima de su lindo talle otro grafiti: EC Was Here?) y el que hizo con don Jaime Café, es decir con James Brown y todas esas maravillas que propició en sus conciertos para recaudar fondos para los niños víctimas de la guerra, con preciosidades como Muoio per te (Muero por ti), aniquilante en el dueto que hacen Sting y Zucchero y además que ninguno de esa serie de discos de duetos superó al primero, cuya portada se reproduce abajo a la derecha y en medio las fotos del devedé sencillito y siempre la panza de Pavarotti en el recuerdo y en su presencia canora tan límpida y tan bella y entrañable y activadora de ternura y los amores más profundos en una vida entera. Don Pava, ¡ah qué Don Pava, siempre pero siempre tan chingón!

 
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