Usted está aquí: viernes 21 de noviembre de 2008 Política Sexo y felicidad

Gabriela Rodríguez
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Sexo y felicidad

Hace unos días me enteré por amigas del extranjero que la alcaldía de la ciudad de México otorgará gratuitamente pastillas de Viagra a los “adultos mayores”, tal como hoy se traduce de manera políticamente correcta el término elderly men. Por lo que me doy cuenta, la noticia tuvo mayor impacto en la prensa internacional.

La semana pasada el doctor Armando Ahued, secretario de Salud del Distrito Federal, informó que a partir del primero de diciembre aproximadamente 112 mil hombres mayores de 70 años que radican en la ciudad tendrán acceso a una dotación de una o dos píldoras de Viagra, Levitra o Cialis. Para recibirlas, deberán acudir a alguno de los tres centros de atención de salud sexual para el adulto mayor que serán instalados, donde también recibirán asistencia integral. Explicó que los beneficiarios deberán someterse primero a un examen médico y, en caso de requerir el tratamiento, se les otorgará un máximo de cuatro “pastillas azules” (se refiere al Viagra) contra la disfunción eréctil, después de afirmar que 70 por ciento de los hombres mayores de 70 años padecen disfunción eréctil.

Se trata de la misma gente que recibe en esta capital una ayuda económica mensual de poco más de 700 pesos desde los tiempo de AMLO. “No nos limitamos a apoyos económicos y al otorgamiento de servicios, también empleamos innovadoras acciones en pro de la vida plena” de los ancianos, afirmó el doctor Ahued Ortega. El programa incluye atención a problemas hormonales, andropausia y menopausia, cáncer cérvico uterino y mamario, cáncer de próstata, prevención de ITS, hipertensión, osteoporosis, diabetes, cataratas, obesidad, sobrepeso y disfunción eréctil.

El lugar para dar a conocer la noticia no pudo ser más oportuno; la sede del evento fue la Plaza de la Ciudadela, en el centro de la capital, foro emblemático donde cientos de hombres y mujeres maduros y mayores se dan cita cada fin de semana para bailar danzón. Precisamente el baile, esa actividad que levanta las endorfinas, es una metáfora del cortejo que se asocia a la experiencia de la felicidad, tanto como el sexo.

Las palabras del jefe capitalino Marcelo Ebrard fueron en esa tónica: “la vida sexual es muy importante (porque) tiene mucho que ver con nuestra calidad de vida, con nuestra felicidad… Todos tenemos derecho a ser felices, y por eso el gobierno también se ocupa de eso”. Pocos políticos tienen claridad sobre la importancia de la política sexual y sobre su relación con la felicidad y con el ejercicio de las libertades.

Quienes nos dedicamos al estudio de la sexualidad y al ejercicio de los derechos sexuales asumimos que el tema es una dimensión sustancial del ser humano y que además puede ser crucial para la autonomía de las y los ciudadanos, toda vez que está conformada por un conjunto de reglas y definiciones sobre el cuerpo, así como de luchas entre quienes tienen el poder para definir y reglamentar contra quienes se resisten.

Acaba de llegar a mis manos un estudio que busca comprender la relación entre salario, actividad sexual y felicidad (2004, David G. Blanchflower y Andrew J. Oswald: Money, Sex and Happiness: An Empirical Study, documento de trabajo No. 10499, Oficina Nacional de Investigación Económica, de Estados Unidos). Es una encuesta realizada con una muestra de 16 mil estadunidenses en la que se definió felicidad como “el grado en que un individuo juzga su calidad de vida como favorable” en una escala de tres valores: muy feliz, medianamente feliz y no muy feliz: 32 por ciento de los encuestados describe su vida como muy feliz, 56 medianamente feliz y 12 en la última categoría. Los hombres reportan más frecuencia de actividad sexual que las mujeres, así como las y los jóvenes; los varones tienen más parejas sexuales y el sexo les brinda mayor felicidad que a las mujeres. Las mujeres con alta escolaridad tienen menos parejas sexuales y mayor grado de felicidad, aunque la mitad de las mayores de 40 años no tienen actividad sexual, situación reportada por una quinta parte de los hombres.

Al hacer las correlaciones con la sexualidad, el hallazgo central es que la gente que tiene relaciones sexuales reportó mayores grados de felicidad que quienes no experimentan esa actividad, sin encontrar diferencias significativas por sexo, ni entre heterosexuales y homosexuales, y ninguna relación con el ingreso económico.

Es muy posible que las políticas sexuales de la ciudad de México contribuyan a la felicidad de los capitalinos, y esperamos que muy pronto los servicios para adultos mayores incluyan apoyos para un ejercicio sexual más pleno entre las mujeres de mayor edad. Porque sin duda estos programas, dirigidos a quienes no tienen seguridad social, son cruciales para aminorar las profundas desigualdades sociales que persisten en este territorio donde la izquierda llegó para quedarse.

 
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