Usted está aquí: domingo 21 de diciembre de 2008 Política A la Mitad del Foro

A la Mitad del Foro

León García Soler

■ Ni un paso adelante

Los bárbaros a la puerta y el enemigo en casa. Felipe Calderón rinde partes de guerra y desde el pasado del desequilibrio emocional habla el personero del alto vacío: hay que negociar; las guerras no se ganan combatiendo. Rubén Aguilar, inimitable fe de erratas del verbomotor Vicente Fox. Dicen que él mismo dijo que lo que quiso decir en la entrevista bajacaliforniana, no era lo que quiso decir; que ni lo dijo, dijo. Pero el golpe ya estaba dado.

Para gozo de los amantes de las teorías de la conspiración, los memoriosos trajeron a cuento que el atildado señor Aguilar fue vocero de la guerrilla centroamericana antes de serlo del Macabeo abajeño que propuso volver a hacer la guerra cristera. Y que Manuel Espino es el diablo de pastorela que golpea el yunque para ensordecer a los leales de Felipillo santo y seguir montado en ancas del Babieca, que no es el corcel que montaría Juan Camilo Mouriño de hacerse realidad la exhortación de Germán Martínez a ganar batallas después de muerto. Motín a bordo, fue el grito ante la marinería mexicana.

El enemigo en casa, escribió Robert Kennedy cuando empezaba a padecer los delirios de J. Edgar Hoover al frente de la FBI, la inesperada fuente de las revelaciones de Garganta Profunda que desnudarían a Richard Nixon y lo obligarían a renunciar al cargo que el 20 del entrante enero dejará, por fin, George W. Bush. Tiempo suficiente para hacer todavía mucho daño en el mundo que deja en llamas, en plena recesión económica y entrampado en la guerra interminable contra el inasible terrorismo. Los partes de esta guerra dan grima. Pero ya están en marcha los planes de Barack Obama para poner fin a la ocupación militar de Irak y cerrar la prisión de Guantánamo; así que pasen dos años y aunque el plazo parezca excesivo a quienes tienen prisa pero no alternativa real y posible.

Acá, además de las infidencias y conjuras del enemigo interno, Felipe Calderón sufre el embate mediático de sus aliados del vecino del norte. Difunden el cuadro dantesco de violencia criminal, inseguridad, impunidad y, no pocos de ellos, de incapacidad gubernamental para garantizar seguridad pública y ejercer la soberanía en todo el territorio nacional. El cuadro trazado por la revista Forbes, misma que deslumbra a payos y curros con la lista de los hombres más ricos del mundo, supera las pinturas de Goya sobre los excesos de la guerra. Sume la suspicacia sembrada por el sesgo militar del plan Mérida, así como el tono imperioso de Condoleezza Rice: “¡Conspiración yanqui!”, en los gritos y susurros.

Felipe Calderón responde al enemigo interno ante la flota marinera; fija rumbo al combate sin tregua y jura no desviarse de la vía constitucional. Pero el recuento de muertos de la guerra contra el crimen organizado no permite el alivio de culpar al intervencionismo inveterado del imperio vecino. A los voceros de ayer respondió el Presidente de la República que “haber ignorado o pretendido administrar la delincuencia en lugar de enfrentarla con determinación en el pasado, trajo consecuencias funestas para México”. José Luis Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, informó que de 2001 a la fecha se han registrado 17 mil 198 ejecuciones en el país; 10 mil 500 de ellas, después de 2006, y suman 5 mil 585 las de 2008. Y todavía faltan diez días para la noche vieja.

Hay muertos que no hacen ruido. Los del hambre, los de la desnutrición crónica y endémica, los millones victimados por cinco lustros de crisis económicas recurrentes, nula creación de empleos y crecimiento económico deleznable, disfrazado de disciplina fiscal, altas reservas de divisas y millonarias remesas de los migrantes. Fidelidad absoluta a la ortodoxia del libre mercado y los dictados del consenso de Washington. Vino la recesión y se acabó el cuento. Gerardo Ruiz Mateos, el ingeniero designado secretario de Economía, reconoce que “el catarro se volvió pulmonía”. Pero se aferran a los paños calientes recetados por Agustín Carstens: no habrá pérdida masiva de empleos como en 1995, dice.

Hay recesión global y cientos de miles de empleos perdidos cada mes en los Estados Unidos de América y en la Unión Europea. Según la Cepal, la economía mexicana crecería 0.5% el año entrante. Según los economistas de Paribas en Nueva York, la cifra será de -1%: habrá decrecimiento, nuestra economía será uno por ciento menor de lo que es hoy. Y está para llorar. Con chamarra blanca de la operación “amigo”, Fernando Gómez Mont recibe cordialmente a migrantes repatriados, quienes declaran que allá no hay empleo y presionan más las autoridades migratorias; no creen que puedan regresar en el corto plazo. Vuelven a incorporarse a los millones sin empleo y en espera de que pongan en marcha los programas “anticíclicos” del golpe de timón.

Cerca la bala... Pero el nuestro no es un Estado fallido. El PAN de Germán Martínez pierde todas las elecciones . Los efectos de la recesión van a sumarse al descontento generalizado por la ineficacia de funcionarios petulantes, aprendices de expoliadores, cómplices en la prevaricación a cambio de bendiciones y apoyos terrenales de la clerigalla. En Jalisco, Emilio González Márquez mete al cepo de la Iglesia lo que impunemente saca de la caja del gobierno laico.

Pero ni yendo a bailar a Chalma se puede evitar que los ciudadanos voten con el estómago. Es la hora de enfrentar la parálisis con una firme propuesta de futuro; programas y soluciones viables al dilema del mercado libre de regulaciones que estalló y nuestra obsesión de dar vueltas a la noria. Es la hora de liderazgos que suplan a las fracasadas clases dirigentes que nada dirigían, que marchaban sin rumbo; es la hora de conducir, de dar un paso adelante.

Es hora de la audacia; de lo real y lo posible; del imperio de la voluntad expresa de la mayoría. Es hora de las izquierdas, si así lo quisiera la pluralidad democrática, tan dispuesta a sacrificar identidad e ideología en aras de un poder político compartido en la impotencia, sujetas al poder real del dinero, las armas y la Iglesia.

Pero nadie responde. La izquierda cedió su primogenitura a cambio de un plato de lentejas en el banquete de la derecha extrema que sacó al PRI de los Pinos. Sacrificó al cardenismo del 88 para entregarse al movimiento de Andrés Manuel López Obrador, al mando incontestado del “presidente legítimo”, con dos millones y medio de leales inamovibles, reacios a transformarse en militantes de un partido organizado con registro de instituciones a las que declaran fraudulentas y espurias.

Dice Pablo Gómez: “El PRD se encuentra en peligro de dejar de ser una opción política para convertirse en parte de un sistema de negociaciones oscuras y circunstanciales (...) Quien se encarga de hacer propuestas y convocar a la gente es Andrés Manuel.” Pero, añade, “sus extraviadas alianzas internas insostenibles y sus insanas relaciones externas han aumentado el peligro (...) el error principal de Andrés Manuel es considerar traidor a todo aquel que discrepa de su política...”

La derecha va a perder las elecciones de medio sexenio. Ni un paso adelante, proclama la izquierda del voto útil que llevó a Los Pinos al extraviado emocional. 2009 marcará la hora del PRI, la recuperación del nacionalismo revolucionario, el tránsito hacia una social democracia por convicción y no por afiliación.

Doce años de transición en presente continuo: “Cuando el dinosaurio despertó, todavía estaba ahí”.

 
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