Usted está aquí: lunes 3 de noviembre de 2008 Opinión El aroma torero de Capetillo

TOROS

José Cueli

El aroma torero de Capetillo

Un silencio denso, hondo, salía del redondel en el torear a la verónica de Guillermo Capetillo y se iba por el espacio. Detalles de arte quintaesenciado, pero sin ligazón, sin enlace. Las verónicas por el lado izquierdo a su segundo enemigo fueron torería chipen que se deslucían por el lado derecho. Eso sí, el remate con la media verónica señorial con aroma a torero caro, encendieron la tarde por la hondura de un quehacer torero que vigorizó la tarde que se volvía noche.

En el mismo tenor con la muleta, Guillermo ejecutó un par de trincherazos que dejaron quieto al bravo, más áspero toro de San Marcos. Así como algunas tandas de redondos que se perdían por la falta de ligazón del veterano torero. De cualquier forma sus trincherazos fueron bouquet atabacado que acariciaba al burel en una melodía torera. Una melodía mexicana que dejaba huella. Detalles de alta torería que de cualquier forma han sidolo más sobresaliente de la temporada para quien esto escribe.

Un torero que pudo ser de época con un toreo luminoso, calmado, relajado, que no quiso o no pudo serlo. Toreo no ventajista de capote y muleta chicos, que, remate los pases debajo de la cadera y que ayer coloreó el coso con esa media verónica de lujo y la llenó de poesía torera.

Todo esto, en tarde en que los toros asaltillados de San Marcos, difíciles, ásperos, de corto recorrido y rodando por el redondel, fueron mucho toro para un nervioso y cantarín Fernando Ochoa y el novel Juan Chávez que confirmaba su alternativa y le regalaron la consabida orejita. El negrito en el arroz de los toros sanmarquenos fue el último de la corrida, un novillín, que fue protestado y el juez de plaza ni se inmutó.

 
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