Usted está aquí: miércoles 26 de noviembre de 2008 Economía México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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■ Escalofriante panorama económico para México, prevé la OCDE

■ Menos verbo y más acción

■ ¿Está BCS en peligro?

De nueva cuenta la OCDE logró amargar el desayuno al siempre feliz gobierno calderonista, pero no el de la mayoría de mexicanos, porque de siempre han sido mucho más conscientes y realistas sobre el espeluznante tamaño y alcance de lo que algunos simpáticos funcionarios tuvieron a bien diagnosticar como un “catarrito” y/o “gripa”.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos divulgó ayer su más reciente estimación sobre el comportamiento económico 2009 en sus naciones integrantes, y la perspectiva mexicana es atroz: si bien va, el tres veces H “navío de gran calado” (marinero Calderón dixit) reportaría un “crecimiento” máximo de 0.36 por ciento al cierre del primer año de la gran crisis (2008 ha sido de “calentamiento”), el peor de los últimos ocho años (en 2001, con Fox en Los Pinos, fue de 0.3 por ciento).

El único “consuelo” para el fenomenal “navío de gran calado” es que su principal socio, Estados Unidos, se las verá más negras, al reportar, de acuerdo con la estimación de la OCDE, una caída de 0.91 por ciento en 2009, algo que por lo demás fortalece la idea de que en los hechos el 0.36 por ciento mexicano podría ser más drástico. Sin embargo, al raquítico “crecimiento” pronosticado –verdaderamente escalofriante– se le suma la estimación del avance inflacionario.

Sin duda, el terremoto económico-financiero afecta a todo el planeta (los responsables se siguen dorando la piel en la mejores playas del orbe, a costillas de los dineros públicos utilizados para su “rescate”), pero a países latinoamericanos con cierto grado de similitud con México parece que no les irá del todo mal. Por ejemplo, para el 2009 brasileño la citada Organización pronostica un crecimiento de 3 por ciento del producto interno bruto, y para el chileno de 2.6 por ciento, pronósticos que a estas alturas y en estas condiciones resultan por demás atractivos, amén de ser entre siete y ocho tantos por arriba de lo que registraría nuestro país.

La mayoría de las economías de los países integrantes de la Comunidad Europea se van al hoyo, con registro negativo; lo mismo para el caso británico y japonés. En sentido contrario, aparecen las rozagantes China e India, con crecimientos de 8 y 7.3 por ciento, respectivamente, proporciones que si bien son ligeramente menores a lo esperado, denotan su fortaleza y pujanza. Para dar una idea de qué se trata, vale mencionar que la economía mexicana desde 1981 (28 años atrás) no observa un crecimiento de tal magnitud.

De confirmarse el pronóstico de la OCDE, el gobierno calderonista (el de “para vivir mejor” con un “presidente del empleo”) reportaría una de las menores tasas de “crecimiento” para la primera mitad del mandato constitucional (léase los primeros tres años): 1.78 por ciento anual promedio, aunque podría presumir un mayor “logro” que el obtenido por su correligionario en ese mismo plazo, pero del mandato anterior (Fox y la señora Marta) en Los Pinos: 0.63 por ciento promedio.

Cómo estará el asunto, que hasta en el primer trienio de Ernesto Zedillo (que nunca tuvo cash y que reportó, en 1995, el peor desplome del PIB en 63 años) la tasa anual promedio fue mejor que la obtenida por el segundo panista becado en Los Pinos; 1.9 contra 1.78 por ciento, respectivamente.

La OCDE también pronostica que en 2010 “mejorará” la economía mexicana. En ese año, siempre que la crisis sea de corto plazo, el PIB “avanzaría” 1.9 por ciento, con lo que sin duda alguna mejoraría la tasa anual promedio del calderonismo: de 1.78 pasaría a 1.8 por ciento en el cuatrienio (1.5 por ciento para el caso de Fox).

Por estos días se escuchan voces de desinteresados políticos (salvadores de la patria en tiempos de vacas flacas que no persiguen la Presidencia de la República en 2012 ni pretenden fortalecer su imagen con recomendaciones “contundentes”, como Manlio Fabio Beltrones) que “urgen” a la firma, “lo más rápido posible”, de un gran acuerdo nacional en el que participen “todos los sectores” (gobierno, Legislativo y los poderes fácticos), por medio del cual se impulsaría el crecimiento y “el bienestar de los mexicanos”, como si su deterioro fuera algo novedoso.

Desde luego que la propuesta no tiene nada de oportunismo político, como tampoco la tuvieron las decenas, tal vez centenas, de similares cuan fallidos planteamientos hechos a lo largo de los últimos 30 años por los mismos personajes y/o partidos políticos, junto con los “factores de la producción”, como antes les llamaban a los poderes fácticos.

El problema no son los “llamados”, “convocatorias” o conexos. El problema real, lacerante, es que el país acumula casi tres décadas sin crecimiento y carente de desarrollo, y no será por medio de “urgentes convocatorias” como se resolverá. Menos verbo, más acción, que la cosa está color de hormiga.

Las rebanadas del pastel

De Elías Cárdenas Márquez, diputado federal por Convergencia, sobre la violación constitucional, la inversión extranjera, el robo territorial y el atraco inmobiliario en Baja California Sur: “efectivamente desde hace años las playas y los terrenos de esa parte del territorio nacional son motivo de la ambición y codicia de los capitales extranjeros, principalmente estadunidenses, en colusión con intereses económicos domésticos. Todo lo anterior en abierta violación al numeral I, párrafo 1, del artículo 27 constitucional… Sin embargo, tal disposición es violada por diversos medios, fundamentalmente a través de fideicomisos, con la complacencia de autoridades federales y estatales. El 6 de junio de 2007 presenté una iniciativa de reforma (estrategias para proteger el dominio de los nacionales sobre tierras y aguas) con el fin de evitar la ilícita especulación que se realiza en aquella parte peninsular. Una semana después, los senadores del PAN presentaron otra en sentido contrario para otorgar inversión extranjera, tan apreciada y requerida por el señor Felipe Calderón… Al parecer no hemos aprendido las lecciones de nuestra historia. La península de Baja California se encuentra en peligro de pasar a manos extranjeras como un día pasó en Texas, primero como república independiente y posteriormente como una estrella más acompañando las barras de la bandera estadunidense… Un simple detalle ilustra el riesgo que corremos en Baja California: en varios hoteles del centro histórico de los Cabos existen cartelones visibles para los turistas de Estados Unidos apercibiéndolos de que no envíen sus tarjetas postales y cartas con estampillas estadunidenses. La administración de esos hoteles hace la advertencia de que podrán adquirir estampillas mexicanas para el franqueo de sus piezas en la propia administración. Este hecho habla por sí mismo: debemos evitar la estadunidización de la península y aprendamos la lección que nos dejó la pérdida del territorio texano”.

 
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